lunes, 20 de junio de 2011

EL CHERIF UAZANI EN MELILLA (1886)


El 9 de junio de 1886 fue un  día  especial para Melilla. La habitual monotonía de un día cualquiera se vio alterada ante la llegada, por el camino de la Mar Chica, de un nutrido grupo de personas sobre  caballos y mulos, dentro del cual, como más tarde pudieron comprobar los  atónitos  melillenses, venía una  envarada dama   de mediana edad, única mujer entre  el  abigarrado conjunto de magrebíes que, tras detenerse al pie de las murallas de la plaza, montó rápidamente el campamento donde pasarían las cuatro noches siguientes.
           
Pronto se supo que el esposo de la dama, y protagonista principal de tan inesperado  espectáculo, era el  Cherif Uazani, el venerado jefe espiritual de un amplio sector de habitantes     de Marruecos y Argelia, un hombre importante en el imperio magrebí a quien el Sultán jamás perdía de vista, pues  de su actitud  podían derivarse consecuencias para el trono cherifiano. Sidi  Abdeselam ben el Hach el Arbi pasaba por Melilla, procedente de Argelia, donde oficialmente había tomado los baños de la estación de Tafna, en las cercanías de la frontera argelomarroquí, pero donde se creía que más bien había tenido alguna intervención mediadora entre las kabilas  de aquella zona, siempre a favor de los intereses de Francia, a quien servía  lealmente desde pocos años antes. Para Sidi Abdeselam, Melilla era punto intermedio en su viaje por tierra  hasta  su  lugar de residencia, Tánger, a donde pretendía llegar  pasando por entre las levantiscas kabilas rifeñas, no se sabe bien si  con el fin, también, de acercarlas a los intereses franceses.

Al poco de llegar, el Cherif uazani  fue cumplimentado en su propio campamento por el  afable y acogedor  Gobernador de la plaza, el general Macías, a quien acompañaba todo su  Estado Mayor. El General deseó al Cherif una feliz y agradable estancia en la  ciudad, y  Sidi Abdeselam agradeció cortésmente al Gobernador  su  expresiva acogida. Cuatro días permanecieron  el Cherif y su comitiva en Melilla, donde presenciaron  unas maniobras del batallón del Regimiento de Navarra que entonces estaba de guarnición en la plaza, seguidas de una revista general, actos que  llamaron poderosamente la atención de Mistress Keene, la única mujer del grupo,  quien, como ella mismo escribió algún tiempo más tarde, quedó admirada del aspecto marcial de las tropas así como de su excelente equipo y, sobre todo, de la "precisión  de sus ejercicios".

Melilla (1886)

Con la comitiva magrebí venía también un  misterioso europeo, un personaje  vestido a la argelina, quien  decía desempeñar el  arriesgado cometido de médico del Cherif  y  de velar por la salud de un  santo  venerado por millones de personas en todo el Norte  de África desde  Egipto a Marruecos. Con este cargo  responsable  camuflaba su  verdadera personalidad el geógrafo francés Henri Duveyrier, un ilustre miembro de la Sociedad Geográfica francesa que entonces gozaba de merecida fama por  sus  aventurados  viajes al sur argelino, donde incluso se bautizó con su nombre alguno de los poblados descubiertos por él en el último tercio del siglo. Duveyrier pretendía   pasar desapercibido entre  el séquito de Sidi Abdselam y, de esta forma, poder  ser el primer  europeo  en atravesar el misterioso e inquietante Rif. El Colón del Rif, le llamaría Moulieras. Lamentablemente para él, el General Macías impidió tan   peligrosa intención no permitiéndole pasar de Melilla, lo que produjo una gran irritación al insigne geógrafo, quien creía que las autoridades españolas se pasaban de suspicaces con respecto a su persona, al creerle un enemigo terrible por su condición de francés. Según  mistress Keene,  la razón exacta  estribaba en el hecho de que las tribus  rifeñas habían avisado a Melilla de que no permitirían el paso de un cristiano por sus tierras. El General Macías no quiso arriesgarse a un posible conflicto con las autoridades francesas  que pudieran derivarse de un capricho del francés.
           
Sería interesante comprobar documentalmente si  Macías actuó por su propia  iniciativa o  avisado por el Gobierno, conocedor del viaje del Cherif y su  atrevido "médico"  galo.

 General Macías, gobernador de Melilla

No hubiese sido buena cosa el haber dejado pasar a un provocador como Duveyrier quien, como aseguraba  Moulieras poco más tarde (Le Maroc Inconnu...1895), fumaba y comía delante de los naturales del país en pleno ramadán, y hablaba muy mal el árabe. Aunque Duveyrier no pudo seguir al cherif, su corta aventura le  ganó la inmerecida fama de intrépido explorador del Rif.


Sidi Abdselam ben el Hach el Arbi

¿Quién era este Cherif  Uazani a quien  el desagradecido Duveyrier calificaba años más tarde de  inepto, versátil e ingrato?

Las referencias biográficas son bastante menos abundantes que las referencias políticas derivadas de su papel en Marruecos.

Era hijo del célebre Hach el Arbi, sexto cherif idrisita  dentro de la línea familiar iniciada en la ciudad santa de Uazan por Muley Abdallah Cherif  a finales del siglo XVI. Como cabeza de la misma siguieron a Muley Abdallah, Muley Mohammed, Muley Taieb (fundador de la cofradía Taibía, a cuyo frente seguirían sus  descendientes), Muley Ahmed, Muley Ali y Hach el Arbi.

Hach el Arbi, de quien  Teodoro de Cuevas (La ciudad de Uazan.1888)  decía que en más de una ocasión había hecho temblar hasta su base  el trono del Sultán  Muley Soliman, haciendo que a su voz se rebelasen  las kabilas, fue cabeza de la cofradía Taibía o Tuhamia desde el fallecimiento de su padre, Muley Ali, en 1811.Llamaba la atención por  su  gran corpulencia y su afición a viajar. Según  Segonzac (Voyages...1903) había recorrido todo el norte africano desde Tombuctú hasta el mar Rojo en una mahafa  llevada por cuatro mulos que arrastraban detrás dos cañones. Una extraña forma de viajar. Mas o menos es lo que contaba Murga de  El Arbi (Recuerdos...1868), añadiendo que,  dado que la multitud no podía tocar sus vestiduras, el santo  sostenía  en sus manos una larga cuerda  por la que, al cogerla, le llegaba  al devoto la baraka del cherif. Gran taumaturgo, capaz de realizar los milagros más increíbles, ninguno de sus fieles  dudaba lo más mínimo de sus  extraordinarias cualidades.

Cuenta Durham (Our mission...1881), que Sidi el Hach el Arbi, en una época en que la sequía hacía estragos en la zona, hizo salir agua de una piedra formando un río que alivió  considerablemente la penuria de los atribulados campesinos .No es de extrañar que le tuvieran tanta devoción.

Estando en el lecho de muerte, se le preguntó, según la costumbre, que a quien nombraba sucesor, a lo que respondió: "A aquel de mis hijos que a mi muerte, que ya está cerca, se encuentre en la posesión de mi bastón". Oído esto por la astuta madre de Abdselam, escondió el bastón entre las cosas de su hijo, en donde se encontró a la mañana siguiente del fallecimiento del santo.

No se sabe con certeza el año de nacimiento de Sidi Abdselam. Por referencias indirectas podemos colegir debió ser hacia  1830. Según  Gatell, en 1862 tenía 30 años, pero Murga unos años después también asegura que debía tener unos treinta años. Al decir de Aubin  (Marruecos... 1908) ,el Hach el Arbi falleció en 1851, siendo, como hemos dicho, sucedido por  Abdselam, quien en un principio tuvo el apoyo incondicional de sus seguidores,  persuadidos de que el hijo mantendría  el mismo aura de santidad que el padre. Sus partidarios no supieron o no quisieron ver lo evidente: que el hijo no se parecía en lo más mínimo a su padre. Decía Godard (Le Maroc. Notes...1859) que el cherif  era "menos fanático que los que le veneran, ya que ha visto Marsella y hecho el viaje de Alejandría en uno de nuestros navíos...”

Participó  el Cherif en la expedición que el Sultán Sidi Mohammed organizó contra el  primer Rogui habido en Marruecos y que daría el nombre a los demás, el disidente Yilali, lo mismo que años antes había participado  en la  Campaña de Tetuán mandando las tropas marroquíes antes de que Muley El Abbas se hiciera cargo del mando supremo de las mismas. No le fueron nada bien las cosas al Cherif en la última campaña, como es bien conocido, pero tampoco se podía esperar que un joven de  veintitantos años fuera un buen táctico ni mejor estratega. En aquella época se contaba en Marruecos que en uno de los combates contra los españoles había animado con tanto  énfasis a los suyos que estos habían cargado con fiereza sin igual contra aquellos, produciendo gran admiración entre sus propios enemigos. A pesar de ello, perdieron aquel bravo combate.

 Sidi Abdeselam ben el Hach el Arbi (1893)

Gatell (Revueltas...1862) le  dibuja como un hombre  de treinta años, algo moreno, con breve bigote negro,  poca barba, figura simpática, rostro agradable y bastante obeso a fuerza de estar siempre sentado y de alimentarse a cada instante. La  misma figura que tendría hasta su muerte. Le llama el Papa de Marruecos y le define como un pequeño monarca, con tanta autoridad como el propio Sultán. Es evidente que se trata de sus primeros años de figura pública. Su   feudo de Uazan era  refugio inviolable para perseguidos por el Majzen, que no eran escasos. Ya entonces tenía una  fuerte inclinación hacia los gustos europeos, y una especial dedicación  a la colección de armas de fuego. Como gusto especialmente chocante en Marruecos  diremos que, según Gatell, tenía con él un piano y un pianista. Una mentalidad más europea que marroquí.

En esa época aun era objeto de una veneración indescriptible. Asaltado por multitud de gente a su paso, gente que  besaba el suelo ante él, sin olvidar nunca, condición importante, una ofrenda en especie, o en dinero, que  Sidi Abdeselam recibía  con gran satisfacción,  y gracias  al cual pasaba por ser  uno de los hombres más ricos de Marruecos, si no el que más. Su influencia no tenía límites, y su capacidad de  taumaturgo era infinita igualmente. Por ello decía Murga)que curaba a los enfermos con el tacto,  devolvía la vista a los ciegos, el oído a los sordos, el habla a los mudos, enderezaba a los tullidos, que entonces eran legión. Tenía el raro don de la bilocación; es decir, podía estar en dos lugares distintos al mismo tiempo, pues, según el Moro Vizcaino, en el 54 le vieron el mismo día y a la misma hora en La Meca, en Tánger y en Uazan.

Hasta  su asentamiento definitivo en Tánger, hacia 1870, finalizado el reinado de Sidi Mohammed, vivía a caballo entre esta ciudad y  Uazan, pero sus ausencias de la segunda se fueron haciendo cada día más  largas hasta  hacerse rara la visita a su ciudad natal, donde siempre tenía algún familiar, cherif idrisita, que cumplía los deberes de anfitrión en su nombre. Para  él, el Tánger de los cristianos, Tánger la Perra como la llamaban los  devotos musulmanes, tenía un infinito atractivo mayor que  el Uazan  de sus ancestros, de quien  no hablaban nada bien los  viajeros europeos que por entonces se atrevían a cruzar  los inseguros caminos del Imperio, considerándola población sucia  y decadente.


Mrs. Emily  Keene

Si hubo un golpe moral tremendo para sus incondicionales devotos, ese fue su matrimonio con la inglesa  mistress Emily Keene. La noticia de la boda corrió desde Tánger por todo Marruecos produciendo un estremecimiento en el alma  hasta entonces enfervorizada de  sus  fieles  correligionarios. Nada cuesta  imaginar  la conmoción que  tal hecho  debió producir, no ya en  sus  más afanosos seguidores, sino en todo buen  musulmán  que se preciara de serlo.

Sidi Abdeselam tenía, con anterioridad,  cuatro mujeres marroquíes, siendo por lo menos una de ellas de origen bereber. Tenía  tres hijos de estos matrimonios anteriores.  En una época anterior se le conoció incluso alguna  veleidad con respecto a una bailarina española que actuaba en un teatro de Tánger, pero que no pasó de escarceos sin importancia. El asunto de mrs. Keene era un asunto serio, agravado por el hecho de que  antes de su boda con la inglesa había abandonado a sus mujeres musulmanas.
           
¿Quién era  la señorita Keene? Las noticias  que nos han llegado no son coincidentes. Para unos, se trataba simplemente de una especie de criada al servicio de la familia Perdicaris en Tánger, versión rápidamente aceptada por los enemigos del Cherif. Para otros era una sencilla señorita de compañía de la joven Perdicaris. Para los más proclives a Sidi Abdselam, era una señorita de buena familia  que  vivía sencillamente con los americanos. Poco o nada se sabía, en realidad, de ella.  Los  datos más  elogiosos los proporciona  mademoiselle Zeys (Une française...1908). Según Zeys, Mrs. Keene descendía, por vía materna, del arzobispo Wharram, que ocupó la sede episcopal de Canterbury en el siglo XVI. Su padre fue gobernador de la prisión de Horsemonger Lane.
           
El Cherif conoció a la  señorita  Keene en uno de sus frecuentes paseos por la ciudad, encaprichándose de ella. Después de hacerse el encontradizo en numerosas ocasiones con  la joven inglesa, se formalizaron las relaciones en una velada organizada en casa de los Perdicaris a la que fue invitado Sidi Abdselam.

 Tánger, escena callejera (1895)

El matrimonio se celebró el 17 de marzo de 1873 en la legación de  Inglaterra,  siendo el oficiante el todopoderoso y célebre  ministro plenipotenciario de Inglaterra Sir John Drummond-Hay, hombre astuto  y muy al cabo de los asuntos del Imperio, de quien no sabemos si debemos sospechar algo en cuanto al matrimonio de su  paisana Mrs. Keene con el  Cherif. Para Sir John, la razón de estado hubiese justificado una boda como aquella, siempre que hubiese sido posible llevar a Sidi Abdselam hacia los intereses de Inglaterra.

La ceremonia ha sido relatada  en apéndice en una obra de  Arthur Leared (Morocco...1876), en el que describe los  siete días que duraron los festejos en Tánger, festejos en los que ni siquiera faltó un día dedicado a los mendigos de la ciudad y alrededores, dando una  muestra de la generosidad del Cherif. El tedesco Conring no veía el asunto de la boda de forma tan sencilla (Marruecos...1881),pues entendía la cuestión como un magnífico negocio de la señora Keene, a quien  Sidi Abdselam se obligaba a pagar  100.000 francos, y, lo que era cierto, se obligaba también a aceptar que conservara su religión y su  vestimenta habitual. Con todo ello transigió el Uazani, lo que le hacia aún  más sospechoso a los ojos de  sus hermanos de religión.

Sin embargo la boda no acabó con la devoción de sus fieles hacia  Sidi Abdselam. Si el Cherif  ha  casado con una cristiana es porque lleva el camino debido.

Cuando Leared viajaba por Marruecos, tres años más tarde, Sidi Abdselam había recuperado, si no toda, parte de su fama anterior, y seguía siendo considerado, junto con el Sultán, como el hombre más poderoso del Imperio. Debía conservar un buen aspecto, pues a Leared le pareció que tenía unos 35 años, cuando debía tener no menos de  45; eso sí, demasiado gordo  para ser un hombre activo. Decía  el irónico inglés que la  cofradía que presidía  (recordemos: la Tuhamia o Taibia), rivalizaba en astucia y ambición con los jesuitas, y según este viajero su influencia  llegaba entonces hasta Bombay.

 Tánger desde la playa (fines del siglo XIX)

En esta época vivía en  Tánger en una casa situada en las cercanías del viejo Hotel Continental, aún hoy en activo, casa acondicionada a la europea, donde Leared vio, como sorprendente innovación en Marruecos, unas cuantas sillas. Aquellas  veleidades del  Cherif, según Leared, debían producir no poco rencor entre sus paisanos de la ciudad. Este mismo autor insistía en que Sidi Abdselam se ajustaba en lo que podía a las costumbres   europeas. Con prejuicio muy occidental, el inglés escribe: "no come a la usanza moruna y es muy fino en la mesa". Para colmo de actitudes perversas era voraz lector de periódicos ingleses, una rareza  en un  país donde no había ni un solo diario, excepto, claro está, el único que entonces se publicaba en  Tánger por la colonia  extranjera. Atendían a las necesidades del ilustre  Uazani nada menos que diecisiete criadas, algunas de las cuales eran esclavas que "obedecían sus más insignificantes deseos". Lo mejor de tan nutrido servicio era que, si bien era vestido y mantenido por  Sidi Abdselam, no percibían ni una sola peseta, pues servir al cherif era un honor, y con estar a su servicio se estaba suficientemente retribuido. Los niños nacidos entre sus domésticos pasaban a  formar parte del grupo auxiliar en cuanto llegaban a la edad conveniente.


Al servicio de Francia

Según  Antonio Ramos (Perlas negras...1903), por aquellos años Sidi Abdselam quiso hacerse súbdito español. Dice el  africanista ceutí que en el año 1877 se presentó en Ceuta con ocasión de una visita efectuada por Alfonso XII a la ciudad, pero el Rey  no le hizo el  más mínimo caso, lo que  ocasionó que el Uazani montara en cólera y se pasara al campo francés. Hubiese sido extraño que  el Cherif pidiera hacerse súbdito español; mas bien habría que pensar que su solicitud fuera la de ser protegido español. Esto es lo que  afirma León Fernández (Nuestros soldados...1907) al decir que en 1879 pidió  el Cherif de Uazan la protección de España, siendo rechazado. Aunque la fecha no coincide, debe tratarse sin duda del mismo caso. Taviel de Andrade aseguraba que el Cherif solicitó a España ayuda en su conspiración contra el Sultán y esta se la negó.

Conring, que visitó Marruecos en 1879,  no daba al Uazani  el mismo predicamento. Se refería a él como "uno de aquellos parásitos que viven del sudor del pobre pueblo". Según el alemán había bajado muchos puntos en la estimación de su gente. Pero poco tiempo más tarde  recorría Bonelli aquellos parajes y no llegaba a la misma conclusión. Según el joven teniente (Observaciones...1882) ,  el Cherif " a pesar de su conducta poco ejemplar, disfruta todavía de gran prestigio y consideración, teniendo siempre a sus órdenes a la mayoría de los creyentes que le obedecerán como si sus decisiones fueran infalibles". Seguía curando enfermos y recibiendo importantes regalos por ello.

Por los años en que Conring y Bonelli viajaban por Marruecos, el Cherif  solía  dedicarse a sus aficiones cinegéticas en las cercanías de Tánger. En una de ellas se lo encontró el capitán Durham en un viaje que hacía a Fez con Sir John;  por cierto que Durham lo llama "el Papa de Roma en Marruecos". Según parece, fue algún encontronazo con Drummond -Hay en una cacería lo que distanció definitivamente a ambos personajes, en una época en la que, según  Cervera pretendía hacerse súbdito inglés.

 Sir John Drummond-Hay, ministro inglés en Tánger

Rechazado por España y  en malas relaciones con Inglaterra, nada de extraño tuvo que Sidi Abdselam cayera en las redes del  audaz diplomático francés  Ladislao Ordega. Por  aquellos años ya no disimulaba Francia su enorme interés en los asuntos del Magreb el Aksá. El hecho de tener frontera común con  Argelia, en manos de los franceses desde 1830, les hacía pensar  que sus derechos a intervenir en Marruecos superaban con mucho al de cualquier otra potencia. No estaba de acuerdo el gobierno español, quien, a su vez, pretendía contar con mayores y mejores títulos para influir en el país vecino, afirmación que rechazaban los galos al considerar que España llevaba cuatrocientos años en la costa  africana sin haber adelantado un paso. Bajo un punto de vista estrictamente imperialista no dejaban de tener razón, y el imperialismo de las grandes potencias estaba de moda entonces y lo sería estando años más tarde.

Nuestro Cherif, pues, como dice Cervera, "cayó en las redes tendidas por monsieur Ordega", ministro francés en Tánger, y se incluyó entre los protegidos por Francia. Desde entonces, según el oficial de Ingenieros, comenzó Francia su  plan de anexión de Marruecos.
           
Desde unos años antes prestaba ya el  Uazani servicios importantes a Francia, haciendo de intermediario, por ejemplo, en las disputas de Francia con las kabilas  situadas a caballo de la frontera argelomarroquí. O proporcionando cartas de recomendación a Foucauld para que viajara sin riesgos por todo Marruecos.

 Frontera argelomarroquí (1884)

El paso dado por Sidi Abdeselam no fue bien visto por las potencias   europeas, sobre todo  por Inglaterra y España, pero tampoco entre sus propios compatriotas, quienes comenzaron a llamarle Abdselam  "el fransaisi."

No hay más que observar el tono de los participantes en el famoso Mitin del Teatro de la Alhambra para ver  que  la decisión del Cherif  se consideraba  una agresión  al "status quo" y una afrenta para los participantes, cuatro años antes, en la Conferencia de Madrid, conferencia  planteada precisamente para regular el discutido "derecho de protección". Coello y Costa  protestaron airadamente  ante la audiencia, apelando a la citada conferencia con el objeto de  que sus participantes  intervinieran y se opusieran  al hecho consumado. De nada sirvió.  Y de todas maneras, todo era una cuestión de oportunidad, y España la había perdido. Tres años más tarde, el interventor del puerto franco de Melilla, Francisco Rojas Godoy, afirmaba  que eso era lo que España tenía que haber hecho y entonces sería  ésta el árbitro de los destinos del Imperio marroquí; eso sí, con un matiz, "para educarlo y para protegerlo".

En Marruecos, por lo mismo, fue grande el disgusto. Según el mismo Cervera, una romería que se había organizado, como de costumbre, para ir a Uazan y cumplimentar al Cherif, se enteró por el camino de la nueva situación del  Uazani, y sus 800 participantes se  dieron media vuelta y se volvieron a sus pueblos con los regalos. Muy mala señal para Sidi Abdeselam.

De hecho este fue  el principio de la decadencia  de la devoción hacia el Cherif en Marruecos. No es que  perdiera del todo su antigua carisma, cosa que jamás pierde un  cherif de su categoría, sino que ya no levantaba los entusiasmos de antaño. Únicamente en Argelia siguió conservando su  prestigio de siempre, prestigio que el Uazani procuró mantener haciendo frecuentes viajes al país vecino. De la vuelta de uno de los viajes, con parada en Melilla, hago referencia al comienzo de estas líneas. No perdió tampoco su importante patrimonio, sobre todo en su feudo de Uazan, donde era dueño de buena  parte de aquello que podía dar alguna renta. Las notas de Teodoro de Cuevas, cónsul en Larache por aquellos años, son muy ilustrativas. Sin embargo, para escarnecerlo,  el  sultán Muley Hassan  situó en Uazan un  "mul ez zauía ", es decir un administrador de los bienes de la zauía uazani, con la consiguiente pérdida de poder y prestigio para el cherif. Se decía entonces que estaba comprometido  con las tribus norteñas para desalojar del trono al Sultán.
            
 Uazan (1900)

Una muestra de que el poder del  Uazani  no llegaba entonces a todas partes en Marruecos nos la cuenta  Gabriel de Morales en sus "Datos". El oportunista  Conde  de Chavaignac vio un magnífico negocio en alguna mina de las que entonces se pensaba  estaba lleno el Rif. Según Morales, su pretensión era reconocerlas; según Castonnet de Fosses, (Marruecos...1884), que da la fecha equivocada de 1880, cuando fue en enero de 1884, la mina de cobre fue efectivamente adquirida por Chavaignac. Como el Conde  no se atrevía a penetrar en el  misterioso país, del que se contaban historias espeluznantes, requirió la ayuda de Sidi Abdeselam, quien amablemente  se prestó a escribir una carta con la que se pensaba se abrirían de par en par las puertas del Rif. De nada le sirvió a Chavaignac tan  codiciado documento. Los rifeños se negaron a permitirle la entrada en  el Rif, y el Conde se tuvo que ir por donde había venido.

De este autor, Castonnet des Fosses, extraigo algunos datos sobre el  supuesto poderío del Cherif en esta época.  Según éste, en 1884 Sidi Abdeselam mandaba sobre más de 10 millones de musulmanes; en Argelia reconocían su autoridad más de 50.000 kabileños, y el mokadden de su cofradía en El  Cairo gozaba de un prestigio tan grande como cualquier embajador de una potencia europea. Estaba considerado la primera autoridad religiosa en Marruecos y en todo el occidente africano. Y después incluye la frase que da la clave de lo anterior: "en todo el país se advierte un movimiento favorable a Francia". Por eso los franceses facilitaban muy buenas referencias del Cherif, como, por ejemplo,  Marcet (Marruecos... 1888) que le sitúa como hombre "favorable a las ideas modernas de civilización y progreso". Era uno de los suyos y primer peldaño para penetrar  mas o menos solapadamente en el país vecino.
           
Pocas dudas hay de que el Cherif de Uazan les sirvió de muy poco a los franceses. Parece claro que su principal cuidado fue el de vivir lo mejor posible, cuidando  de sus propios intereses. Alguna intervención, no demasiado lucida, tuvo en Argelia, donde vivía largas temporadas (Mouliéras. Le Maroc...1895), porque allí tenía importantes intereses.  Poco después de que el Uazani abandonara este mundo, decía Mouliéras, con el mayor desparpajo, que en Marruecos había millares de Chorfa más venerados que el patriarca de Uazan. Cuando ya no les servía de nada.

Final del Cherif  Uazani

Sidi  Abdselam ben el Hach el Arbi falleció en Tánger en 1892.Sus últimos años fueron  grises y anodinos. Poco considerado, criticado en la ciudad (Muro. Ocho días...1891) , con la salud maltrecha y prácticamente separado de la "cherifa", la "seniora" como la llamaban en la ciudad, quien se había volcado  hacia la educación de sus hijos, Muley Ali y Muley Ahmed, y a las obras de caridad, el Uazani  desapareció de la escena magrebí, dejando como sucesor a su  primogénito, tenido con una de sus primeras mujeres,  Muley el Arbi, un hombre que apuntaba rasgos de demencia desde sus  primeros años, y a quien había dejado a cargo del feudo  de Uazan durante sus correrías.

Muley Hassan (1893)

Cuando Boada (Allende...1895) se cruzó con El Arbi en 1894, camino de Marrakech, le vio como un hombre joven, de fisonomía simpática y poblada barba negra. Según uno de los marroquíes acompañantes de Boada, era mucho más fanático que su padre, no gustaba del trato con europeos y, al contrario que  aquel, se le consideraba muy afecto a la persona de Muley Hassan. Alejado de Tánger y todo lo que ello suponía, vivía entre Alcazarquivir y  Uazan. Su enfermedad mental  le hacía aún más santo a los ojos de sus paisanos. Hacia finales del siglo se encerró en su casa de Uazan y no salía para nada. El marqués de Segonzac  confirma su locura, pero añadiendo  que Muley el Arbi era gran  consumidor de hachich y opio, aunque su locura  era inofensiva. Nunca intentó, como su padre, jugar un papel político en Marruecos, y ni él ni sus hermanos pretendieron convertirse en competidores del nuevo sultán  Muley Abdelaziz. Al parecer (Pinon. Lémpire...1912) una antigua profecía había predicho que  ellos no reinarían jamás, por lo que siempre se conformaron con su preeminencia religiosa, y con percibir las abundantes ziaras  provenientes de sus  abnegados seguidores, tal como con tanto estilo nos ha contado el Walter Harris (Le Maroc disparu. 1929)

Muley el Arbi murió muy joven, lo mismo que su hermano Muley Mohammed, también con problemas mentales. Una desgracia familiarmente colectiva, puesto que el tercer hermano, Muley Thami fue  aun peor, un loco furioso del que no hubo forma de hacer vida. La palabra "desgracia" hay que tomarla en un sentido relativo y siempre bajo una óptica exterior al  Islam, puesto que, precisamente por su locura, los contemporáneos de los Uazani consideraban a todos ellos en el más alto grado de la santidad.

Solamente los hijos de la "seniora", Muley Ali y Muley Ahmed, se salvaron del estigma. Asentados en Tánger, apenas se movieron de esta gran ciudad, donde  desempeñaron cargos oficiales de relieve durante su vida.

En cualquier caso, ni unos, ni otros, tuvieron la relevancia que tuvo su padre en unos años en que  las  ambiciones de las potencias  en liza diplomática en Marruecos pretendieron hacer del Uazani un elemento más del juego de intereses encontrados  en la pugna por destacar  en la influencia sobre el país magrebí.

domingo, 27 de febrero de 2011

GUERRA 1914-18. ALEMANES EN MELILLA

Comenzada la guerra mundial en 1914, Alemania, siguiendo un plan trazado en el año anterior, se propuso llevar la contienda a tierras de Marruecos para, de esta forma, distraer fuerzas militares francesas, impedir que fueran conducidas al escenario europeo de la guerra y provocar una reacción del pueblo marroquí contra la potencia protectora.

Al principio los alemanes intentaron que los predecesores del sultán Muley Yussef, Abdelaziz y Hafid, se sumaran a su causa y promovieran en Marruecos un ambiente favorable a Alemania. Fracasado este intento, y tras la entrada de Turquía en la guerra, movieron sus resortes para  excitar el ideal panislámico en todo el norte de África en contra de Francia. En la zona española se pusieron en contacto con personajes tan caracterizados por su posición antifrancesa como Raisuni y Abdelmalek, utilizando para ello a varios agentes expresamente desplazados a aquella tierra. Varios de ellos, llegados a Tetuán y Larache,  fueron expulsados en la zona occidental del protectorado, y  Raisuni quedó neutralizado.

En la zona oriental no había, dentro del territorio marroquí, ciudades de la importancia de Larache y Tetuán donde poder desarrollar las maniobras alemanas con la suficiente discreción, habida cuenta de la actitud neutral adoptada por el Gobierno español ante el conflicto europeo.

Solamente Melilla reunía las condiciones necesarias para servir de base a los manejos alemanes en contra de Francia, y hacia allí se encaminaron los agentes reclutados por la potencia europea.

Carlos Coppel, fábrica de relojes (calle Fuencarral, Madrid)

Como avanzada de los manejos alemanes, a finales de junio de 1915 llegaron a Melilla Carlos Coppel y su hijo del mismo nombre, industriales relojeros muy conocidos en Madrid por  su establecimiento de la calle Fuencarral. En Melilla estudiaron la situación, las posibilidades de actuación y los eventuales colaboradores para la causa. En aquella época la colonia alemana en la ciudad era muy reducida; apenas siete personas, entre las que destacaba el relojero  Pablo Rettschlag, establecido en la calle Margallo de la ciudad,  llegado a Melilla en septiembre de 1907, con 30 años de edad, inaugurando su establecimiento en el mes de noviembre siguiente, con el nombre de Relojería Alemana, en el número 19 de la citada calle. Casado con una española, María Calvo, pronto se hizo popular e indispensable en el colectivo de relojeros, hasta el punto de que en 1912 se le adjudicó el mantenimiento del reloj de la Torre. Contactado por los Coppel, se entregó por completo a su nuevo papel, llevando el asunto con la mayor discreción. La misma discreción que, setenta años más tarde, mantenía su hijo, en su pequeño local junto al mercado del Polígono, cuando le preguntaba sobre  el papel desempeñado por su padre en la época a que me refiero en esta página.

Regresados a Madrid los Coppel, en el mes de septiembre siguiente volvió por Melilla Carlos Coppel hijo, con el objeto de abrir en la ciudad una sucursal de la casa que sirviera como tapadera de sus actividades antifrancesas. Abrió su primer establecimiento en el número 7 de la Plaza Hernández, esquina con Carlos Ramírez de Arellano, en la llamada rotonda del Parque Hernández. Más tarde pasaría al número 23 de la calle O’Donnell.


Alemanes y germanófilos en Melilla; de pie, a la izquierda, Rettschlag; a la derecha, de pie, Gerlach de Ward (1916)
916)

Siguiendo las instrucciones del Gobierno, las autoridades de Melilla hicieron lo posible para evitar cualquier manifestación pública de simpatía por cualquiera de los bandos contendientes en Europa, hasta el punto de que ni siquiera durante las fiestas locales se permitió hacer pública la más mínima alusión al tema. Esto no impedía el que fueran conocidas las inclinaciones de diversos sectores sociales de la ciudad por uno u otro bando. Parte de la colonia hebrea, originaria de Argelia, simpatizaba con los franceses; un amplio sector de los militares, por el contrario, se decantaba por los alemanes. En ambos casos, sin  embargo, no hubo una destacada manifestación pública de sus simpatías. Dentro de la colonia musulmana establecida en Melilla, no era un secreto que Abdelkrim mostraba  claras simpatías por Alemania, y con él la mayor parte de la colonia.

La neutralidad ordenada por el Gobierno, por la que se llegó a paralizar las operaciones de guerra en la zona, no fue del agrado de los militares españoles en Marruecos, pues entendían, y el tiempo les dio la razón, que este intervalo sería aprovechado por las cabilas opuestas al avance español para reorganizarse y rearmarse.

En enero de 1915, Abdelmalek, reclutado por los alemanes en Tánger, donde desempeñaba el cargo de inspector del tabor de Policía, abandonó la ciudad y, tras varias peripecias, se estableció en los límites del Rif con la zona francesa, donde mantuvo viva la disidencia de las cabilas limítrofes en contra de Francia.

Para colaborar en el mantenimiento del sistema organizado por Alemania en Marruecos, desde Melilla actuaba también Franz Farl, un extraño personaje, alemán de origen desconocido que, según Galbán (España en África…1965), hacia 1908 prestaba sus servicios en los trabajos preparatorios de la mina Navarrete, información que me llama la atención, pues no parece que en fecha tan temprana estuviera ya en formación la compañía minera, que, según mis datos, no comenzó su andadura hasta 1910. Según otra información, más aceptable,  Farl había sido delineante de Arturo Netter, sucesor de Navarrete,  por lo que hay que retrasar su estancia en Melilla hasta 1910, lo que parece más razonable.      Terminada su misión, Farl,  volvió a su tierra, y al estallar la guerra del 14, se reintegró a Melilla con pasaporte norteamericano. Allí, según Galbán, se reunió con Jorge Gerlach de Far, sobrino de Coppel padre, llegado como representante de Alemania e instalado en la Plaza Hernández. Parece  que Galbán confunde a Farl con Carlos Coppel hijo . De hecho ni siquiera menciona la estancia en Melilla de Coppel. En Melilla Farl estableció contacto con Abdelkrim (Memoires…1927)., que vivía a pocos metros de la casa de Farl en la calle García Cabrelles, y allí, según cuenta el propio rifeño en sus discutidas memorias, el alemán le propuso, previa entrega de dinero y armamento, la creación de una harka contra Francia, pero, según asegura el urriagli, “no tragó el anzuelo”. Más tarde, a la vista de que no se conseguía un compromiso formal por parte de los españoles de no ocupar el Rif, el propio Abdelkrim propuso a Farl la puesta en marcha de una operación contra la zona francesa y la creación de una medalla de 4.000 hombre que  “montarían la guardia del Rif”. Esta fue, al decir de Abdelkrim, la razón por la que los españoles le encarcelaron en Cabrerizas Bajas, según unos, Cabrerizas Altas, según otros, o Rostrogordo, según terceros, al confesar al juez su decisión de ocupar la zona española. Farl, a quien los naturales llamaban El Ratón (far, ratón en árabe), deambuló por los campos rifeños, supuestamente interesado en negocios mineros, y vuelto a Melilla,  enfermo de fiebres tifoideas, murió en su casa de García Cabrelles  el 28 de noviembre de 1915. No fue enterrado en la ciudad, por lo que sus restos debieron ser enviados a su país de origen.

 Abdelmalek

De la casa Coppel, y a través de intermediarios, entre ellos El Farl, y entre los que había  algunos  destacados rifeños, llegaba el dinero a los disidentes antifranceses encabezados por Abdelmalek. Según las controvertidas  memorias de Abdelkrim, no solamente el dinero, sino el contrabando de armas era gestionado por Coppel, armas que pasaban, decía, por la aduana de Melilla, turbio asunto en el que aseguraba estaban implicados sus funcionarios. Demasiado burdo el sistema para ser cierto, teniendo en cuenta que a  Francia  no le faltaban observadores en Melilla que le informaban de todo lo que ocurría en la ciudad, como se pudo comprobar cuando Lyautey denunció las actividades de Abdelkrim en la ciudad, denuncia que se tradujo en su procesamiento.

Para colaborar con la casa Coppel, y asesorar a Abdelmalek en sus maniobras, llegaron a Melilla un coronel y un comandante del ejército alemán, que se movían por los campos del Rif disfrazados de moros.

Es imposible creer que todo esto fuera desconocido por la Comandancia General de Melilla, al mando de la cual, en aquellos años, se sucedieron Gómez Jordana y Aizpuru Mondéjar.

Las andanzas de Carlos Coppel por la ciudad, en la que cada vez con mayor descaro distribuía propaganda alemana, llegaron a oídos  del Gobierno Romanones, quien ordenó la expulsión inmediata del alemán en marzo de 1916. Según el propio Conde (Notas de una vida…1947) fue sustituido por un tal Tausent, que ni Galbán (España en África…) ni Madariaga (Abd-el-Krim…2009) mencionan. Ambos mencionan, sin embargo,   a Hermann Bartels,  que siguió la misma estela de los anteriores y que permaneció en la zona hasta la finalización de la guerra. Para seguir las andanzas de los agentes alemanes  por la zona rifeña, es aconsejable la lectura de ambos autores.

 Relojería Alemana de Pablo Rettschlag en el barrio del Polígono

En tanto se efectuaba el relevo de Coppel en la direccion de la sucursal de Melilla, quedaba  a cargo de los intereses alemanes en la zona el relojero Rettschlag de la calle Margallo, a pocos pasos del domicilio de Abdelkrim. Sería  el pariente de Coppel  Jorge Gerlach de Ward, natural de Frankfurt,  quien reemplazaría a su sobrino en la gerencia de la sucursal de la casa Coppel de la calle O’Donnell.

Para llevar a cabo sus propósitos contaba con intermediarios fuera de sospecha entre los notables del Rif.

En aquella época prestaba sus servicios en la Policía indígena el entonces capitán Antonio Villalba Rubio, quien, en un librito poco divulgado (Gallofas…1941), describe el sistema utilizado por los agentes alemanes para allegar recursos a las harkas anti-francesas. Menciona Villalba la sorpresa de la policía cuando se enteró de que la última remesa de dinero para la harka de Abdelmalek, había salido de la casa del Bachir Ben Sennah, en el barrio de pabellones del Buen Acuerdo. El dinero, un  importante cantidad de  billetes de banco, treinta y tantas mil pesetas en total,  recibido de Gerlach, tuvo que cambiarlo El Bachir  por moneda, y  remitirla así a la harka, a través de Tafersit, utilizando para ello cuatro mulos, que emprendieron el viaje por la noche  llevando como conductor al suegro de El Bachir, de Beni Sidel,  que conocía perfectamente los caminos apropiados para pasar desapercibidos. El astuto Bachir avisó del envío al Hach Amar, con el que estaba previamente de acuerdo en repartirse el dinero, dándole instrucciones para atajar la reata y apoderarse de su valiosa carga, que sería más tarde repartido entre ambos. Pero antes de la salida de aquella, El Bachir, que observaba la causa alemana como perdida,  se había quedado con la mayor parte del dinero, dejando una pequeña cantidad para su socio el Mtalzi. Despechado, el Hach Amar se apresuró a contar lo sucedido a la policía. En casos como estos la discreción y el silencio, tratándose del representante del Sultán en la zona, parecía ser  la postura más conveniente.

El Bachir ben Sennah (Lázaro, 1915)

Como es sabido, todo este entramado de espías y dinero alemanes  no sirvió para que los agentes alemanes consiguieran sus propósitos, pues la guerra europea terminó con su derrota.

Alemania recompensó los servicios prestados por Pablo Rettschlag y Jorge Gerlach, con la Cruz de hierro alemana de segunda clase.

Carlos Coppel Gerlach, en Madrid, mantuvo en silencio su pasado como agente alemán en Melilla hasta su fallecimiento en 1967, de tal forma que su nieto Carlos Coppel Hidalgo, y sus hermanos Amelia y Francisco, residentes en esta misma ciudad, desconocían la aventura melillense de su abuelo.

Gerlach de Ward abandonó Melilla tras la finalización de la contienda y en su lugar tomó la dirección del establecimiento de la calle O’Donnell Carlos Redondo Gallego, casado con Carlota Coppel,  hermana de Carlos. Redondo falleció en Melilla el 17 de diciembre de 1921, siendo su cadáver trasladado a Madrid. Para sustituirlo volvió de nuevo a Melilla Jorge Gerlach de Ward, quien falleció a su vez, de bronconeumonía, el 15 de marzo de 1922. Enterrado en Melilla, el paso del tiempo ha ido desdibujando el su nombre, grabado en la  lápida que oculta sus restos, como queriendo borrar el último recuerdo de una época en que Alemania pretendió ganar la guerra europea utilizando, entre otros medios, la  ciudad de Melilla.

martes, 18 de enero de 2011

DE BALER A MELILLA: ROGELIO VIGIL DE QUIÑONES, EL ÚLTIMO DE FILIPINAS

Por: Francisco Saro Gandarillas

A lo largo del tiempo transcurrido desde entonces, se  ha rememorado la gesta histórica de aquel reducido grupo de militares que hace más de cien años asombró al mundo  por su  increíble resistencia ante un enemigo tagalo  dispuesto a recuperar a todo trance el último trozo de Filipinas  en manos de españoles.

La historia es bien conocida, y ha sido reiteradamente  dada a conocer  en publicaciones de todo tipo, con especial insistencia, hace doce años, al cumplirse el centenario de la rendición de los llamados últimos de Filipinas.

No voy, por lo tanto, a reiterarme en lo mismo, sino solamente centrarme en algunos de los personajes protagonistas de aquel episodio, sobre todo  en la figura del médico de Baler, el marbellí  Rogelio Vigil de Quiñones y Alfaro, cuya presencia en Melilla durante algunos años de su  vida militar hacen de interés el recordar  algo de su biografía  y su trayectoria profesional.


Los defensores de Baler en Melilla

De los cuatro oficiales presentes en la iglesia de Baler, tres estuvieron en Melilla en alguna ocasión. Solamente el teniente Alonso Zayas no pisó jamás  el suelo de la ciudad, o al menos no hay constancia de ello.

El  Jefe del destacamento, el capitán don Enrique de las Morenas Fossi, nacido en Chiclana en 1855, no tuvo ninguna carrera distinguida, si exceptuamos, claro está, su actuación durante el sitio de Baler, y  su  curriculum apenas presenta  nada de particular si no es la concesión en 1876 del grado de teniente de Infantería  por su intervención en operaciones contra las partidas carlistas por la zona de Olot en el año anterior, bajo las órdenes del general Arrando. El alférez De las Morenas fue destinado al Batallón Disciplinario de Melilla  en septiembre de 1882, haciendo su presentación en la plaza el día 1 de octubre. Hacía dos años  que se había creado el batallón  y por él habían pasado ya numerosos jefes y oficiales. No parece que  se sintiera muy a gusto en la plaza, porque apenas siete meses más tarde pidió licencia para arreglar asuntos particulares, solicitando posteriormente una prorroga , lo que  le evitó tener que volver a su destino en la plaza , ya que el ascenso a teniente le llegó estando en esta situación.

El teniente Saturnino Martín Cerezo, que sustituyó al capitán De las Morenas tras la muerte de este  el 22 de noviembre de 1898, en el mando del destacamento, había nacido en Miajadas  en 1866.Procedente de clase de tropa, tuvo una destacada actuación desde su llegada a Filipinas en 1897, consiguiendo dos ascensos  a oficial de la escala de reserva retribuida.

En octubre de 1893, cuando se encontraba destinado de sargento en el Regimiento de Borbón en Málaga, desembarcó con su unidad en Melilla, con motivo de los sucesos conocidos con el nombre de guerra de Margallo, y en Melilla estuvo hasta el 1 de enero siguiente en que salió camino de vuelta a Málaga.

Embarque del Bón de Borbón en Málaga

Es el cuarto de los oficiales presentes en Baler, el médico don Rogelio Vigil de Quiñones y Alfaro quien estuvo más tiempo vinculado a la ciudad, en la que  terminó su vida militar.


Los Vigil de Quiñones: una familia entroncada en la milicia.

No es raro encontrar el apellido Vigil de Quiñones  en oficiales de distintas armas y cuerpos durante los siglos XVIII y XIX. Procedentes de Asturias, las dos Castillas, Andalucía o Extremadura, se extienden por toda la geografía española, incluidas las plazas norteafricanas.
Manuel Vigil de Quiñones nació en Orán en 1749, y era hijo  del  oficial de Infantería Sancho Vigil de Quiñones, natural de Sariego (Asturias), y de doña María Neveras, nacida en Melilla, con quien se casó don Sancho cuando estuvo de guarnición en esta plaza. Manuel asistió a la expedición de Argel de julio de 1775, donde fue herido de bala, y llegó a ser mariscal de campo.

Otros Vigil de Quiñones participaron en la guerra de la Independencia y en las guerras carlistas, y se les puede encontrar en lugares más lejanos como Cuba o Mejico  en los dos siglos mencionados. Una sencilla reseña biográfica haría estas líneas interminables.


Los  antepasados de don Rogelio se relacionan principalmente con la ciudad de Marbella

Su tatarabuelo, don Francisco Vigil de Quiñones y Jimenez, fue regidor perpetuo de Marbella, y su muerte en 1794, le sucedió en el cargo su hermano Pedro.

Su bisabuelo, don Francisco Vigil de Quiñones y del Castillo, nació en Marbella en 1776, e ingresó muy joven como cadete de Caballería. En 1797 contrajo matrimonio con doña Catalina de Avilés y Castro, hija del regidor perpetuo de Ronda don Juan de Avilés. Estuvo en Dinamarca a las órdenes del marques de la Romana, y falleció cerca de Medellín en 1809, en plena guerra de la Independencia, al frente de su compañía de Dragones.

En 1805 había perdido en Ciudad Real a su mujer y a dos de sus hijos en una epidemia de tercianas, quedándole únicamente Francisco, de seis años, abuelo del médico de Baler.

Francisco Vigil de Quiñones y de Aviles, ingresó como cadete del Regimiento de Ronda en 1812, y en Ronda pasó casi toda su corta vida militar, llegando a alcanzar el empleo de subteniente, en el que se retiró voluntariamente en 1819, pasando a vivir a su ciudad de nacimiento, Marbella. Aunque volvió temporalmente a la actividad militar en 1824, por disposición del general don Juan Caro, jefe de las tropas realistas de la Serranía de Ronda, y quiso después continuar en el servicio, le fue denegada la petición, retirándose definitivamente a su ciudad natal.

Mientras permaneció en el servicio  no percibió sueldo alguno, viviendo a cargo de las rentas que le proporcionaban un cortijo y tres casas que tenían en Marbella.

En 1816 se había casado con doña Josefa Diez de Oñate y Cañabate, hija del regidor perpetuo de la ciudad de Guadix, con quien tuvo a don Francisco, padre de don Rogelio.


Francisco Vigil de Quiñones y Diez de Oñate

Nacido en Marbella el 30 de diciembre de 1818, ingresó como soldado voluntario en el  Batallón Provincial de Málaga en 1838, con el que prestó servicios de guarnición en la propia ciudad de Málaga y en el Peñón de Velez de la Gomera, ascendiendo a sargento en 1841.Dos años más tarde se licencia al cumplir su compromiso, pero poco despues volvió al servicio activo, ascendiendo a sargento 1º  en febrero de 1844.

El 13 de mayo de 1853 es ascendido al empleo de teniente, y con este empleo y dentro de las filas del Batallón Provincial de Málaga embarca para Melilla el 11 de octubre de 1855, plaza  a la que llega dos días más tarde. El día 26 siguiente toma parte, a las órdenes del  capitán general de Granada, don Juan Prim, en la salida efectuada por el general  hasta las cercanías de Cabrerizas, que tan desafortunado desenlace tuvo, en cuanto al número de víctimas, entre ellas el propio teniente Vigil de Quiñones que resultó contuso.

El mismo día que el brigadier Buceta firmaba la paz con los de Mazuza, el 2 de febrero de 1856, abandonaba Melilla  el teniente, junto con su compañía, para  reforzar la guarnición del Peñón de Vélez de la Gomera, lugar el que estuvo  hasta el último día de junio, en que abandonó las costas africanas para dirigirse a Granada

Peñón de Velez (Vicendon, 1856)

Todavía volvería una vez más el Peñón de Velez en 1859.
En 1857 había contraido matrimonio con doña Josefa Alfaro, nacida en Marbella, aunque oriunda de San Pedro Manrique (Soria) de donde era su padre don José María Alfaro.

Al ser  destinado al Regimiento Fijo de Ceuta el 28 de febrero de 1861, en agosto siguiente vuelve a la plaza de Melilla, para reforzar la guarnición, cuando  en la plaza se vivían momento de tensión motivados por las gestiones encaminadas a la ampliación de sus límites, y se aguardaba la imprevisible respuesta de las kabilas a la conclusión de  estas gestiones.

Un año estuvo don  Francisco en Melilla, de donde salió con licencia temporal el 7 de julio siguiente, reincorporándose a la plaza de  Ceuta algunos días más tarde.

Plano de Melilla (1861)

Ascendido a capitán en noviembre de 1862, en 1868 participó, bajo el mando del general  don Manuel Pavía, en la decisiva batalla del puente de Alcolea, entre las tropas de la reina Isabel y las del  duque de la Torre, cuyo resultado adverso obligó a la reina a  traspasar la frontera camino del exilio. Por su actuación en esta batalla le fue concedido el grado de comandante, empleo que hizo efectivo en 1873 por el turno corriente.

Dos años mas tarde, afectado por una grave afección a la vista que le privaba de la visión nocturna, pidió el retiro voluntario, retiro que le fue concedido el 30 de julio de 1875.


Los hermanos Vigil de Quiñones.

Don Francisco y doña Josefa tuvieron cuatro hijos, Francisco, Carlos, Rogelio y Alfonso.
El primero y el tercero fueron médicos militares y el segundo y cuarto se inclinaron por la carrera de  Derecho.

Francisco , el mayor, nació en Valencia, donde su padre estuvo destinado un corto tiempo, el 18 de enero de 1858, terminó con 20 años la carrera de médico cirujano, que había estudiado en Granada, ciudad a la que acudían todos los jóvenes malagueños que pretendían cursar estudios en  la universidad.

Al año siguiente  ingresó como oficial médico alumno, siendo sus primeros destinos el Hospital Militar de Granada y la Fábrica de Pólvora de aquella ciudad. Por los buenos servicios prestados durante la epidemia de cólera de 1885, le fue concedida la  Cruz de Epidemias.

Ese mismo año le tocó ir, previo sorteo, al servicio de Ultramar, embarcando para Cuba el vapor "Ciudad de Santander", en febrero de 1886. El Hospital Militar de La Habana  y el castillo del Morro fueron, principalmente, sus lugares de actividad. Enfermo de un mal tropical  casi desde su llegada, tuvo numerosas recaídas, recaídas que concluyeron con su fallecimiento en el Hospital Militar, a consecuencia del vómito negro, el 16 de agosto de 1892.

Su hermano Carlos, el menor, estudió la carrera de Derecho en Granada, como sus  hermanos, y una  vez terminada comenzó la preparación de oposiciones a notarías, cuerpo en el que ingresó con el número uno. Tuvo su notaría en Madrid, en la calle Barquillo, y sus hijos y nietos siguieron la carrera de leyes como su padre y abuelo.

También Alfonso, el mayor de los hermanos, terminó la carrera de Derecho en Granada. En su día fue secretario de don José Ortega y Gasset.


Don Rogelio

El médico de Baler nació en el número 9 de la calle Nueva de Marbella, la misma calle en que nació su madre, un  1 de enero de 1862, efectuando sus primeros estudios en Málaga.

Para cursar la carrera de Medicina,  como su hermano, se desplazó a Granada, donde recibió el título de  licenciado en Medicina y Cirugía  el 5 de abril de 1886.Ejerció de médico en dos pueblos de la provincia de Granada, Chite y Talará, sobre la carretera de Granada a Motril. Según le contó años más tarde su hijo Rogelio a  Ricardo Fernández de la Reguera, su padre  se enamoró  de una muchacha del pueblo de Talará, pero el padre, hombre de fortuna, se negó rotundamente a que su hija entablara relaciones con un modesto médico de pueblo.

El disgusto amoroso fue, al parecer, la causa de que Rogelio solicitara un plaza en Ultramar como médico provisional.


En Filipinas

La Real Orden de 1 de octubre de 1897 nombraba a  Rogelio Vigil de Quiñones y Alfaro médico provisional del Cuerpo de Sanidad Militar con destino al Ejército de  Filipinas. El 4 de diciembre siguiente embarcaba en el puerto de Barcelona  a bordo del vapor correo "Isla de Mindanao", y tras  un mes de navegación, arribaba  al puerto de Manila el 2 de enero siguiente.

Rogelio Vigil de Quiñones

Destinado en principio al Hospital Militar de Malate, un mes más tarde  es designado como médico director de la nueva enfermería de Baler, un pueblecito en la costa oriental de la isla de Luzón, lugar en donde hizo su presentación el 12 de febrero siguiente.

Los acontecimientos ocurridos en Baler en el año que duró la defensa de la iglesia  han sido suficientemente recordados durante el último año y, sobre todo, en los últimos días. No voy a insitir en ello. Sobre  el  mismo no hay más que recordar las palabras del  presidente de la neonata Republica filipina, Emilio Aguinaldo, haciendo notar que los defensores de Baler  se habían hecho "acreedores a la admiración del mundo...por el valor, constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanza de auxilio alguno ha defendido su bandera por espacio de un año."

En el relato está mas que explícita  la contribución del médico Vigil de Quiñones a la defensa de la iglesia del poblado, una contribución meritoria que nadie le negó, ni siquiera el teniente Martín Cerezo, con quien tuvo sus diferencias, pero quien no tuvo inconveniente, por justo, en proponer a  al médico marbellí para que se le concediera la Cruz de San Fernando.

Vigil de Quiñones volvió a España embarcando el 29 de julio de 1899 en el vapor "Alicante", y desembarcando en  Barcelona el 1 de septiembre siguiente.

Según manifiesta el que fue embajador en Filipinas, don Pedro Ortiz Armengol, en el expediente abierto para juzgar la actuación de los  españoles de Baler, fue instructor el entonces coronel Olaguer-Feliú, uno de los firmantes del acta de capitulación de Manila el 24 de agosto de 1898, quien propuso a  Martín Cerezo y a Vigil de Quiñones para la laureada. Pero una mano  desconocida tachó el nombre de Vigil de Quiñones y dejó solamente el de Martín Cerezo, poniendo de manifiesto una notoria injusticia.

Para acallar la mala conciencia de quien le privó de la máxima recompensa se le concedieron dos cruces de Maria Cristina, una  distinción que equivalía, en el plano moral solamente, a un ascenso, ascenso que seguramente hubiese alcanzado si hubiese  formado parte de la escala general del Cuerpo de Sanidad Militar.

Melilla 1909

Tras pasar los correspondientes ejercicios de oposición, don Rogelio ingresó en el Cuerpo de Sanidad Militar en 1900, siendo promovido al empleo de médico segundo en junio del año siguiente. Desde la Academia  pasó destinado al Hospital Militar de Sevilla, destino que repetiría años más tarde. Santa Cruz de Tenerife y Pamplona serían otras ciudades en las que recalaría Vigil de Quiñones antes de  ascender a médico primero en mayo de 1906, mes en que fue destinado al Batallón de Cazadores de Barcelona, de guarnición en Vich y Barcelona.
En este destino le sorprenderían, en julio de 1909, los sucesos acaecidos en las cercanías de Melilla con motivo del ataque de las kabilas guelayas a las obras del ferrocarril minero, sucesos que darían lugar a la llamada Campaña del Rif.

El  Batallón de Cazadores de Barcelona pertenecía a la Tercera Brigada de Cazadores de Cataluña y, contrariamente a lo que entonces se dijo (y se sigue escribiendo aun hoy día) el envío de la brigada estaba previsto desde antes de los acontecimientos de Melilla, cuando el ministro de la Guerra, general Linares, pensaba que cualquier incidencia en la zona sería fácilmente resuelta con un importante aumento temporal de guarnición Incluso su acuartelamiento provisional se había previsto de antemano: las cercanías del malogrado zoco-fondak, en la entonces llamada carretera de Nador.

Pero el ataque del día 9 de julio, aunque esperado, pareció sorprender al Gobierno y al General Linares, y este último siguió con su primera idea de  enviar a Melilla a la tercera Brigada,  no obstante la creencia de algunos de que la brigada del campo de Gibraltar o cualquiera de las de Madrid hubiesen sido más a propósito para el caso. Según Ruiz Albéniz, Linares creyó que aquella era más pacífica y de menos peligro. Evidentemente, a juzgar por las indeseables consecuencias posteriores, se equivocó. En cualquier caso, la tropa de la brigada, como se vio más tarde, era poco apta para una guerra, con una moral tan  baja que Eugenio Noel los vería  deambular por la avenida  como almas en pena; en palabras del voluntario , "descuidados, como abandonados" en abierto contraste con los pertenecientes a otras unidades presentes en el campo, cuya actuación decidida compensó la escasa resolución de las llegadas de Cataluña, estas impresionadas, sin duda, por el poco animador ambiente vivido en los muelles de Barcelona.

Desembarque del Batallón de Barcelona

El batallón de Barcelona ( 850 hombres, dos secciones de ametralladoras Hotchkiss de 30 hombres y 12 mulos en plantilla, pero unos cuantos menos en la práctica) embarcó, junto con el jefe de la Brigada, general Imaz, el día 14 de julio en el vapor "Cataluña" y llegó a Melilla el día 16, alojándose, como estaba dispuesto, en el  zoco-fondak recién terminado, aquel edificio en el que tantas esperanzas se habían puesto para  fomentar el comercio con los kabileños, y que, como otras iniciativas del mismo tenor, fracasó antes de comenzar, porque ningún rifeño tuvo el más  mínimo interés en utilizarlo.

Con el batallón llegó, por supuesto, su médico titular, Rogelio Vigil de Quiñones. Poco tiempo estuvo la unidad en el zoco, pues dos días más tarde  salió camino de la posición principal, Sidi Ahmed el Hach, dentro de una columna mandada por el coronel Alonso de Medina, jefe de una de las medias brigadas de Cataluña. Desde Sidi Ahmed se destacó una compañía de Barcelona al Atalayón y con ella fue el médico de la unidad. Esa misma noche tuvieron el primer sobresalto con el ataque a la posición principal y destacamentos por  parte de los rifeños, ataques repetidos los días 20,21 y del 23 al 27, y en los que Vigil de Quiñones colaboró en la defensa del Atalayón, ayudando a los oficiales en su costoso intento de elevar el ánimo decaido de la tropa. En días sucesivos, y de forma discrecional, tuvieron que soportar tiroteos por parte del escurridizo enemigo, hasta el 15 de septiembre en que bajó con la compañía hasta el Segunda Caseta, en donde permaneció durante dos meses en servicio de guarnición, interviniendo también en la protección de convoyes entre posiciones.

Atalayón, posición

En las postrimerías de la guerra, cuando el mando consideraba que dado el tiempo transcurrido la tropa de la brigada estaba suficientemente fogueada y con mejor disposición ,el batallón completo , y con él Vigil de Quiñones, asistiría a la última operación militar de la campaña del 26 de noviembre ,  la  ocupación de Atlaten, con la que casi se pretendía cerrar en lo posible el círculo alrededor del Gurugú, y que constituyó el principio del fin de la Campaña, terminada la cual embarcó el batallón el día 17 de diciembre , de vuelta para Barcelona, en el vapor "Alfonso XIII", llegando a su punto de destino dos días más tarde. De la Campaña del Rif  obtendría don Rogelio dos cruces del Mérito Militar con distintivo rojo, por su actuación en el Atalayón y Segunda Caseta.

Ocupación de Atlaten

De nuevo en Africa

Hasta 1912 continuó  Vigil de Quiñones en el  Batallón de Barcelona. En ese año pasó al Depósito de Sementales de Jerez de la Frontera, y al año siguiente al Regimiento de Cazadores de Alfonso XII, en la misma plaza, con el que embarcaría para Larache el 15 de junio de 1913, para participar en las operaciones que se llevaban a cabo en aquel territorio  con motivo del empeño de España para poner en práctica el  Protectorado acordado con Francia y Marruecos. Una enfermedad  inoportuna le obligo a abandonar el territorio para ser hospitalizado en Cádiz,  regresando a la zona en enero del año siguiente. Bajo el mando del célebre Comandante General de Larache, general Fernandez Silvestre, participó en las operaciones  de ocupación de las posiciones de Muley Bu Selham, Kudia Kesiva y Regaia. El 21 de diciembre reembarcaba en el vapor "Canalejas" y retornaba, con su unidad, a la plaza de Sevilla, en donde continuaría incluso tras su ascenso a comandante  en diciembre de 1918, prestando sus servicios en el Hospital Militar de aquella ciudad, hospital que hoy recibe su nombre.


Vigil de Quiñones en Melilla. El Hospital Docker.

A finales de 1919,  el comandante médico efectúa un canje de destino con el de su mismo empleo Jesús Bravo-Ferrer y Fernández, antiguo compañero de Rogelio en el hospital de Sevilla, quien había sido destinado al  Hospital  Docker de Melilla  al ascender a comandante y  deseaba retornar a  la ciudad bética.

El día 9 de enero de 1920 se presentó en Melilla  Vigil de Quiñones, incorporándose al  hospital Docker.

El hospital Docker  se comenzó a instalar como hospital provisional, bajo proyecto del capitán de Ingenieros Droctoveo Castañón, en enero de 1910, poco después de la partida de Vigil de Quiñones, una vez terminada la campaña del Rif. Se levantaron 16 barracones Docker (que dieron el nombre al hospital)  de patente alemana, en el terreno en el que hasta no hace mucho ocupaba el centro sanitario, con el fin de aprovechar la caída natural del mismo, para evitar el temible estancamiento de aguas  origen del  endémico paludismo existente en la zona. Diez de los barracones estaban dedicados a  recepción de enfermos y el resto a  clínicas, oficinas y dependencias. Los primeros enfermos  entraron en marzo siguiente, procedentes  del hospital provisional de infecciosos montado en las cercanías.

En enero de 1913 se llevaron allí los barracones Hospitalier del  de madera del Buen Acuerdo (situado donde hoy se levantan los pabellones de la calle Castillejos).

Hospital Docker

A la llegada del comandante Vigil de Quiñones, el hospital, que de provisional había pasado a semi-permanente,  gozaba ya de una merecida mala fama, puesto que los barracones de madera no reunían las condiciones mínimas indispensables para cumplir su misión, y la frecuente limpieza y saneamiento era trabajo casi inútil para un centro sanitario que irremediablemente se había quedado viejo.

La mano discreta pero eficaz de don Rogelio pudo apreciarse a corto plazo, puesto que en ese mismo año fue felicitado en la Orden de la plaza, por el  general Fernández Silvestre, llegado a Melilla por la misma época que Vigil de Quiñones, al haber observado  el "aseo, cuidado e interés demostrado en beneficio de la salud del soldado", lo que no era poco mérito en el decrépito hospital de la  carretera de Nador.

En mayo siguiente, el Jefe de Sanidad de la Zona, Francisco Triviño, le ordenó hacerse cargo del Hospital de sangre establecido en  la posición de Zoco el Telatza, con el fin de atender a las  seguras necesidades  que se derivarían  de la prevista ocupación de Dar Drius por el general Silvestre, lugar donde efectivamente fueron evacuados los heridos y enfermos resultantes de dicha operación, siendo citado como distinguido en la Orden de la Plaza.

Zoco el Telatza. Enfermería
 
Tras la desafortunada operación de la toma de Abarrán, el 1 de junio del año siguiente, nuevamente el coronel Triviño le confió  el cargo de jefe de evacuación del Hospital de Dar Drius, lugar en el que  practicó personalmente la rectificación de curas y asistencia de heridos, así como la disposición de su  inmediata evacuación  a la Plaza.


Los hospitales de Santiago y Alfonso XIII tras  la derota de Annual

Los trágicos acontecimientos sucedidos  desde el 21 de julio de 1921 pusieron a prueba  la capacidad de Melilla para  resolver los múltiples problemas sanitarios  derivados de la  retirada  de las tropas de la Comandancia General de Melilla y  de las incidencias producidas en este orden por la llamada  reconquista del territorio perdido.

Hospital de Santiago

Para atender las necesidades crecientes  de la Sanidad Militar, en el mismo mes de julio  se determina habilitar el cuartel de Santiago como hospital provisional, al igual que los demás cuarteles de Infantería excepto el de Cabrerizas, a la vista de que el Docker era insuficiente para contener tantos heridos y enfermos. El cuartel del regimiento  Melilla se había quedado prácticamente vacío dado que la mayoría de la tropa había  perecido en los campos del Rif , y era el edificio idóneo para establecer un centro sanitario, dado que sus pabellones eran de mampostería y no de madera como el denostado  Docker, al que tras la visita del Ministro de la Guerra, señor La Cierva, hubo que dar inmediatamente un cambio sustancial, sustituyendo los malos barracones por  pabellones de mampostería mucho más adecuados, pabellones que se han conservado hasta no hace mucho tiempo. Hoy el lugar se ha convertido en un solar.

No era la primera vez que el cuartel de Santiago hacía las funciones de hospital, pues ya había sido habilitado para esta función durante la campaña del Rif de 1909, anticipándose incluso al Docker. 

Para organizar el nuevo hospital  son designados los comandantes médicos Rogelio Vigil de Quiñones  y Cándido Jurado, como jefes de clínica, estableciéndose un centro de acogida sanitaria capaz para 1000 camas, dividido en dos clínicas a cargo de los dos jefes médicos. El hospital de Santiago desapareció como tal en diciembre de 1922, pero en la zona anexa, a base de barracones, continuó el cuartel de Sanidad Militar.

Una vez puesto en orden el nuevo centro, Vigil de Quiñones se reintegró al  Docker en el mes de septiembre siguiente.

Pero las necesidades superaron a las previsiones, y en ese mismo mes  el jefe de Sanidad, Francisco Triviño, se vio obligado a ampliar el llamado Hospital de Alfonso XIII, en las alturas del mismo nombre, y para ello volvió a contar con el comandante Vigil de Quiñones, quien se hizo cargo de una clínica el 13  del mencionado mes, habilitándose de nuevo la parte del cuartel de Artillería ocupada por el rey Alfonso XIII en su visita de 1911. Este hospital, que ya había prestado buenos servicios durante la campaña del Kert, sería, con el tiempo, el de mayor capacidad de Melilla, llegando a tener alojados en él hasta  1.650 enfermos y heridos.

Hospital Alfonso XIII

El soldado voluntario Arauz de Robles le vio por aquella época completamente lleno, habilitándose incluso tiendas de campaña donde se agrupaban los enfermos, mezclándose, en tremenda e inevitable confusión de heridos y enfermos, españoles y rifeños, obligando a los médicos a un trabajo fuera de toda medida (ARAUZ.- Por el camino…1924). El hospital Alfonso XIII resolvió un importante problema, y cuando Rogelio Vigil de Qiñones se fue de Melilla  aun mantenía en sus salas 1.300 camas. Desapareció en 1928, llevándose los enfermos residuales al hospital Pagés, nombre que recibió el Docker desde mayo de 1926, en recuerdo del  excepcional cirujano, fallecido en accidente de automóvil en septiembre de 1923.
El ímprobo trabajo desarrollado por el comandante Vigil de Quiñones en este hospital se vio recompensado con la felicitación que el el Inspector Jefe de la Sección de Sanidad Militar del Ministerio de la Guerra  insertó en la Orden General del Cuerpo en 1923, "por su celo e inteligencia en el desempeño de su cometido".

Un hombre discreto

Todos los que conocieron a don Rogelio Vigil de Quiñones estuvieron de acuerdo en señalar como su más notable característica personal, la discreción. Jamás alardeó de su  meritoria actuación en Filipinas; ni siquiera le gustaba hablar de aquella parte de su vida. En Melilla pocos sabían de su pasado, porque el comandante evitaba cualquier alusión al mismo. A su trabajo y su familia dedicaba toda su atención.

En la revista  Profesión Médica, en 1971, un misterioso médico militar que le conoció en Melilla, y que firmaba con seudónimo, aseguraba que don Rogelio era " de una modestia excesiva”

Cuarteles del Zoco y pabellones

El comandante Vigil de Quiñones vivía en Melilla en los llamados Pabellones del Zoco, cercanos al cuartel de Ingenieros del mismo nombre y no lejos de su destino, y allí le llegó el pase a la situación de reserva  un día de enero de 1924, cuando seguía prestando sus servicios en el  hospital  de Alfonso XIII, adscrito al Primer grupo de hospitales, uno de los dos grupos en que se distribuían entonces los existentes en la plaza.

Casado en 1910 con doña Purificación Alonso Ruiz, de Madrid, tuvo seis hijos  Rogelio, Francisco, José María, Ana María, Rosa y Purificación, esta última nacida en Melilla.

Al pasar a la reserva, el comandante Vigil de Quiñones fijó su residencia en  la ciudad de San Fernando (Cádiz), dado que su hijo, Rogelio, quiso ser marino de guerra. Al no poder ingresar en la Marina, la familia se trasladó a Cádiz en 1929, donde su hijo se preparó para ingresar en el ejército de Tierra, deseo frustrado al ser cerrada la Academia General Militar por la República.

En Cádiz, en  el número 13 de la calle Bendición de Dios, falleció  don Rogelio Vigil de Quiñones y Alfaro en 1934, años antes de que lo hiciera, en 1944, otro de los últimos de Filipinas, el general Martín Cerezo, llevándose ambos a la tumba  el secreto de una parte nunca conocida de la  sorprendente gesta  protagonizada por los  defensores de Baler. Su cuerpo reposa en el cementerio de la Almudena de Madrid, donde fue trasladado posteriormente. Sus nietos Rogelio Vigil de Quiñones y José Ignacio Bidón Vigil de Quiñones han mantenido vivo el recuerdo de su abuelo hasta nuestros días. El primero falleció en Madrid en 2009 y el segundo, residente en Sevilla, es Cónsul  General de Filipinas en Andalucía.