Publicado por: Francisco Saro Gandarillas en El
Telegrama de Melilla, 14-10-1982.
El sino de los hombres y mujeres
que con sus actos o decisiones han tenido alguna trascendencia en nuestra
sociedad conduce inevitablemente al olvido. Cierto que los seres de a pie son
mas fácilmente olvidados y sus vidas anónimas no son casi nunca reseñadas en
un papel, si exceptuamos el día siguiente al de su salida de esta tierra y
siempre de forma mas bien esquemática. Particularmente entiendo como ejercicio
saludable para las colectividades el recordar de vez en cuando a aquellos
personajes que de una forma o de otra marcaron una huella personal
contribuyendo mucho 0 poco a desviar el curso de la pequeña o grande historia
local o, con no menos importantes consecuencias, a mantenerlo bien encauzado.
Por todo ello creo oportuno
extraer de la memoria histórica de Melilla algunos hechos, lugares y personajes
que han contribuido a forjar el destino de esta sin duda alguna particularísima
ciudad.
Tizza es un caserío de poca
importancia a diez o doce kilómetros de Melilla, a la derecha de la carretera
que desde el Zoco el Had de Beni Chicar se dirige a Taxuda, en el contrafuerte
Suroeste del Gurugú; el pequeño poblado esta cercano al morabo de Sidi Mohammed
Bennuis, bajo cuya sombra esta enterrado Sid Abdelkader ben el Hach Tieb, un
importante protagonista de la época en que se sitúan estos hechos. Es un terreno
quebrada, que hoy se hace extraño al visitante aunque no hostil.
En septiembre de 1921 la Comandancia General
de Melilla mantenía diversas posiciones rodeando el territorio no perdido después
de su derrumbamiento. Entre ellas, y con la importancia de cerrar el camino
hacia Melilla sobre la carretera citada, la posición de Tizza. El día 26 de ese
mes fue imposible llevar el convoy de víveres a Tizza. La posición, total mente
rodeada de rebeldes se defendía con dificultad. A decir verdad, muchos
benichicar, amigos hasta entonces, se habían unido al enemigo no habiendo
podido resistir la presión de los 500 harquenos, hermanos de religión y de
raza, asentados en Beni bu Gafar en un campamento de blancas tiendas a poca
distancia de Tizza.
Era vitalmente necesario llevar
el convoy a Tizza. En aquel momento era comandante general don José de
Cavalcanti, del Arma de Caballería, muy popular en Melilla desde 1909 en que
protagonizo la famosa carga de Taxdirt, inmortalizada en el nombre de un
Regimiento que forma parte de la guarnición durante varios años.
EI día 29 el comandante general
en persona decide ponerse al frente de dos columnas; una formada al pie del
fuerte Reina Regente al mando del general Tuero, con el cometido de ocupar las
alturas desalojando al numeroso enemigo estimado en mas de 5.000 harquenos; la
otra mandada por el coronel Sirvent, en el puente de Farhana, con la misión de
ocupar casas y poblados, al asalto si fuera preciso, a fin de permitir el paso
del convoy. Misión de los Ingenieros: destruir los caseríos, talar el bosque y
eliminar defensas del enemigo en los alrededores de Tizza.
Par el mar, el general Aznar,
quien años más tarde sería último presidente del Gobierno antes de la Republica, protegería el
f1anco derecho con el acorazado “Alfonso
XIII” secundado por el “Cataluna” y el “Bonifaz”.
Desde antiguo los rebeldes habían
tenido una lógica y especial predilección por los convoyes de Intendencia.
Combatir al enemigo y conseguir un buen botín era algo a lo que un buen harqueño
jamás podía resistirse. Para el Cuerpo de Intendencia, la sagrada obligación
de llevar como fuera el convoy a su destino impedía entablar combate frontal
contra un enemigo casi siempre invisible, siendo por ello las tropas del Cuerpo
las mas castigadas en proporción al numero de hombres. Había que llegar, el
convoy no podía entretenerse, ni siquiera en su propia defensa. Cierto que
casi siempre los convoyes llevaban tropas de protección, pero mientras estas
buscaban protección en el terreno en su progresión, el soldado de Intendencia
estaba obligado a permanecer junto a su carga soportando el hábil disparo de un
enemigo conocido de siempre como extraordinario tirador.
Salido el convoy y las columnas
la presión de los rebeldes no se hizo esperar. A las once de la mañana las
tropas quedaban detenidas no lejos de Tizza. Los mandos de las columnas no sabían
como progresar. Estaban ante ese momento crucial, ya vivido pocos meses antes
en Annual, en que un mínimo movimiento mal efectuado puede desembocar en una
tragedia. EI acto se desarrolla a la vista del Alto Comisario señor Berenguer y
de los generales Gómez-Jordana, Vives, Sanjurjo y Neira.
EI general Cavalcanti (ya lo había
demostrado en otras ocasiones y lo volvería a demostrar años mas tarde) no era
hombre que dejara que el tiempo resolviera los problemas; montando en su caballo
se dirige al oficial que manda el convoy: “Capitán,
espero el convoy en Tizza”. EI capitán de Intendencia don Mariano Aranguren
Landero, corto de talla pero extenso en decisión y coraje, le contesta: “Mi general, dentro de unos momentos daré
parte a V. E. de la llegada”. EI general ordena a sus ayudantes y alas dos
compañías mas cercanas que le sigan; son la primera y segunda compañías del
quinto Regimiento de Ingenieros con los capitanes Atienza y Bas Ochoa. Con
sorprendente valor todos se lanzan en dirección a Tizza. Un kilómetro de fuego
horroroso, batido des de tres direcciones con fuego cruzado.
La suerte estaba de parte del
comandante general. Acompañado de su cuartel general y de dos docenas de
soldados de Ingenieros entra en la posición de Tizza ante la delirante alegría
de los defensores y el asombro de un enemigo que había perdido la partida.
Detrás el convoy de Intendencia con su capitán al frente que había sido herido
de bala enemiga instantes antes. En sus filas, bastantes bajas. “Mi general, ha llegado el convoy”.
Coma era de esperar el valeroso
gesto del general Cavalcanti produjo división de opiniones. Para unos, el
general merece una laureada; para otros, su inmediata destitución. ¿Puede un
comandante general exponer su vida, aun a riesgo de provocar una catástrofe? ¿Debe
un general, al frente de sus tropas, arriesgar su vida para anular un momento
de peligrosa indecisión en el combate? Difícil la contestación. Sería precisa
haber asistido al hecho concreto y en el instante justo en que se produce para
saber, o mejor intuir, cual es el camino certero a seguir. Un cronista testigo
de los hechos, Víctor Ruiz Albéniz “EI
Tebib Arrumi”, aseguro que la jornada del 29 de septiembre pudo ser otro 21
de julio, aquel infausto día en que la imposibilidad de socorrer a los sitiados
en Igueriben trajo como consecuencia encadenada un día 22 de trágica memoria.
EI hecho insoslayable de Tizza es que la posición fue salvada y el enemigo
desalojado.
EI 15 de octubre de 1921 el
Cuerpo de Intendencia celebraba su sexta patrona. EI capitán Aranguren Landero
tuvo que conformarse con la doble felicitación que le llevaron al hospital
Docker sus compañeros y amigos. El capitán Aranguren podía sentirse satisfecho
del deber cumplido. Años mas tarde, En Tizzi Azza, volvería a demostrar su gran
capacidad al mando de otros convoyes. De momento su gesta le valió el ascenso
a comandante y el que hoy, a los 94 años (1982), sea probablemente el decano de
los generales españoles.
Estos son algunos de los hombres
que Melilla conoció y de los que entiendo no parece justa que queden en el
olvido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario