lunes, 4 de mayo de 2015

El convoy de Tizza (1921)



Publicado por: Francisco Saro Gandarillas en El Telegrama de Melilla, 14-10-1982.

El sino de los hombres y mujeres que con sus actos o decisio­nes han tenido alguna trascendencia en nuestra sociedad conduce inevitablemente al olvido. Cierto que los seres de a pie son mas fácilmente olvidados y sus vidas anónimas no son casi nunca reseña­das en un papel, si exceptuamos el día siguiente al de su salida de esta tierra y siempre de forma mas bien esquemática. Particular­mente entiendo como ejercicio saludable para las colectividades el recordar de vez en cuando a aquellos personajes que de una forma o de otra marcaron una huella personal contribuyendo mucho 0 poco a desviar el curso de la pequeña o grande historia local o, con no menos importantes consecuencias, a mantenerlo bien encau­zado.

Por todo ello creo oportuno extraer de la memoria histórica de Melilla algunos hechos, lugares y personajes que han contribuido a forjar el destino de esta sin duda alguna particularísima ciudad.

Tizza es un caserío de poca importancia a diez o doce kilómetros de Melilla, a la derecha de la carretera que desde el Zoco el Had de Beni Chicar se dirige a Taxuda, en el contrafuerte Suroeste del Gurugú; el pequeño poblado esta cercano al morabo de Sidi Mohammed Bennuis, bajo cuya sombra esta enterrado Sid Abdel­kader ben el Hach Tieb, un importante protagonista de la época en que se sitúan estos hechos. Es un terreno quebrada, que hoy se hace extraño al visitante aunque no hostil.

 En septiembre de 1921 la Comandancia General de Melilla mantenía diversas posiciones rodeando el territorio no perdido después de su derrumbamiento. Entre ellas, y con la importancia de ce­rrar el camino hacia Melilla sobre la carretera citada, la posición de Tizza. El día 26 de ese mes fue imposible llevar el convoy de víveres a Tizza. La posición, total mente rodeada de rebeldes se defen­día con dificultad. A decir verdad, muchos benichicar, amigos hasta entonces, se habían unido al enemigo no habiendo podido resistir la presión de los 500 harquenos, hermanos de religión y de raza, asen­tados en Beni bu Gafar en un campamento de blancas tiendas a poca distancia de Tizza.

Era vitalmente necesario llevar el convoy a Tizza. En aquel momento era comandante general don José de Cavalcanti, del Arma de Caballería, muy popular en Melilla desde 1909 en que protagonizo la famosa carga de Taxdirt, inmortalizada en el nom­bre de un Regimiento que forma parte de la guarnición durante va­rios años.

EI día 29 el comandante general en persona decide ponerse al frente de dos columnas; una formada al pie del fuerte Reina Re­gente al mando del general Tuero, con el cometido de ocupar las al­turas desalojando al numeroso enemigo estimado en mas de 5.000 harquenos; la otra mandada por el coronel Sirvent, en el puente de Farhana, con la misión de ocupar casas y poblados, al asalto si fuera preciso, a fin de permitir el paso del convoy. Misión de los In­genieros: destruir los caseríos, talar el bosque y eliminar defensas del enemigo en los alrededores de Tizza.

Par el mar, el general Aznar, quien años más tarde sería último presidente del Gobierno antes de la Republica, protegería el f1anco derecho con el acorazado “Alfonso XIII” secundado por el “Cata­luna” y el “Bonifaz”.

Desde antiguo los rebeldes habían tenido una lógica y especial predilección por los convoyes de Intendencia. Combatir al enemigo y conseguir un buen botín era algo a lo que un buen harqueño jamás podía resistirse. Para el Cuerpo de Intendencia, la sagrada obliga­ción de llevar como fuera el convoy a su destino impedía entablar combate frontal contra un enemigo casi siempre invisible, siendo por ello las tropas del Cuerpo las mas castigadas en proporción al numero de hombres. Había que llegar, el convoy no podía entrete­nerse, ni siquiera en su propia defensa. Cierto que casi siempre los convoyes llevaban tropas de protección, pero mientras estas busca­ban protección en el terreno en su progresión, el soldado de Inten­dencia estaba obligado a permanecer junto a su carga soportando el hábil disparo de un enemigo conocido de siempre como extraordi­nario tirador.

Salido el convoy y las columnas la presión de los rebeldes no se hizo esperar. A las once de la mañana las tropas quedaban dete­nidas no lejos de Tizza. Los mandos de las columnas no sabían como progresar. Estaban ante ese momento crucial, ya vivido pocos meses antes en Annual, en que un mínimo movimiento mal efec­tuado puede desembocar en una tragedia. EI acto se desarrolla a la vista del Alto Comisario señor Berenguer y de los generales Gómez-Jordana, Vives, Sanjurjo y Neira.

EI general Cavalcanti (ya lo había demostrado en otras ocasio­nes y lo volvería a demostrar años mas tarde) no era hombre que dejara que el tiempo resolviera los problemas; montando en su ca­ballo se dirige al oficial que manda el convoy: “Capitán, espero el convoy en Tizza”. EI capitán de Intendencia don Mariano Arangu­ren Landero, corto de talla pero extenso en decisión y coraje, le contesta: “Mi general, dentro de unos momentos daré parte a V. E. de la llegada”. EI general ordena a sus ayudantes y alas dos compañías mas cercanas que le sigan; son la primera y segunda com­pañías del quinto Regimiento de Ingenieros con los capitanes Atienza y Bas Ochoa. Con sorprendente valor todos se lanzan en dirección a Tizza. Un kilómetro de fuego horroroso, batido des de tres direcciones con fuego cruzado.

La suerte estaba de parte del comandante general. Acompañado de su cuartel general y de dos docenas de soldados de Ingenieros entra en la posición de Tizza ante la delirante alegría de los defen­sores y el asombro de un enemigo que había perdido la partida. Detrás el convoy de Intendencia con su capitán al frente que había sido herido de bala enemiga instantes antes. En sus filas, bastantes bajas. “Mi general, ha llegado el convoy”.

Coma era de esperar el valeroso gesto del general Cavalcanti produjo división de opiniones. Para unos, el general merece una laureada; para otros, su inmediata destitución. ¿Puede un coman­dante general exponer su vida, aun a riesgo de provocar una catás­trofe? ¿Debe un general, al frente de sus tropas, arriesgar su vida para anular un momento de peligrosa indecisión en el combate? Di­fícil la contestación. Sería precisa haber asistido al hecho concreto y en el instante justo en que se produce para saber, o mejor intuir, cual es el camino certero a seguir. Un cronista testigo de los hechos, Víctor Ruiz Albéniz “EI Tebib Arrumi”, aseguro que la jornada del 29 de septiembre pudo ser otro 21 de julio, aquel infausto día en que la imposibilidad de socorrer a los sitiados en Igueriben trajo como consecuencia encadenada un día 22 de trágica memoria. EI hecho insoslayable de Tizza es que la posición fue salvada y el ene­migo desalojado.

EI 15 de octubre de 1921 el Cuerpo de Intendencia celebraba su sexta patrona. EI capitán Aranguren Landero tuvo que conformarse con la doble felicitación que le llevaron al hospital Docker sus compañeros y amigos. El capitán Aranguren podía sentirse satisfe­cho del deber cumplido. Años mas tarde, En Tizzi Azza, volvería a demostrar su gran capacidad al mando de otros convoyes. De mo­mento su gesta le valió el ascenso a comandante y el que hoy, a los 94 años (1982), sea probablemente el decano de los generales españoles.

Estos son algunos de los hombres que Melilla conoció y de los que entiendo no parece justa que queden en el olvido.

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