domingo, 11 de septiembre de 2011

RIFEÑOS EN MELILLA , LA EMIGRACION A ARGELIA

Los trabajos de la recolección en las grandes propiedades agrícolas de Argelia, faltas de mano de obra en las épocas de la cosecha,  atraían , desde finales del siglo XIX, a numerosa mano de obra procedente de Marruecos, sobre todo de  las kabilas rifeñas comprendidas entre  Guelaia y Bocoya, sin que faltara gente llegada incluso del lejano Sus, en la parte meridional de Marruecos. En 1906  se calculaba que unos 40.000 marroquíes acudían a los campos argelinos.

Al principio los componentes rifeños de esta singular emigración golondrina, se desplazaban haciendo el viaje a pie desde sus lugares de origen, ahorrándose el coste de un pasaje en barco que se hacía muy oneroso para aquellas gentes, generalmente de condición muy humilde.

Pero desde principios del siglo XX, con las disputas  entre los partidarios del Roghi Bu Hamara y los del Sultán Muley Abdelaziz, desarrolladas  en el territorio cercano a la frontera argelo-marroquí, hizo que los caminos fueran cada vez más inseguros, por lo que la mayoría de los emigrantes optaron por efectuar el viaje en barco. Siendo Melilla el único puerto habilitado para el tráfico marítimo entre Tetuán y Orán, punto de destino de los desplazados, hacia Melilla llevaron sus pasos los fellah rifeños.

Los kabileños hacían el recorrido  pie desde sus casas. Los más cercanos a Melilla, iban directamente de su domicilio al puerto. Buena parte de los más lejanos llegaban con anterioridad y se alojaban en una de los dos posadas que entonces había en Melilla, ambas en el barrio del Polígono.

Posada del Fraile, en el barrio del Polígono

Una de ellas, la llamada del Fraile, en la calle Estopiñán, aún  conservaba su estructura original a mi llegada  a Melilla hace 32 años. Se había habilitado, a la manera de un fondak marroquí, cuando fue construido el barrio, hacia 1891, y era propiedad del farhani  Mohammed ben Ali, conocido en Melilla como El Fraile, voluntarioso colaborador de las autoridades melillenses, quien  tuvo una destacada intervención al finalizar la guerra de Margallo. Falleció en Farhana en 1920, ya octogenario.

 La otra posada se hallaba en los números 3 y 5 de la calle Álava. En 1903 llegaron a alojarse en las posadas hasta 1.800 kabileños. Cuando en el viaje de regreso de Argelia, el barco llegaba muy avanzado el día  al puerto de Melilla, muchos  se alojaban en estos fondak, hasta el día siguiente en que partían para su dxar.

El embarque
Ante la gran cantidad de rifeños en demanda de barco, algunas compañías navieras, generalmente francesas, inglesas e italianas vieron la oportunidad que se les presentaba y destinaron algunos barcos al enlace marítimo entre Melilla y Orán; al principio ninguna compañía naviera española tuvo interés en participar en el reparto de beneficios, beneficios que en algún momento se llegaron  a estimar en medio millón de pesetas por temporada. Más tarde se agregaron algunas, en competencia con las tradicionales.
 
Los embarques, en fechas variables, se iniciaban generalmente a finales de abril o principios de mayo, según temporada, siendo el coste del pasaje, variable en función de la demanda, de unas 12 pesetas, el equivalente  a seis días de trabajo para un jornalero en Melilla, pero que suponía, en el Rif, entre 20 y 24 jornales. A esta cantidad había que añadir las 2 pesetas que cada emigrante rifeño debía pagar  como derechos de embarque a los jefecillos locales  por el simple hecho de emigrar a Argelia. En abril de 1903, el consignatario de una compañía francesa, Samuel Salama, percibía las dos pesetas de cada viajero, cantidad que posteriormente entregaba al kaid, oficial u oficioso, de la kabila correspondiente. Tras la llegada del Roghi a la zona, a quien no gustaba nada esta emigración, que no podía controlar,  este quiso seguir percibiendo el derecho anterior, a través de su Aduana, produciéndose varios incidentes que, en mayo de 1904, produjeron un muerto. Algunos de los emigrantes optaron por llegarse a Melilla en medio de la noche, para burlar la vigilancia de los secuaces de Bu Hamara.

El  precio del pasaje era variable, pero no por la política empresarial de las compañías de navegación, sino por la capacidad en aquel del gran número de kabileños que todas las primaveras  tomaban los vapores con destino a Orán.

Posadas del barrio del Polígono, situación (1913)

En 1903 fueron alrededor  de 6.000 rifeños los que embarcaron para Argelia, al año siguiente 9.000 y en años sucesivos su número fue aumentando, de forma tal que cuatro años más tarde eran entre 15 y 20.000 los emigrantes que acudían al puerto de Melilla. En un solo día entraban en Melilla 3.000 rifeños en 1908, y podían embarcar entre de 2.000 y 3.000 emigrantes.

Todos transeúntes presentaban el mismo aspecto. Provistos de su parda chilaba rifeña, con la hoz al hombro, alpargatas de esparto en las manos, y dentro de  la capucha, su sobria comida para el viaje, generalmente un trozo de pan, unos higos  y unas cebollas.

En 1904, como se he dicho,  eran compañías de navegación francesas, inglesas e italianas las que se repartían el pasaje. Los corredores rifeños, por cuenta de aquellas, voceaban a lo largo del muro X los precios del pasaje, al tiempo que agitaban los jaiques para llamar la atención. Si no conseguían el número de pasajeros esperado, y  a medida que lo hacían los corredores de las demás compañías, iban bajando los precios, en dura competencia y  en perjuicio de todas   ellas. El 19 de  mayo de 1904, comenzaron pidiendo 12,50, bajaron a 6 y terminaron ofreciendo el llamado ticket a 3 pesetas. A la semana siguiente (los viajes eran semanales), las compañías se pusieron de acuerdo, ofreciendo un precio único: 12 pesetas, pero los kabileños presentes, entre dos y tres mil, se negaron a aceptarlo, ofreciendo solo 2; como las compañías se mostraron intransigentes, embarcaron al día siguiente abonando 12,50. Poco después se rompió el acuerdo entre las navieras, y los precios llegaron a bajar hasta las 2 pesetas; el mínimo se alcanzó en el año 1905 en que, en el mes de marzo,  se abonaron 1,50 pesetas por pasaje. Eso sí, como todos los pasajes, y tal como venía escrito en  el ticket, sans nourriture, sin comida.

Esperando el embarque en la explanada de Santa Bárbara (1908)

En  este período intervino un tercero inesperado : un barco austriaco que no quiso entrar  en el pacto, y los precios volvieron a bajar  de las 12,50 pedidas a 2,50. En ocasiones los buques se volvían a Argelia sin pasaje alguno por la negativa de los kabileños a aceptar el precio ofrecido. Alguna vez la intransigencia de las compañías hacía que la mayoría de los rifeños se quedara en tierra, como ocurrió en mayo de 1906; la cara de desolación de los kabileños animó  a Miguel Bernardi a ofrecer su laud a un precio más reducido. En la primavera de 1909 eran tantos los solicitantes de pasaje que cerca de 300 tuvieron que quedarse en tierra con el pasaje pagado. La oportuna intervención del teniente Alemán, de la Guardia Civil, hizo que las consignatarias les devolvieran a unos  las 3 pesetas de pasaje,  y el propio teniente dio a otros 50 céntimos para que pudieran pernoctar en las posadas del Polígono. Las colas ante las oficinas de  los consignatarios Carlos de Izaguirre, en el Muro X, Cattan y Benatar, en la calle Alfonso XII del Mantelete, o ,años más tarde , en la de Santamaría, en el nº 2 de la calle Chacel, fueron estampa obligada en la primavera de aquellos años.

Ante la oficina del consignatario (Muro X, 1912)

Este mismo espectáculo se sucedía año tras año en el puerto de Melilla.

Desde 1905, los rifeños de la zona de Alhucemas, singularmente los de Beni Urriaguel y Bocoia, lo hacían embarcando directamente en aquellas aguas, con lo que se notó una menor afluencia de kabileños a Melilla. En 1913 hasta 2.500 rifeños esperaban en la costa de Alhucemas para embarcar, a donde acudieron buques españoles, franceses y griegos.

La escenografía del embarque era siempre la misma. Una vez en posesión del ticket, aguardaban sentados en la plaza de Santa Bárbara; a la hora del embarque se ponían de pie y en largas filas  caminaban hacia el puerto. Tomaban las lanchas que les conducían al barco, anclado en la rada, y durante este corto trayecto se les oía, invariablemente, entonar   cánticos en los que se invocaba a Dios y se despedían de los suyos. Plegaria y despedida que Jaime Tur encontraba “unísona y majestuosa”

En Argelia
No solamente  los trabajos de la recolección llevaban  a multitud de rifeños a tirra de fransis, también  los trabajos de preparación de los viñedos,    la construcción de carreteras en Argelia, o  los trabajos del ferrocarril de Uxda a Taurirt, como ocurrió en 1913, en que las obras mencionadas y la miseria extendida por el Rif debido a las malas cosechas produjo una  demanda extraordinaria de pasajes, hasta el punto que no hubo barcos para todos y parte de los trabajadores tuvo que desplazarse por tierra.

También, desde agosto de 1903, la vendimia en los campos argelinos llevaba hacia aquel territorio  por vez primera a varios centenares de rifeños. Su mejor vestimenta hacía sospechar al Telegrama del Rif, que no eran emigrantes económicos, sino gente que escapaba de los acontecimientos en la zona del Rif.

En Argelia se organizaban por grupos de 10 a 40 hombres, bajo la dirección de uno de ellos, que era quien se entendía con las autoridades argelinas, quienes  preferían a los rifeños sobre otros colectivos marroquíes, por su conducta, generalmente ejemplar; estos cabecillas se hacían cargo igualmente de los jornales devengados por los integrantes del grupo.  Desde Orán se repartían por todas las regiones agrícolas, fundamentalmente Tlemcen, Beni –Bel-Abbès y Mascara, moviéndose de unos territorios a otros por ferrocarril, por un precio previamente pactado por los jefes  de grupo con  los jefes de estación. Nunca se hacían la competencia entre los grupos. Si un grupo aceptaba como salario 2 francos diarios, los demás se mostraban conformes. Si uno era despedido, los demás dejaban el trabajo por solidaridad.

Regreso de Argelia, desembarco en el muelle (1912)

El regreso
Los emigrantes comenzaban a volver a sus kabilas de origen desde los últimos días de junio, terminada la recolección ; de nuevo volvíanse a ver la plaza de Santa Bárbara y las calles del Mantelete llenas de rifeños. Algunos volvían con un pañuelo de colores en la cabeza, distintivo de su estancia en Argelia. Muchos volvían muy enfermos y agotados por la dureza del trabajo.

Al llegar a Melilla, y una vez pasado el control de la policía, se reunían por grupos, se sentaban directamente en la calzada, alrededor del jefe de cuadrilla,  y hacían las cuentas del viaje , contando los duros y haciendo montones de monedas con la calderilla, teniendo los dedos como única calculadora. Repartido el dinero y estando todos conformes, los grupos se deshacían, y mientras unos volvían inmediatamente a su kabila, otros se paseaban por Melilla haciendo las compras necesarias en los establecimientos de efectos morunos  del Mantelete, mientras otros, los que debían desplazarse más lejos, aguardaban el nuevo día en las posadas del Polígono  .

Control de policía (Muro X, 1912)

En 1909, los que volvían de Argelia en plena campaña del Rif, se negaron a desembarcar en Melilla, ante la posibilidad der ser retenidos,  continuando su viaje hasta Tánger, prefiriendo hacer a pie los seis días o más  de marcha entre esta ciudad y sus kabilas de origen; algunos optaron por permanecer en Argelia hasta el final de la campaña. Se creía que generalmente cada rifeño llegaba con unas 100 a 250 pesetas ahorradas, aunque en este año , apenas habían llegado a las 100 pesetas, parte de las cuales tuvieron que gastar en la continuación del viaje hasta Tánger y su vuelta a la cabila, con lo que les esperaba un año de miseria hasta la siguiente emigración.

lunes, 20 de junio de 2011

EL CHERIF UAZANI EN MELILLA (1886)


El 9 de junio de 1886 fue un  día  especial para Melilla. La habitual monotonía de un día cualquiera se vio alterada ante la llegada, por el camino de la Mar Chica, de un nutrido grupo de personas sobre  caballos y mulos, dentro del cual, como más tarde pudieron comprobar los  atónitos  melillenses, venía una  envarada dama   de mediana edad, única mujer entre  el  abigarrado conjunto de magrebíes que, tras detenerse al pie de las murallas de la plaza, montó rápidamente el campamento donde pasarían las cuatro noches siguientes.
           
Pronto se supo que el esposo de la dama, y protagonista principal de tan inesperado  espectáculo, era el  Cherif Uazani, el venerado jefe espiritual de un amplio sector de habitantes     de Marruecos y Argelia, un hombre importante en el imperio magrebí a quien el Sultán jamás perdía de vista, pues  de su actitud  podían derivarse consecuencias para el trono cherifiano. Sidi  Abdeselam ben el Hach el Arbi pasaba por Melilla, procedente de Argelia, donde oficialmente había tomado los baños de la estación de Tafna, en las cercanías de la frontera argelomarroquí, pero donde se creía que más bien había tenido alguna intervención mediadora entre las kabilas  de aquella zona, siempre a favor de los intereses de Francia, a quien servía  lealmente desde pocos años antes. Para Sidi Abdeselam, Melilla era punto intermedio en su viaje por tierra  hasta  su  lugar de residencia, Tánger, a donde pretendía llegar  pasando por entre las levantiscas kabilas rifeñas, no se sabe bien si  con el fin, también, de acercarlas a los intereses franceses.

Al poco de llegar, el Cherif uazani  fue cumplimentado en su propio campamento por el  afable y acogedor  Gobernador de la plaza, el general Macías, a quien acompañaba todo su  Estado Mayor. El General deseó al Cherif una feliz y agradable estancia en la  ciudad, y  Sidi Abdeselam agradeció cortésmente al Gobernador  su  expresiva acogida. Cuatro días permanecieron  el Cherif y su comitiva en Melilla, donde presenciaron  unas maniobras del batallón del Regimiento de Navarra que entonces estaba de guarnición en la plaza, seguidas de una revista general, actos que  llamaron poderosamente la atención de Mistress Keene, la única mujer del grupo,  quien, como ella mismo escribió algún tiempo más tarde, quedó admirada del aspecto marcial de las tropas así como de su excelente equipo y, sobre todo, de la "precisión  de sus ejercicios".

Melilla (1886)

Con la comitiva magrebí venía también un  misterioso europeo, un personaje  vestido a la argelina, quien  decía desempeñar el  arriesgado cometido de médico del Cherif  y  de velar por la salud de un  santo  venerado por millones de personas en todo el Norte  de África desde  Egipto a Marruecos. Con este cargo  responsable  camuflaba su  verdadera personalidad el geógrafo francés Henri Duveyrier, un ilustre miembro de la Sociedad Geográfica francesa que entonces gozaba de merecida fama por  sus  aventurados  viajes al sur argelino, donde incluso se bautizó con su nombre alguno de los poblados descubiertos por él en el último tercio del siglo. Duveyrier pretendía   pasar desapercibido entre  el séquito de Sidi Abdselam y, de esta forma, poder  ser el primer  europeo  en atravesar el misterioso e inquietante Rif. El Colón del Rif, le llamaría Moulieras. Lamentablemente para él, el General Macías impidió tan   peligrosa intención no permitiéndole pasar de Melilla, lo que produjo una gran irritación al insigne geógrafo, quien creía que las autoridades españolas se pasaban de suspicaces con respecto a su persona, al creerle un enemigo terrible por su condición de francés. Según  mistress Keene,  la razón exacta  estribaba en el hecho de que las tribus  rifeñas habían avisado a Melilla de que no permitirían el paso de un cristiano por sus tierras. El General Macías no quiso arriesgarse a un posible conflicto con las autoridades francesas  que pudieran derivarse de un capricho del francés.
           
Sería interesante comprobar documentalmente si  Macías actuó por su propia  iniciativa o  avisado por el Gobierno, conocedor del viaje del Cherif y su  atrevido "médico"  galo.

 General Macías, gobernador de Melilla

No hubiese sido buena cosa el haber dejado pasar a un provocador como Duveyrier quien, como aseguraba  Moulieras poco más tarde (Le Maroc Inconnu...1895), fumaba y comía delante de los naturales del país en pleno ramadán, y hablaba muy mal el árabe. Aunque Duveyrier no pudo seguir al cherif, su corta aventura le  ganó la inmerecida fama de intrépido explorador del Rif.


Sidi Abdselam ben el Hach el Arbi

¿Quién era este Cherif  Uazani a quien  el desagradecido Duveyrier calificaba años más tarde de  inepto, versátil e ingrato?

Las referencias biográficas son bastante menos abundantes que las referencias políticas derivadas de su papel en Marruecos.

Era hijo del célebre Hach el Arbi, sexto cherif idrisita  dentro de la línea familiar iniciada en la ciudad santa de Uazan por Muley Abdallah Cherif  a finales del siglo XVI. Como cabeza de la misma siguieron a Muley Abdallah, Muley Mohammed, Muley Taieb (fundador de la cofradía Taibía, a cuyo frente seguirían sus  descendientes), Muley Ahmed, Muley Ali y Hach el Arbi.

Hach el Arbi, de quien  Teodoro de Cuevas (La ciudad de Uazan.1888)  decía que en más de una ocasión había hecho temblar hasta su base  el trono del Sultán  Muley Soliman, haciendo que a su voz se rebelasen  las kabilas, fue cabeza de la cofradía Taibía o Tuhamia desde el fallecimiento de su padre, Muley Ali, en 1811.Llamaba la atención por  su  gran corpulencia y su afición a viajar. Según  Segonzac (Voyages...1903) había recorrido todo el norte africano desde Tombuctú hasta el mar Rojo en una mahafa  llevada por cuatro mulos que arrastraban detrás dos cañones. Una extraña forma de viajar. Mas o menos es lo que contaba Murga de  El Arbi (Recuerdos...1868), añadiendo que,  dado que la multitud no podía tocar sus vestiduras, el santo  sostenía  en sus manos una larga cuerda  por la que, al cogerla, le llegaba  al devoto la baraka del cherif. Gran taumaturgo, capaz de realizar los milagros más increíbles, ninguno de sus fieles  dudaba lo más mínimo de sus  extraordinarias cualidades.

Cuenta Durham (Our mission...1881), que Sidi el Hach el Arbi, en una época en que la sequía hacía estragos en la zona, hizo salir agua de una piedra formando un río que alivió  considerablemente la penuria de los atribulados campesinos .No es de extrañar que le tuvieran tanta devoción.

Estando en el lecho de muerte, se le preguntó, según la costumbre, que a quien nombraba sucesor, a lo que respondió: "A aquel de mis hijos que a mi muerte, que ya está cerca, se encuentre en la posesión de mi bastón". Oído esto por la astuta madre de Abdselam, escondió el bastón entre las cosas de su hijo, en donde se encontró a la mañana siguiente del fallecimiento del santo.

No se sabe con certeza el año de nacimiento de Sidi Abdselam. Por referencias indirectas podemos colegir debió ser hacia  1830. Según  Gatell, en 1862 tenía 30 años, pero Murga unos años después también asegura que debía tener unos treinta años. Al decir de Aubin  (Marruecos... 1908) ,el Hach el Arbi falleció en 1851, siendo, como hemos dicho, sucedido por  Abdselam, quien en un principio tuvo el apoyo incondicional de sus seguidores,  persuadidos de que el hijo mantendría  el mismo aura de santidad que el padre. Sus partidarios no supieron o no quisieron ver lo evidente: que el hijo no se parecía en lo más mínimo a su padre. Decía Godard (Le Maroc. Notes...1859) que el cherif  era "menos fanático que los que le veneran, ya que ha visto Marsella y hecho el viaje de Alejandría en uno de nuestros navíos...”

Participó  el Cherif en la expedición que el Sultán Sidi Mohammed organizó contra el  primer Rogui habido en Marruecos y que daría el nombre a los demás, el disidente Yilali, lo mismo que años antes había participado  en la  Campaña de Tetuán mandando las tropas marroquíes antes de que Muley El Abbas se hiciera cargo del mando supremo de las mismas. No le fueron nada bien las cosas al Cherif en la última campaña, como es bien conocido, pero tampoco se podía esperar que un joven de  veintitantos años fuera un buen táctico ni mejor estratega. En aquella época se contaba en Marruecos que en uno de los combates contra los españoles había animado con tanto  énfasis a los suyos que estos habían cargado con fiereza sin igual contra aquellos, produciendo gran admiración entre sus propios enemigos. A pesar de ello, perdieron aquel bravo combate.

 Sidi Abdeselam ben el Hach el Arbi (1893)

Gatell (Revueltas...1862) le  dibuja como un hombre  de treinta años, algo moreno, con breve bigote negro,  poca barba, figura simpática, rostro agradable y bastante obeso a fuerza de estar siempre sentado y de alimentarse a cada instante. La  misma figura que tendría hasta su muerte. Le llama el Papa de Marruecos y le define como un pequeño monarca, con tanta autoridad como el propio Sultán. Es evidente que se trata de sus primeros años de figura pública. Su   feudo de Uazan era  refugio inviolable para perseguidos por el Majzen, que no eran escasos. Ya entonces tenía una  fuerte inclinación hacia los gustos europeos, y una especial dedicación  a la colección de armas de fuego. Como gusto especialmente chocante en Marruecos  diremos que, según Gatell, tenía con él un piano y un pianista. Una mentalidad más europea que marroquí.

En esa época aun era objeto de una veneración indescriptible. Asaltado por multitud de gente a su paso, gente que  besaba el suelo ante él, sin olvidar nunca, condición importante, una ofrenda en especie, o en dinero, que  Sidi Abdeselam recibía  con gran satisfacción,  y gracias  al cual pasaba por ser  uno de los hombres más ricos de Marruecos, si no el que más. Su influencia no tenía límites, y su capacidad de  taumaturgo era infinita igualmente. Por ello decía Murga)que curaba a los enfermos con el tacto,  devolvía la vista a los ciegos, el oído a los sordos, el habla a los mudos, enderezaba a los tullidos, que entonces eran legión. Tenía el raro don de la bilocación; es decir, podía estar en dos lugares distintos al mismo tiempo, pues, según el Moro Vizcaino, en el 54 le vieron el mismo día y a la misma hora en La Meca, en Tánger y en Uazan.

Hasta  su asentamiento definitivo en Tánger, hacia 1870, finalizado el reinado de Sidi Mohammed, vivía a caballo entre esta ciudad y  Uazan, pero sus ausencias de la segunda se fueron haciendo cada día más  largas hasta  hacerse rara la visita a su ciudad natal, donde siempre tenía algún familiar, cherif idrisita, que cumplía los deberes de anfitrión en su nombre. Para  él, el Tánger de los cristianos, Tánger la Perra como la llamaban los  devotos musulmanes, tenía un infinito atractivo mayor que  el Uazan  de sus ancestros, de quien  no hablaban nada bien los  viajeros europeos que por entonces se atrevían a cruzar  los inseguros caminos del Imperio, considerándola población sucia  y decadente.


Mrs. Emily  Keene

Si hubo un golpe moral tremendo para sus incondicionales devotos, ese fue su matrimonio con la inglesa  mistress Emily Keene. La noticia de la boda corrió desde Tánger por todo Marruecos produciendo un estremecimiento en el alma  hasta entonces enfervorizada de  sus  fieles  correligionarios. Nada cuesta  imaginar  la conmoción que  tal hecho  debió producir, no ya en  sus  más afanosos seguidores, sino en todo buen  musulmán  que se preciara de serlo.

Sidi Abdeselam tenía, con anterioridad,  cuatro mujeres marroquíes, siendo por lo menos una de ellas de origen bereber. Tenía  tres hijos de estos matrimonios anteriores.  En una época anterior se le conoció incluso alguna  veleidad con respecto a una bailarina española que actuaba en un teatro de Tánger, pero que no pasó de escarceos sin importancia. El asunto de mrs. Keene era un asunto serio, agravado por el hecho de que  antes de su boda con la inglesa había abandonado a sus mujeres musulmanas.
           
¿Quién era  la señorita Keene? Las noticias  que nos han llegado no son coincidentes. Para unos, se trataba simplemente de una especie de criada al servicio de la familia Perdicaris en Tánger, versión rápidamente aceptada por los enemigos del Cherif. Para otros era una sencilla señorita de compañía de la joven Perdicaris. Para los más proclives a Sidi Abdselam, era una señorita de buena familia  que  vivía sencillamente con los americanos. Poco o nada se sabía, en realidad, de ella.  Los  datos más  elogiosos los proporciona  mademoiselle Zeys (Une française...1908). Según Zeys, Mrs. Keene descendía, por vía materna, del arzobispo Wharram, que ocupó la sede episcopal de Canterbury en el siglo XVI. Su padre fue gobernador de la prisión de Horsemonger Lane.
           
El Cherif conoció a la  señorita  Keene en uno de sus frecuentes paseos por la ciudad, encaprichándose de ella. Después de hacerse el encontradizo en numerosas ocasiones con  la joven inglesa, se formalizaron las relaciones en una velada organizada en casa de los Perdicaris a la que fue invitado Sidi Abdselam.

 Tánger, escena callejera (1895)

El matrimonio se celebró el 17 de marzo de 1873 en la legación de  Inglaterra,  siendo el oficiante el todopoderoso y célebre  ministro plenipotenciario de Inglaterra Sir John Drummond-Hay, hombre astuto  y muy al cabo de los asuntos del Imperio, de quien no sabemos si debemos sospechar algo en cuanto al matrimonio de su  paisana Mrs. Keene con el  Cherif. Para Sir John, la razón de estado hubiese justificado una boda como aquella, siempre que hubiese sido posible llevar a Sidi Abdselam hacia los intereses de Inglaterra.

La ceremonia ha sido relatada  en apéndice en una obra de  Arthur Leared (Morocco...1876), en el que describe los  siete días que duraron los festejos en Tánger, festejos en los que ni siquiera faltó un día dedicado a los mendigos de la ciudad y alrededores, dando una  muestra de la generosidad del Cherif. El tedesco Conring no veía el asunto de la boda de forma tan sencilla (Marruecos...1881),pues entendía la cuestión como un magnífico negocio de la señora Keene, a quien  Sidi Abdselam se obligaba a pagar  100.000 francos, y, lo que era cierto, se obligaba también a aceptar que conservara su religión y su  vestimenta habitual. Con todo ello transigió el Uazani, lo que le hacia aún  más sospechoso a los ojos de  sus hermanos de religión.

Sin embargo la boda no acabó con la devoción de sus fieles hacia  Sidi Abdselam. Si el Cherif  ha  casado con una cristiana es porque lleva el camino debido.

Cuando Leared viajaba por Marruecos, tres años más tarde, Sidi Abdselam había recuperado, si no toda, parte de su fama anterior, y seguía siendo considerado, junto con el Sultán, como el hombre más poderoso del Imperio. Debía conservar un buen aspecto, pues a Leared le pareció que tenía unos 35 años, cuando debía tener no menos de  45; eso sí, demasiado gordo  para ser un hombre activo. Decía  el irónico inglés que la  cofradía que presidía  (recordemos: la Tuhamia o Taibia), rivalizaba en astucia y ambición con los jesuitas, y según este viajero su influencia  llegaba entonces hasta Bombay.

 Tánger desde la playa (fines del siglo XIX)

En esta época vivía en  Tánger en una casa situada en las cercanías del viejo Hotel Continental, aún hoy en activo, casa acondicionada a la europea, donde Leared vio, como sorprendente innovación en Marruecos, unas cuantas sillas. Aquellas  veleidades del  Cherif, según Leared, debían producir no poco rencor entre sus paisanos de la ciudad. Este mismo autor insistía en que Sidi Abdselam se ajustaba en lo que podía a las costumbres   europeas. Con prejuicio muy occidental, el inglés escribe: "no come a la usanza moruna y es muy fino en la mesa". Para colmo de actitudes perversas era voraz lector de periódicos ingleses, una rareza  en un  país donde no había ni un solo diario, excepto, claro está, el único que entonces se publicaba en  Tánger por la colonia  extranjera. Atendían a las necesidades del ilustre  Uazani nada menos que diecisiete criadas, algunas de las cuales eran esclavas que "obedecían sus más insignificantes deseos". Lo mejor de tan nutrido servicio era que, si bien era vestido y mantenido por  Sidi Abdselam, no percibían ni una sola peseta, pues servir al cherif era un honor, y con estar a su servicio se estaba suficientemente retribuido. Los niños nacidos entre sus domésticos pasaban a  formar parte del grupo auxiliar en cuanto llegaban a la edad conveniente.


Al servicio de Francia

Según  Antonio Ramos (Perlas negras...1903), por aquellos años Sidi Abdselam quiso hacerse súbdito español. Dice el  africanista ceutí que en el año 1877 se presentó en Ceuta con ocasión de una visita efectuada por Alfonso XII a la ciudad, pero el Rey  no le hizo el  más mínimo caso, lo que  ocasionó que el Uazani montara en cólera y se pasara al campo francés. Hubiese sido extraño que  el Cherif pidiera hacerse súbdito español; mas bien habría que pensar que su solicitud fuera la de ser protegido español. Esto es lo que  afirma León Fernández (Nuestros soldados...1907) al decir que en 1879 pidió  el Cherif de Uazan la protección de España, siendo rechazado. Aunque la fecha no coincide, debe tratarse sin duda del mismo caso. Taviel de Andrade aseguraba que el Cherif solicitó a España ayuda en su conspiración contra el Sultán y esta se la negó.

Conring, que visitó Marruecos en 1879,  no daba al Uazani  el mismo predicamento. Se refería a él como "uno de aquellos parásitos que viven del sudor del pobre pueblo". Según el alemán había bajado muchos puntos en la estimación de su gente. Pero poco tiempo más tarde  recorría Bonelli aquellos parajes y no llegaba a la misma conclusión. Según el joven teniente (Observaciones...1882) ,  el Cherif " a pesar de su conducta poco ejemplar, disfruta todavía de gran prestigio y consideración, teniendo siempre a sus órdenes a la mayoría de los creyentes que le obedecerán como si sus decisiones fueran infalibles". Seguía curando enfermos y recibiendo importantes regalos por ello.

Por los años en que Conring y Bonelli viajaban por Marruecos, el Cherif  solía  dedicarse a sus aficiones cinegéticas en las cercanías de Tánger. En una de ellas se lo encontró el capitán Durham en un viaje que hacía a Fez con Sir John;  por cierto que Durham lo llama "el Papa de Roma en Marruecos". Según parece, fue algún encontronazo con Drummond -Hay en una cacería lo que distanció definitivamente a ambos personajes, en una época en la que, según  Cervera pretendía hacerse súbdito inglés.

 Sir John Drummond-Hay, ministro inglés en Tánger

Rechazado por España y  en malas relaciones con Inglaterra, nada de extraño tuvo que Sidi Abdselam cayera en las redes del  audaz diplomático francés  Ladislao Ordega. Por  aquellos años ya no disimulaba Francia su enorme interés en los asuntos del Magreb el Aksá. El hecho de tener frontera común con  Argelia, en manos de los franceses desde 1830, les hacía pensar  que sus derechos a intervenir en Marruecos superaban con mucho al de cualquier otra potencia. No estaba de acuerdo el gobierno español, quien, a su vez, pretendía contar con mayores y mejores títulos para influir en el país vecino, afirmación que rechazaban los galos al considerar que España llevaba cuatrocientos años en la costa  africana sin haber adelantado un paso. Bajo un punto de vista estrictamente imperialista no dejaban de tener razón, y el imperialismo de las grandes potencias estaba de moda entonces y lo sería estando años más tarde.

Nuestro Cherif, pues, como dice Cervera, "cayó en las redes tendidas por monsieur Ordega", ministro francés en Tánger, y se incluyó entre los protegidos por Francia. Desde entonces, según el oficial de Ingenieros, comenzó Francia su  plan de anexión de Marruecos.
           
Desde unos años antes prestaba ya el  Uazani servicios importantes a Francia, haciendo de intermediario, por ejemplo, en las disputas de Francia con las kabilas  situadas a caballo de la frontera argelomarroquí. O proporcionando cartas de recomendación a Foucauld para que viajara sin riesgos por todo Marruecos.

 Frontera argelomarroquí (1884)

El paso dado por Sidi Abdeselam no fue bien visto por las potencias   europeas, sobre todo  por Inglaterra y España, pero tampoco entre sus propios compatriotas, quienes comenzaron a llamarle Abdselam  "el fransaisi."

No hay más que observar el tono de los participantes en el famoso Mitin del Teatro de la Alhambra para ver  que  la decisión del Cherif  se consideraba  una agresión  al "status quo" y una afrenta para los participantes, cuatro años antes, en la Conferencia de Madrid, conferencia  planteada precisamente para regular el discutido "derecho de protección". Coello y Costa  protestaron airadamente  ante la audiencia, apelando a la citada conferencia con el objeto de  que sus participantes  intervinieran y se opusieran  al hecho consumado. De nada sirvió.  Y de todas maneras, todo era una cuestión de oportunidad, y España la había perdido. Tres años más tarde, el interventor del puerto franco de Melilla, Francisco Rojas Godoy, afirmaba  que eso era lo que España tenía que haber hecho y entonces sería  ésta el árbitro de los destinos del Imperio marroquí; eso sí, con un matiz, "para educarlo y para protegerlo".

En Marruecos, por lo mismo, fue grande el disgusto. Según el mismo Cervera, una romería que se había organizado, como de costumbre, para ir a Uazan y cumplimentar al Cherif, se enteró por el camino de la nueva situación del  Uazani, y sus 800 participantes se  dieron media vuelta y se volvieron a sus pueblos con los regalos. Muy mala señal para Sidi Abdeselam.

De hecho este fue  el principio de la decadencia  de la devoción hacia el Cherif en Marruecos. No es que  perdiera del todo su antigua carisma, cosa que jamás pierde un  cherif de su categoría, sino que ya no levantaba los entusiasmos de antaño. Únicamente en Argelia siguió conservando su  prestigio de siempre, prestigio que el Uazani procuró mantener haciendo frecuentes viajes al país vecino. De la vuelta de uno de los viajes, con parada en Melilla, hago referencia al comienzo de estas líneas. No perdió tampoco su importante patrimonio, sobre todo en su feudo de Uazan, donde era dueño de buena  parte de aquello que podía dar alguna renta. Las notas de Teodoro de Cuevas, cónsul en Larache por aquellos años, son muy ilustrativas. Sin embargo, para escarnecerlo,  el  sultán Muley Hassan  situó en Uazan un  "mul ez zauía ", es decir un administrador de los bienes de la zauía uazani, con la consiguiente pérdida de poder y prestigio para el cherif. Se decía entonces que estaba comprometido  con las tribus norteñas para desalojar del trono al Sultán.
            
 Uazan (1900)

Una muestra de que el poder del  Uazani  no llegaba entonces a todas partes en Marruecos nos la cuenta  Gabriel de Morales en sus "Datos". El oportunista  Conde  de Chavaignac vio un magnífico negocio en alguna mina de las que entonces se pensaba  estaba lleno el Rif. Según Morales, su pretensión era reconocerlas; según Castonnet de Fosses, (Marruecos...1884), que da la fecha equivocada de 1880, cuando fue en enero de 1884, la mina de cobre fue efectivamente adquirida por Chavaignac. Como el Conde  no se atrevía a penetrar en el  misterioso país, del que se contaban historias espeluznantes, requirió la ayuda de Sidi Abdeselam, quien amablemente  se prestó a escribir una carta con la que se pensaba se abrirían de par en par las puertas del Rif. De nada le sirvió a Chavaignac tan  codiciado documento. Los rifeños se negaron a permitirle la entrada en  el Rif, y el Conde se tuvo que ir por donde había venido.

De este autor, Castonnet des Fosses, extraigo algunos datos sobre el  supuesto poderío del Cherif en esta época.  Según éste, en 1884 Sidi Abdeselam mandaba sobre más de 10 millones de musulmanes; en Argelia reconocían su autoridad más de 50.000 kabileños, y el mokadden de su cofradía en El  Cairo gozaba de un prestigio tan grande como cualquier embajador de una potencia europea. Estaba considerado la primera autoridad religiosa en Marruecos y en todo el occidente africano. Y después incluye la frase que da la clave de lo anterior: "en todo el país se advierte un movimiento favorable a Francia". Por eso los franceses facilitaban muy buenas referencias del Cherif, como, por ejemplo,  Marcet (Marruecos... 1888) que le sitúa como hombre "favorable a las ideas modernas de civilización y progreso". Era uno de los suyos y primer peldaño para penetrar  mas o menos solapadamente en el país vecino.
           
Pocas dudas hay de que el Cherif de Uazan les sirvió de muy poco a los franceses. Parece claro que su principal cuidado fue el de vivir lo mejor posible, cuidando  de sus propios intereses. Alguna intervención, no demasiado lucida, tuvo en Argelia, donde vivía largas temporadas (Mouliéras. Le Maroc...1895), porque allí tenía importantes intereses.  Poco después de que el Uazani abandonara este mundo, decía Mouliéras, con el mayor desparpajo, que en Marruecos había millares de Chorfa más venerados que el patriarca de Uazan. Cuando ya no les servía de nada.

Final del Cherif  Uazani

Sidi  Abdselam ben el Hach el Arbi falleció en Tánger en 1892.Sus últimos años fueron  grises y anodinos. Poco considerado, criticado en la ciudad (Muro. Ocho días...1891) , con la salud maltrecha y prácticamente separado de la "cherifa", la "seniora" como la llamaban en la ciudad, quien se había volcado  hacia la educación de sus hijos, Muley Ali y Muley Ahmed, y a las obras de caridad, el Uazani  desapareció de la escena magrebí, dejando como sucesor a su  primogénito, tenido con una de sus primeras mujeres,  Muley el Arbi, un hombre que apuntaba rasgos de demencia desde sus  primeros años, y a quien había dejado a cargo del feudo  de Uazan durante sus correrías.

Muley Hassan (1893)

Cuando Boada (Allende...1895) se cruzó con El Arbi en 1894, camino de Marrakech, le vio como un hombre joven, de fisonomía simpática y poblada barba negra. Según uno de los marroquíes acompañantes de Boada, era mucho más fanático que su padre, no gustaba del trato con europeos y, al contrario que  aquel, se le consideraba muy afecto a la persona de Muley Hassan. Alejado de Tánger y todo lo que ello suponía, vivía entre Alcazarquivir y  Uazan. Su enfermedad mental  le hacía aún más santo a los ojos de sus paisanos. Hacia finales del siglo se encerró en su casa de Uazan y no salía para nada. El marqués de Segonzac  confirma su locura, pero añadiendo  que Muley el Arbi era gran  consumidor de hachich y opio, aunque su locura  era inofensiva. Nunca intentó, como su padre, jugar un papel político en Marruecos, y ni él ni sus hermanos pretendieron convertirse en competidores del nuevo sultán  Muley Abdelaziz. Al parecer (Pinon. Lémpire...1912) una antigua profecía había predicho que  ellos no reinarían jamás, por lo que siempre se conformaron con su preeminencia religiosa, y con percibir las abundantes ziaras  provenientes de sus  abnegados seguidores, tal como con tanto estilo nos ha contado el Walter Harris (Le Maroc disparu. 1929)

Muley el Arbi murió muy joven, lo mismo que su hermano Muley Mohammed, también con problemas mentales. Una desgracia familiarmente colectiva, puesto que el tercer hermano, Muley Thami fue  aun peor, un loco furioso del que no hubo forma de hacer vida. La palabra "desgracia" hay que tomarla en un sentido relativo y siempre bajo una óptica exterior al  Islam, puesto que, precisamente por su locura, los contemporáneos de los Uazani consideraban a todos ellos en el más alto grado de la santidad.

Solamente los hijos de la "seniora", Muley Ali y Muley Ahmed, se salvaron del estigma. Asentados en Tánger, apenas se movieron de esta gran ciudad, donde  desempeñaron cargos oficiales de relieve durante su vida.

En cualquier caso, ni unos, ni otros, tuvieron la relevancia que tuvo su padre en unos años en que  las  ambiciones de las potencias  en liza diplomática en Marruecos pretendieron hacer del Uazani un elemento más del juego de intereses encontrados  en la pugna por destacar  en la influencia sobre el país magrebí.

domingo, 27 de febrero de 2011

GUERRA 1914-18. ALEMANES EN MELILLA

Comenzada la guerra mundial en 1914, Alemania, siguiendo un plan trazado en el año anterior, se propuso llevar la contienda a tierras de Marruecos para, de esta forma, distraer fuerzas militares francesas, impedir que fueran conducidas al escenario europeo de la guerra y provocar una reacción del pueblo marroquí contra la potencia protectora.

Al principio los alemanes intentaron que los predecesores del sultán Muley Yussef, Abdelaziz y Hafid, se sumaran a su causa y promovieran en Marruecos un ambiente favorable a Alemania. Fracasado este intento, y tras la entrada de Turquía en la guerra, movieron sus resortes para  excitar el ideal panislámico en todo el norte de África en contra de Francia. En la zona española se pusieron en contacto con personajes tan caracterizados por su posición antifrancesa como Raisuni y Abdelmalek, utilizando para ello a varios agentes expresamente desplazados a aquella tierra. Varios de ellos, llegados a Tetuán y Larache,  fueron expulsados en la zona occidental del protectorado, y  Raisuni quedó neutralizado.

En la zona oriental no había, dentro del territorio marroquí, ciudades de la importancia de Larache y Tetuán donde poder desarrollar las maniobras alemanas con la suficiente discreción, habida cuenta de la actitud neutral adoptada por el Gobierno español ante el conflicto europeo.

Solamente Melilla reunía las condiciones necesarias para servir de base a los manejos alemanes en contra de Francia, y hacia allí se encaminaron los agentes reclutados por la potencia europea.

Carlos Coppel, fábrica de relojes (calle Fuencarral, Madrid)

Como avanzada de los manejos alemanes, a finales de junio de 1915 llegaron a Melilla Carlos Coppel y su hijo del mismo nombre, industriales relojeros muy conocidos en Madrid por  su establecimiento de la calle Fuencarral. En Melilla estudiaron la situación, las posibilidades de actuación y los eventuales colaboradores para la causa. En aquella época la colonia alemana en la ciudad era muy reducida; apenas siete personas, entre las que destacaba el relojero  Pablo Rettschlag, establecido en la calle Margallo de la ciudad,  llegado a Melilla en septiembre de 1907, con 30 años de edad, inaugurando su establecimiento en el mes de noviembre siguiente, con el nombre de Relojería Alemana, en el número 19 de la citada calle. Casado con una española, María Calvo, pronto se hizo popular e indispensable en el colectivo de relojeros, hasta el punto de que en 1912 se le adjudicó el mantenimiento del reloj de la Torre. Contactado por los Coppel, se entregó por completo a su nuevo papel, llevando el asunto con la mayor discreción. La misma discreción que, setenta años más tarde, mantenía su hijo, en su pequeño local junto al mercado del Polígono, cuando le preguntaba sobre  el papel desempeñado por su padre en la época a que me refiero en esta página.

Regresados a Madrid los Coppel, en el mes de septiembre siguiente volvió por Melilla Carlos Coppel hijo, con el objeto de abrir en la ciudad una sucursal de la casa que sirviera como tapadera de sus actividades antifrancesas. Abrió su primer establecimiento en el número 7 de la Plaza Hernández, esquina con Carlos Ramírez de Arellano, en la llamada rotonda del Parque Hernández. Más tarde pasaría al número 23 de la calle O’Donnell.


Alemanes y germanófilos en Melilla; de pie, a la izquierda, Rettschlag; a la derecha, de pie, Gerlach de Ward (1916)
916)

Siguiendo las instrucciones del Gobierno, las autoridades de Melilla hicieron lo posible para evitar cualquier manifestación pública de simpatía por cualquiera de los bandos contendientes en Europa, hasta el punto de que ni siquiera durante las fiestas locales se permitió hacer pública la más mínima alusión al tema. Esto no impedía el que fueran conocidas las inclinaciones de diversos sectores sociales de la ciudad por uno u otro bando. Parte de la colonia hebrea, originaria de Argelia, simpatizaba con los franceses; un amplio sector de los militares, por el contrario, se decantaba por los alemanes. En ambos casos, sin  embargo, no hubo una destacada manifestación pública de sus simpatías. Dentro de la colonia musulmana establecida en Melilla, no era un secreto que Abdelkrim mostraba  claras simpatías por Alemania, y con él la mayor parte de la colonia.

La neutralidad ordenada por el Gobierno, por la que se llegó a paralizar las operaciones de guerra en la zona, no fue del agrado de los militares españoles en Marruecos, pues entendían, y el tiempo les dio la razón, que este intervalo sería aprovechado por las cabilas opuestas al avance español para reorganizarse y rearmarse.

En enero de 1915, Abdelmalek, reclutado por los alemanes en Tánger, donde desempeñaba el cargo de inspector del tabor de Policía, abandonó la ciudad y, tras varias peripecias, se estableció en los límites del Rif con la zona francesa, donde mantuvo viva la disidencia de las cabilas limítrofes en contra de Francia.

Para colaborar en el mantenimiento del sistema organizado por Alemania en Marruecos, desde Melilla actuaba también Franz Farl, un extraño personaje, alemán de origen desconocido que, según Galbán (España en África…1965), hacia 1908 prestaba sus servicios en los trabajos preparatorios de la mina Navarrete, información que me llama la atención, pues no parece que en fecha tan temprana estuviera ya en formación la compañía minera, que, según mis datos, no comenzó su andadura hasta 1910. Según otra información, más aceptable,  Farl había sido delineante de Arturo Netter, sucesor de Navarrete,  por lo que hay que retrasar su estancia en Melilla hasta 1910, lo que parece más razonable.      Terminada su misión, Farl,  volvió a su tierra, y al estallar la guerra del 14, se reintegró a Melilla con pasaporte norteamericano. Allí, según Galbán, se reunió con Jorge Gerlach de Far, sobrino de Coppel padre, llegado como representante de Alemania e instalado en la Plaza Hernández. Parece  que Galbán confunde a Farl con Carlos Coppel hijo . De hecho ni siquiera menciona la estancia en Melilla de Coppel. En Melilla Farl estableció contacto con Abdelkrim (Memoires…1927)., que vivía a pocos metros de la casa de Farl en la calle García Cabrelles, y allí, según cuenta el propio rifeño en sus discutidas memorias, el alemán le propuso, previa entrega de dinero y armamento, la creación de una harka contra Francia, pero, según asegura el urriagli, “no tragó el anzuelo”. Más tarde, a la vista de que no se conseguía un compromiso formal por parte de los españoles de no ocupar el Rif, el propio Abdelkrim propuso a Farl la puesta en marcha de una operación contra la zona francesa y la creación de una medalla de 4.000 hombre que  “montarían la guardia del Rif”. Esta fue, al decir de Abdelkrim, la razón por la que los españoles le encarcelaron en Cabrerizas Bajas, según unos, Cabrerizas Altas, según otros, o Rostrogordo, según terceros, al confesar al juez su decisión de ocupar la zona española. Farl, a quien los naturales llamaban El Ratón (far, ratón en árabe), deambuló por los campos rifeños, supuestamente interesado en negocios mineros, y vuelto a Melilla,  enfermo de fiebres tifoideas, murió en su casa de García Cabrelles  el 28 de noviembre de 1915. No fue enterrado en la ciudad, por lo que sus restos debieron ser enviados a su país de origen.

 Abdelmalek

De la casa Coppel, y a través de intermediarios, entre ellos El Farl, y entre los que había  algunos  destacados rifeños, llegaba el dinero a los disidentes antifranceses encabezados por Abdelmalek. Según las controvertidas  memorias de Abdelkrim, no solamente el dinero, sino el contrabando de armas era gestionado por Coppel, armas que pasaban, decía, por la aduana de Melilla, turbio asunto en el que aseguraba estaban implicados sus funcionarios. Demasiado burdo el sistema para ser cierto, teniendo en cuenta que a  Francia  no le faltaban observadores en Melilla que le informaban de todo lo que ocurría en la ciudad, como se pudo comprobar cuando Lyautey denunció las actividades de Abdelkrim en la ciudad, denuncia que se tradujo en su procesamiento.

Para colaborar con la casa Coppel, y asesorar a Abdelmalek en sus maniobras, llegaron a Melilla un coronel y un comandante del ejército alemán, que se movían por los campos del Rif disfrazados de moros.

Es imposible creer que todo esto fuera desconocido por la Comandancia General de Melilla, al mando de la cual, en aquellos años, se sucedieron Gómez Jordana y Aizpuru Mondéjar.

Las andanzas de Carlos Coppel por la ciudad, en la que cada vez con mayor descaro distribuía propaganda alemana, llegaron a oídos  del Gobierno Romanones, quien ordenó la expulsión inmediata del alemán en marzo de 1916. Según el propio Conde (Notas de una vida…1947) fue sustituido por un tal Tausent, que ni Galbán (España en África…) ni Madariaga (Abd-el-Krim…2009) mencionan. Ambos mencionan, sin embargo,   a Hermann Bartels,  que siguió la misma estela de los anteriores y que permaneció en la zona hasta la finalización de la guerra. Para seguir las andanzas de los agentes alemanes  por la zona rifeña, es aconsejable la lectura de ambos autores.

 Relojería Alemana de Pablo Rettschlag en el barrio del Polígono

En tanto se efectuaba el relevo de Coppel en la direccion de la sucursal de Melilla, quedaba  a cargo de los intereses alemanes en la zona el relojero Rettschlag de la calle Margallo, a pocos pasos del domicilio de Abdelkrim. Sería  el pariente de Coppel  Jorge Gerlach de Ward, natural de Frankfurt,  quien reemplazaría a su sobrino en la gerencia de la sucursal de la casa Coppel de la calle O’Donnell.

Para llevar a cabo sus propósitos contaba con intermediarios fuera de sospecha entre los notables del Rif.

En aquella época prestaba sus servicios en la Policía indígena el entonces capitán Antonio Villalba Rubio, quien, en un librito poco divulgado (Gallofas…1941), describe el sistema utilizado por los agentes alemanes para allegar recursos a las harkas anti-francesas. Menciona Villalba la sorpresa de la policía cuando se enteró de que la última remesa de dinero para la harka de Abdelmalek, había salido de la casa del Bachir Ben Sennah, en el barrio de pabellones del Buen Acuerdo. El dinero, un  importante cantidad de  billetes de banco, treinta y tantas mil pesetas en total,  recibido de Gerlach, tuvo que cambiarlo El Bachir  por moneda, y  remitirla así a la harka, a través de Tafersit, utilizando para ello cuatro mulos, que emprendieron el viaje por la noche  llevando como conductor al suegro de El Bachir, de Beni Sidel,  que conocía perfectamente los caminos apropiados para pasar desapercibidos. El astuto Bachir avisó del envío al Hach Amar, con el que estaba previamente de acuerdo en repartirse el dinero, dándole instrucciones para atajar la reata y apoderarse de su valiosa carga, que sería más tarde repartido entre ambos. Pero antes de la salida de aquella, El Bachir, que observaba la causa alemana como perdida,  se había quedado con la mayor parte del dinero, dejando una pequeña cantidad para su socio el Mtalzi. Despechado, el Hach Amar se apresuró a contar lo sucedido a la policía. En casos como estos la discreción y el silencio, tratándose del representante del Sultán en la zona, parecía ser  la postura más conveniente.

El Bachir ben Sennah (Lázaro, 1915)

Como es sabido, todo este entramado de espías y dinero alemanes  no sirvió para que los agentes alemanes consiguieran sus propósitos, pues la guerra europea terminó con su derrota.

Alemania recompensó los servicios prestados por Pablo Rettschlag y Jorge Gerlach, con la Cruz de hierro alemana de segunda clase.

Carlos Coppel Gerlach, en Madrid, mantuvo en silencio su pasado como agente alemán en Melilla hasta su fallecimiento en 1967, de tal forma que su nieto Carlos Coppel Hidalgo, y sus hermanos Amelia y Francisco, residentes en esta misma ciudad, desconocían la aventura melillense de su abuelo.

Gerlach de Ward abandonó Melilla tras la finalización de la contienda y en su lugar tomó la dirección del establecimiento de la calle O’Donnell Carlos Redondo Gallego, casado con Carlota Coppel,  hermana de Carlos. Redondo falleció en Melilla el 17 de diciembre de 1921, siendo su cadáver trasladado a Madrid. Para sustituirlo volvió de nuevo a Melilla Jorge Gerlach de Ward, quien falleció a su vez, de bronconeumonía, el 15 de marzo de 1922. Enterrado en Melilla, el paso del tiempo ha ido desdibujando el su nombre, grabado en la  lápida que oculta sus restos, como queriendo borrar el último recuerdo de una época en que Alemania pretendió ganar la guerra europea utilizando, entre otros medios, la  ciudad de Melilla.