domingo, 27 de febrero de 2011

GUERRA 1914-18. ALEMANES EN MELILLA

Comenzada la guerra mundial en 1914, Alemania, siguiendo un plan trazado en el año anterior, se propuso llevar la contienda a tierras de Marruecos para, de esta forma, distraer fuerzas militares francesas, impedir que fueran conducidas al escenario europeo de la guerra y provocar una reacción del pueblo marroquí contra la potencia protectora.

Al principio los alemanes intentaron que los predecesores del sultán Muley Yussef, Abdelaziz y Hafid, se sumaran a su causa y promovieran en Marruecos un ambiente favorable a Alemania. Fracasado este intento, y tras la entrada de Turquía en la guerra, movieron sus resortes para  excitar el ideal panislámico en todo el norte de África en contra de Francia. En la zona española se pusieron en contacto con personajes tan caracterizados por su posición antifrancesa como Raisuni y Abdelmalek, utilizando para ello a varios agentes expresamente desplazados a aquella tierra. Varios de ellos, llegados a Tetuán y Larache,  fueron expulsados en la zona occidental del protectorado, y  Raisuni quedó neutralizado.

En la zona oriental no había, dentro del territorio marroquí, ciudades de la importancia de Larache y Tetuán donde poder desarrollar las maniobras alemanas con la suficiente discreción, habida cuenta de la actitud neutral adoptada por el Gobierno español ante el conflicto europeo.

Solamente Melilla reunía las condiciones necesarias para servir de base a los manejos alemanes en contra de Francia, y hacia allí se encaminaron los agentes reclutados por la potencia europea.

Carlos Coppel, fábrica de relojes (calle Fuencarral, Madrid)

Como avanzada de los manejos alemanes, a finales de junio de 1915 llegaron a Melilla Carlos Coppel y su hijo del mismo nombre, industriales relojeros muy conocidos en Madrid por  su establecimiento de la calle Fuencarral. En Melilla estudiaron la situación, las posibilidades de actuación y los eventuales colaboradores para la causa. En aquella época la colonia alemana en la ciudad era muy reducida; apenas siete personas, entre las que destacaba el relojero  Pablo Rettschlag, establecido en la calle Margallo de la ciudad,  llegado a Melilla en septiembre de 1907, con 30 años de edad, inaugurando su establecimiento en el mes de noviembre siguiente, con el nombre de Relojería Alemana, en el número 19 de la citada calle. Casado con una española, María Calvo, pronto se hizo popular e indispensable en el colectivo de relojeros, hasta el punto de que en 1912 se le adjudicó el mantenimiento del reloj de la Torre. Contactado por los Coppel, se entregó por completo a su nuevo papel, llevando el asunto con la mayor discreción. La misma discreción que, setenta años más tarde, mantenía su hijo, en su pequeño local junto al mercado del Polígono, cuando le preguntaba sobre  el papel desempeñado por su padre en la época a que me refiero en esta página.

Regresados a Madrid los Coppel, en el mes de septiembre siguiente volvió por Melilla Carlos Coppel hijo, con el objeto de abrir en la ciudad una sucursal de la casa que sirviera como tapadera de sus actividades antifrancesas. Abrió su primer establecimiento en el número 7 de la Plaza Hernández, esquina con Carlos Ramírez de Arellano, en la llamada rotonda del Parque Hernández. Más tarde pasaría al número 23 de la calle O’Donnell.


Alemanes y germanófilos en Melilla; de pie, a la izquierda, Rettschlag; a la derecha, de pie, Gerlach de Ward (1916)
916)

Siguiendo las instrucciones del Gobierno, las autoridades de Melilla hicieron lo posible para evitar cualquier manifestación pública de simpatía por cualquiera de los bandos contendientes en Europa, hasta el punto de que ni siquiera durante las fiestas locales se permitió hacer pública la más mínima alusión al tema. Esto no impedía el que fueran conocidas las inclinaciones de diversos sectores sociales de la ciudad por uno u otro bando. Parte de la colonia hebrea, originaria de Argelia, simpatizaba con los franceses; un amplio sector de los militares, por el contrario, se decantaba por los alemanes. En ambos casos, sin  embargo, no hubo una destacada manifestación pública de sus simpatías. Dentro de la colonia musulmana establecida en Melilla, no era un secreto que Abdelkrim mostraba  claras simpatías por Alemania, y con él la mayor parte de la colonia.

La neutralidad ordenada por el Gobierno, por la que se llegó a paralizar las operaciones de guerra en la zona, no fue del agrado de los militares españoles en Marruecos, pues entendían, y el tiempo les dio la razón, que este intervalo sería aprovechado por las cabilas opuestas al avance español para reorganizarse y rearmarse.

En enero de 1915, Abdelmalek, reclutado por los alemanes en Tánger, donde desempeñaba el cargo de inspector del tabor de Policía, abandonó la ciudad y, tras varias peripecias, se estableció en los límites del Rif con la zona francesa, donde mantuvo viva la disidencia de las cabilas limítrofes en contra de Francia.

Para colaborar en el mantenimiento del sistema organizado por Alemania en Marruecos, desde Melilla actuaba también Franz Farl, un extraño personaje, alemán de origen desconocido que, según Galbán (España en África…1965), hacia 1908 prestaba sus servicios en los trabajos preparatorios de la mina Navarrete, información que me llama la atención, pues no parece que en fecha tan temprana estuviera ya en formación la compañía minera, que, según mis datos, no comenzó su andadura hasta 1910. Según otra información, más aceptable,  Farl había sido delineante de Arturo Netter, sucesor de Navarrete,  por lo que hay que retrasar su estancia en Melilla hasta 1910, lo que parece más razonable.      Terminada su misión, Farl,  volvió a su tierra, y al estallar la guerra del 14, se reintegró a Melilla con pasaporte norteamericano. Allí, según Galbán, se reunió con Jorge Gerlach de Far, sobrino de Coppel padre, llegado como representante de Alemania e instalado en la Plaza Hernández. Parece  que Galbán confunde a Farl con Carlos Coppel hijo . De hecho ni siquiera menciona la estancia en Melilla de Coppel. En Melilla Farl estableció contacto con Abdelkrim (Memoires…1927)., que vivía a pocos metros de la casa de Farl en la calle García Cabrelles, y allí, según cuenta el propio rifeño en sus discutidas memorias, el alemán le propuso, previa entrega de dinero y armamento, la creación de una harka contra Francia, pero, según asegura el urriagli, “no tragó el anzuelo”. Más tarde, a la vista de que no se conseguía un compromiso formal por parte de los españoles de no ocupar el Rif, el propio Abdelkrim propuso a Farl la puesta en marcha de una operación contra la zona francesa y la creación de una medalla de 4.000 hombre que  “montarían la guardia del Rif”. Esta fue, al decir de Abdelkrim, la razón por la que los españoles le encarcelaron en Cabrerizas Bajas, según unos, Cabrerizas Altas, según otros, o Rostrogordo, según terceros, al confesar al juez su decisión de ocupar la zona española. Farl, a quien los naturales llamaban El Ratón (far, ratón en árabe), deambuló por los campos rifeños, supuestamente interesado en negocios mineros, y vuelto a Melilla,  enfermo de fiebres tifoideas, murió en su casa de García Cabrelles  el 28 de noviembre de 1915. No fue enterrado en la ciudad, por lo que sus restos debieron ser enviados a su país de origen.

 Abdelmalek

De la casa Coppel, y a través de intermediarios, entre ellos El Farl, y entre los que había  algunos  destacados rifeños, llegaba el dinero a los disidentes antifranceses encabezados por Abdelmalek. Según las controvertidas  memorias de Abdelkrim, no solamente el dinero, sino el contrabando de armas era gestionado por Coppel, armas que pasaban, decía, por la aduana de Melilla, turbio asunto en el que aseguraba estaban implicados sus funcionarios. Demasiado burdo el sistema para ser cierto, teniendo en cuenta que a  Francia  no le faltaban observadores en Melilla que le informaban de todo lo que ocurría en la ciudad, como se pudo comprobar cuando Lyautey denunció las actividades de Abdelkrim en la ciudad, denuncia que se tradujo en su procesamiento.

Para colaborar con la casa Coppel, y asesorar a Abdelmalek en sus maniobras, llegaron a Melilla un coronel y un comandante del ejército alemán, que se movían por los campos del Rif disfrazados de moros.

Es imposible creer que todo esto fuera desconocido por la Comandancia General de Melilla, al mando de la cual, en aquellos años, se sucedieron Gómez Jordana y Aizpuru Mondéjar.

Las andanzas de Carlos Coppel por la ciudad, en la que cada vez con mayor descaro distribuía propaganda alemana, llegaron a oídos  del Gobierno Romanones, quien ordenó la expulsión inmediata del alemán en marzo de 1916. Según el propio Conde (Notas de una vida…1947) fue sustituido por un tal Tausent, que ni Galbán (España en África…) ni Madariaga (Abd-el-Krim…2009) mencionan. Ambos mencionan, sin embargo,   a Hermann Bartels,  que siguió la misma estela de los anteriores y que permaneció en la zona hasta la finalización de la guerra. Para seguir las andanzas de los agentes alemanes  por la zona rifeña, es aconsejable la lectura de ambos autores.

 Relojería Alemana de Pablo Rettschlag en el barrio del Polígono

En tanto se efectuaba el relevo de Coppel en la direccion de la sucursal de Melilla, quedaba  a cargo de los intereses alemanes en la zona el relojero Rettschlag de la calle Margallo, a pocos pasos del domicilio de Abdelkrim. Sería  el pariente de Coppel  Jorge Gerlach de Ward, natural de Frankfurt,  quien reemplazaría a su sobrino en la gerencia de la sucursal de la casa Coppel de la calle O’Donnell.

Para llevar a cabo sus propósitos contaba con intermediarios fuera de sospecha entre los notables del Rif.

En aquella época prestaba sus servicios en la Policía indígena el entonces capitán Antonio Villalba Rubio, quien, en un librito poco divulgado (Gallofas…1941), describe el sistema utilizado por los agentes alemanes para allegar recursos a las harkas anti-francesas. Menciona Villalba la sorpresa de la policía cuando se enteró de que la última remesa de dinero para la harka de Abdelmalek, había salido de la casa del Bachir Ben Sennah, en el barrio de pabellones del Buen Acuerdo. El dinero, un  importante cantidad de  billetes de banco, treinta y tantas mil pesetas en total,  recibido de Gerlach, tuvo que cambiarlo El Bachir  por moneda, y  remitirla así a la harka, a través de Tafersit, utilizando para ello cuatro mulos, que emprendieron el viaje por la noche  llevando como conductor al suegro de El Bachir, de Beni Sidel,  que conocía perfectamente los caminos apropiados para pasar desapercibidos. El astuto Bachir avisó del envío al Hach Amar, con el que estaba previamente de acuerdo en repartirse el dinero, dándole instrucciones para atajar la reata y apoderarse de su valiosa carga, que sería más tarde repartido entre ambos. Pero antes de la salida de aquella, El Bachir, que observaba la causa alemana como perdida,  se había quedado con la mayor parte del dinero, dejando una pequeña cantidad para su socio el Mtalzi. Despechado, el Hach Amar se apresuró a contar lo sucedido a la policía. En casos como estos la discreción y el silencio, tratándose del representante del Sultán en la zona, parecía ser  la postura más conveniente.

El Bachir ben Sennah (Lázaro, 1915)

Como es sabido, todo este entramado de espías y dinero alemanes  no sirvió para que los agentes alemanes consiguieran sus propósitos, pues la guerra europea terminó con su derrota.

Alemania recompensó los servicios prestados por Pablo Rettschlag y Jorge Gerlach, con la Cruz de hierro alemana de segunda clase.

Carlos Coppel Gerlach, en Madrid, mantuvo en silencio su pasado como agente alemán en Melilla hasta su fallecimiento en 1967, de tal forma que su nieto Carlos Coppel Hidalgo, y sus hermanos Amelia y Francisco, residentes en esta misma ciudad, desconocían la aventura melillense de su abuelo.

Gerlach de Ward abandonó Melilla tras la finalización de la contienda y en su lugar tomó la dirección del establecimiento de la calle O’Donnell Carlos Redondo Gallego, casado con Carlota Coppel,  hermana de Carlos. Redondo falleció en Melilla el 17 de diciembre de 1921, siendo su cadáver trasladado a Madrid. Para sustituirlo volvió de nuevo a Melilla Jorge Gerlach de Ward, quien falleció a su vez, de bronconeumonía, el 15 de marzo de 1922. Enterrado en Melilla, el paso del tiempo ha ido desdibujando el su nombre, grabado en la  lápida que oculta sus restos, como queriendo borrar el último recuerdo de una época en que Alemania pretendió ganar la guerra europea utilizando, entre otros medios, la  ciudad de Melilla.

2 comentarios:

Santiago dijo...

Curiosamente, en 1942 aparece por Melilla Luis Tausent Spcharz, procedente de Sevilla, y de quien los servicios secretos españoles decían: "de 60 años; casado, natural de Sevilla; comerciante (...) (conocido) por haberse dedicado durante la guerra de 1914-1918 en esta misma Plaza al suministro de submarinos alemanes".
Santiago

Paco González dijo...

Muy interesante el artículo. Me hago un pequeño lío con la sucesión al frente del negocio de Melilla entre Gerlach de Ward y Coppel Gerlach, que eran primos y no tío y sobrino como parece desprenderse de una parte del texto (y, a su vez, sobrino e hijo, respectivamente, de Carlos Coppel Dessaur). ¿Sería posible aclararlo? Me interesa mucho entenderlo bien.
En cualquier caso, reitero mi agradecimiento y felicitación por el artículo.

Paco González