jueves, 16 de julio de 2015

Los primeros hebreos de Melilla

Publicado por: Francisco Saro Gandarillas en El Telegrama de Melilla, 23-01-1983.

En fecha reciente, la UNED organizo y celebro en esta ciudad un curso de Historia del Judaísmo Español en cuyo programa, y como final de conferencias, figuraba un tema que por su importan­cia local debió ser recibido con gran expectación por los numero­sos asistentes al citado curso. El tema trataba de 1os judíos en el Norte de África, y fue desarrollado por don Carlos Posac Mon, per­sona muy conocida en Melilla, en cuyo instituto desempeño diver­sas labores docentes y donde efectuó algunos interesantes trabajos sobre hallazgos arqueológicos de la zona.

Curso de Historia del Judaísmo Español

Al final de la conferencia del señor Posac se suscito el tema de la llegada a Melilla de los primeros judíos, sin que de la contestación de aquel, quien fijaba con toda lógica su llegada en fecha posterior a 1860, se desprendiera el año exacto de su instalación en la ciudad, dato, según mi parecer, inédito hasta la fecha, y como con­secuencia, general mente desconocido. Podemos decir que esa es la cruz de las conferencias, que por su tipo de planteamiento impide la intercomunicación del publico asistente, aunque dentro de el haya alguien capaz de aportar algún dato al problema que se sus­cite. En un coloquio el data hubiese salido a la luz, aunque tengo mis dudas sobre la credibilidad del publico con respecto a mi aportación, al no contar, como se suele casi exigir a ciertos niveles lo­cales, con la titulación “ad hoc” que como por arte de magia faculta al individuo para saber de estas y otras cosas.
EI tema, que duda cabe, era lo suficientemente sugestivo como para volverlo a traer a la calle. Aun cuando ya tenía en mi poder datos elocuentes sobre la llegada de hebreos a Melilla durante el pasado siglo y el actual, he querido penetrar algo mas en la cuestión para clarificar lo máximo posible un aspecto de la historia pa­sada de la ciudad de enorme interés si tenemos en cuenta que el co­mercio zonal estuvo durante casi cincuenta años, de forma mayoritaria, en manos de hebreos, prácticamente hasta la campana de 1909, en que Melilla da el estirón definitivo y se asientan en la ciudad numerosos comerciantes llegados principalmente de Andalucía y Levante. 
Revolviendo en algunos papeles de aquí y allá, poco a poco fueron saliendo algunos datos, no abundantes ciertamente, pero que pueden servir de cimiento a un estudio posterior mas exhaustivo sobre el tema que clarifique de forma definitiva el asunto. 
Por Real Orden de 17 de febrero de 1864 quedan derogadas todas aquellas disposiciones que hasta esa fecha prohibían o limi­taban el establecimiento en Melilla de población foránea. EI pro­blema de la escasez de terrenos y las dificultades de un abasteci­miento precario, algunas épocas incluso inexistente, impedían el asentamiento libre de personas en la plaza. Gracias al último tra­tado firmado con el sultán de Marruecos, como consecuencia de la campana de Tetuán, se facilitaron unas nuevas relaciones comerciales propiciando, al menos en el plano teórico, un entendimiento con las cabilas limítrofes y del interior. Al mismo tiempo la expansión territorial, sin ser exagerada, hacía prever una temprana colonización del campo exterior recién ganado con el establecimiento de agricultores y ganaderos, facilitándose la subsistencia de una mayor población que, de esta forma, no tendrá que depender de unos transportes marítimos siempre inseguros y de unos recursos habitualmente escasos. 
EI real decreto de 1864 debió divulgarse con rapidez por la zona, y ya dos meses mas tarde cinco moros fronterizos solicitan hacerse súbditos de España. Ignoro en que legislación se basaron las autoridades para concederles la nacionalidad española, pero el caso cierto es que el cinco de mayo siguiente juraban fidelidad a su nueva patria y pasaban a engrosar el censo de nacionales. Sin em­bargo su presencia se difumina mas tarde, desapareciendo en cen­sos posteriores lo cual pudo significar, y en esto es posible que me pase de mal pensado, que su lealtad no debió ir muy lejos. 
Desde la expulsión de los judíos de España en 1502, esta zona del norte africano debió seguramente recibir algunos contingentes de aquellos. Como suposición mas que certeza, pues no dispongo de mas datos que los que me proporciona la existencia de algunas tumbas de judíos en el territorio aledaño, alguna de las cuales es así mismo venerada (o era) por los propios musulmanes. Una tumba hasta hace pocos años visitada con cierta asiduidad par los hebreos locales, es la de Raabi Sadia, en las cercanías de Nador, costumbre por cierto abandonada no se sabe muy bien por que; quizá por el descreimiento propio de estos años. 
Entre los viejos papeles no he podido encontrar dato alguno que indique llegada de hebreos a Melilla entre febrero y agosto de 1864. Es precisamente el día 31 de agosto de ese año cuando los hermanos Menájem y Aaron Obadia, llegados del campo fronterizo donde tenían su domicilio hasta la fecha, arriendan una casa, pro­piedad de Encarnación Rodríguez, situada en la calle del Horno sin numero, en mil cuatrocientos escudos. Esa misma casa, en años su­cesivos, pasara de mana en mano, todas ellas hebreas. Es una las­tima no saber de que zona del campo fronterizo llegaron los her­manos Obadia. Ambos, que por cierto firmaban con caracteres hebraicos, posiblemente debían pertenecer a las cabilas de Mazuza o Beni Chicar. A decir verdad, hebreos con el apellido Obadia co­merciaban con la plaza de Melilla desde bastantes años antes. Pienso que el apellido Obadia debía ser bastante común en el terri­torio, pues aparece, con nombres diversos, con cierta frecuencia.

Calle San Miguel

Sabemos que en enero de 1865, Mesod Obadia vivía en el numero veinte de la calle San Miguel; tenía un hermano llamado Abraham. Ambos debían proceder igualmente de las cabilas cerca­nas, aun cuando no he podido constatar si eran o no parientes de Menajem y Aaron. Un tal Judah Obadia comerciaba con Melilla sin ser residente en la plaza.
Mesod Obadia aparece en 1870 asociado a Menajem e Isaac Serfaty, de origen argelino (de Oran), en un comercio establecido precisamente en la casa arrendada por los primeros Obadia de 1864; la compañía que comerciaba con Francia, Inglaterra y Marruecos se disolvió ese mismo año. 
Aun cuando en alguna parte Figura la llegada de José Salama Groffé en el ano 1864, en otro documento se hace constar su lle­gada en 1869, y para mayor desconcierto en la reseña biográfica aparecida a su fallecimiento se menciona su llegada en 1873, fecha indudablemente falsa, inclinándome a creer que la primera es la mas cierta, a juzgar por otros detalles secundarios. Procedía de Tetuán, estableciéndose en Melilla como comerciante y, no mucho mas tarde, como banquero, siendo con el tiempo representante del Banco de España en esa plaza, hasta que este se establece en 1a ciu­dad por R. D. de 3 de noviembre de 1911. Consignatario y agente de seguros prácticamente desarrolla todas las actividades relacio­nadas con asuntos comerciales y financieros. Propulsor de la nueva Melilla, junto con Pablo Vallesca, levanta el primitivo barrio del Mantelete, y mas tarde el barrio de Reina Victoria, junto con otros hebreos. Vivía después de su llegada en la calle de San Miguel, en el numero 26, en el mismo edificio donde después de la guerra de Margallo un tetuaní Salomón Melul, llegado a Melilla en 1867, establecería La Estrella Oriental, principal comercio de la ciudad hasta la construcción del barrio de Reina Victoria. en el que su hijo David, nacido en Melilla, levantara, en 1907, la primera casa de la Melilla moderna. el numero uno de la Avenida, entonces calle de Chacel. Primera casa y primer comercio de la ciudad, el Bazar Reina Victoria.

Bazar Reina Victoria 

La casa fue derribada en 1915 Y reconstruida en su forma actual, a cargo de Enrique Nieto; casa característica, hoy se encuentra muy abandonada, como una sombra de lo que fue antaño. 
En 1865 llega a Melilla Jalfon Hachuel, consuegro de José Sa­lama, comerciante y rabino de Melilla des de su llegada. Rabino de una sinagoga que sí existió en la calle de San Miguel, aunque otra cosa haya leído en algún otro lugar. Una sinagoga hubo también en al calle Alta, y ambas fueron de utilización común por la colonia hebrea. 
En 1866 recogemos la presencia en Melilla de Isaac Salama Bennaen, oriundo de Tetuán, aun cuando su familia era originaria de Xauen. Posteriormente se pierde su presencia en Melilla. No he podido saber si tenía algún parentesco con José Salama, aunque es de sospechar que alguna relación familiar debían tener. 
Este aparecer y desaparecer en Melilla por parte de algún per­sonaje no es nada raro lo que parece querer indicar que debían tener intereses en sus lugares de procedencia desplazándose según las conveniencias. 
En 1867 llegan Salomón Benzaquen, de Gibraltar, Moisés Ben­susán, José Benzaquen Levy, de Tetuán, León Benholias, Moisés Serfaty, de Tetuán, y quizás alguno mas.
  
Cuando por decreto de 1870 se confirma la posibilidad de en­trar en Melilla libremente, la colonia hebrea ya había formado un núcleo consistente, si no muy numeroso sí de gran incidencia en la vida ciudadana. Algunas de estas familias, ampliadas por ramas di­vergentes y convergentes, han llegado hasta nuestros días. Precisa­mente en mayo de 1870 Judah Israel Abensur, de Tetuán, que se es­tablece en la plaza con un comercio de telas. Desde esa fecha las familias hebreas, lenta pero permanentemente se van asentando en la incipiente ciudad; mientras unas permanecen, otras, las menos, se vuelven a marchar. En principio solían establecerse en alguna de las barracas de madera levantadas en la plaza de los Aljibes, para posteriormente pasar a los edificios de mampostería; el trasvase de domicilio es constante. 
Sentob Benchimol (se le españoliza el nombre dándole el de Santos) llega en 1874, Isaac Obadia en 1873, Davis Benvillara en 1872. Moisés Benarroch, llega en 1875, siendo su hijo Guerson, na­cido en Tetuán, uno de los promotores del barrio de Reina Victoria, barrio nacido con importante capital hebreo (principal mente de Tetuán), por lo que en su día, jocosamente, se le llama barrio de Sión.

Mantelete 1882 

Desde 1882, ante la incapacidad de alojamiento en la ciudad vieja, se instalan barracas de madera en el Mantelete interior, buena parte de ellas habitadas por hebreos. Levantado el nuevo barrio del Polígono en 1891, muchos de ellos pasan a este. Próximos a la campana de Magallo llegan a Melilla, Abraham Bittan, León Foienquinos, José Chocrón, Abraham Benadiba, David Charvit y otros. 
La población de origen hebreo aumenta espectacularmente después de la campana de 1893, recibe un importante contingente de 300 personas procedentes de la región de Taza, quienes fundan el barrio Hebreo, levantado en el mismo año de la llegada a pesar de la orden dada de traslado al nuevo campamento asignado en la va­guada de Camellos, y en 1907, algunos hebreos mas llegados de Casablanca, después de los trágicos sucesos ocurridos en aquella ciudad. Pero este es otro tema que merece un estudio aparte y que dejamos para otra ocasión.

sábado, 4 de julio de 2015

El barrió Hebreo


Publicado por Francisco Saro Gandarillas en Prensa-3, nº 4, 1982; Cuadernos de Historia de Melilla, nº 1, 1988, p. 145-148.


A mediados de 1902 aparece por la zona de Taza, ciudad marroquí a unos 100 Kms. de Melilla, un extraño personaje, de oscuro origen y que se hace pasar por el hermano mayor, Mohammed, del Sultán Abd-el Azuz. Repitiéndose hechos ocurridos frecuentemente en Marruecos, el supuesto hermano incitaba a los naturales de la zona a rebelarse contra la autoridad, con el fin de suplantarle, basándose en el rumor ampliamente difundido por el territorio, de que el Sultán estaba en manos de extranjeros; rumor fácilmente constatable ya que estaba a la vista de todo el mundo que el joven Abd-el Aziz se entusiasmaba con todo aquello que venia de Europa. En un país fuertemente fanatizado, no debla ser muy difícil arrastrar a la gente a una sublevación basándose en las anteriores circunstancias, puesto que el suplantador consiguió, en poco tiempo, alzar contra el Sheriff reinante, a todas las tribus de la región de Msun Abd-el Aziz intentó restablecer su autoridad por la forma habitual, es decir, cortando la cabeza a los principales levantiscos; para ello envió varias mehallas, pero con tal escaso resultado, que aquellas, fueron fácilmente vencidas por las tribus, llegando el suplantador a amenazar a la misma ciudad de Fez. De esta forma, Yilali ben Dis ez Zerhuni, conocido por el sobrenombre de Bu Hamara (el de la burra) y, mejor aún, por el Roghi, consiguió asentar su autoridad sobre las tribus orientales, llegando su brazo cruel hasta las cabilas próximas a Melilla.


Yilali ben Dis ez Zerhuni


Pero en todos los conflictos habidos en Marruecos siempre ha habido un perdedor habitual, cualesquiera que fueran las alternativas de las luchas internas: el hebreo; Elemento disperso por todo el territorio, el hebreo, laborioso y callado, ha sido sujeto pasivo de los infinitos e imprevisibles vaivenes ocasionados por el dramático transcurrir histórico mogrebí.


Taza, en poder alternativamente de los partidarios del Roghi y de Abd-el Aziz, fue sometida a una depredación tal, que la vida de los hebreos se hizo insostenible. Para escapar a su poco optimista porvenir, en una guerra en la que no eran participantes activos, la comunidad abandonó sus hogares, trasladándose a Melilla parte de ella, única ciudad donde podían sentirse a salvo de las contingencias caprichosas de una lucha que no era suya.


La llegada de 300 hebreos a Melilla supuso para la urbe un problema de alojamiento. En 1902, además de la ciudad alta, estaban en proceso de construcción o construidos, los barrios del Mantelete, Alcazaba, Buen Acuerdo, Santiago, Triana, Polígono y Carmen, todos ellos saturados de población. Diseminadas por distintos puntos se encontraban buen número de barracas, precaria solución al enorme déficit de viviendas.


Pero en Melilla siempre se ha dado solución, mejor o peor, al problema de los refugios que en esos primeros años del siglo no fueron pocos. A los hebreos de Taza se les concedió unos terrenos al pie del cerro de Horcas Coloradas, solventándose provisionalmente el problema por medio de unas tiendas de campaña cedidas por la Administración Militar; al mismo tiempo se les autorizaba a construir, por sus medios, sus propias viviendas.


De esta forma surgió lo que hoy es conocido por Barrio Hebreo, barrio que este año cumple el ochenta aniversario de su creación (1982). La colonia hebrea, antes de la llegada de los refugiados, tenía ya cierta importancia, incrementándose cinco años más tarde con los llegados de Marraquech y Casablanca.

Barrio Hebreo
 

Las primeras casas surgidas en el nuevo barrio eran copia de las existentes en el campo marroquí. Sobre la base de un patio central se adosan al mismo minúsculas habitaciones de piedra y barro, habitaciones que en raros casos sobrepasan los 12 metros cuadrados, y que comprendían, en una misma pieza, cocina, sala y dormitorio. Aquellas casuchas infames, hoy transformadas, no reunían las mínimas condiciones de habitabilidad y sanidad, sin saneamientos ni pozos negros. Por este motivo, en 1905, el general Segura decidió demolerlas y trasladar a los refugiados al campamento de Triana, donde se hallaban instalados los áskaris de la mehalla del Sultán expulsados pocos antes de la Alcazaba de Farhana. La orden de demolición fue pasada por alto, la mayoría de los hebreos siguió en el barrio. Un testigo de la época aseguró que el barrio no fue evacuado por los intereses de los “grupos de presión” de Melilla, propietarios bien asentados que se negaron a 'perder el saneado negocio de los alquileres fáciles. Hay que tener en cuenta que, como más tarde pasó con otros barrios de Melilla, la propiedad de las casas cambió muy pronto de manos ante la imperiosa necesidad de los refugios de conseguir medios económicos con los que sostener su precaria existencia.


 Barrio Hebreo

Barrio de subsistencia marginal, la miseria obligaba a aquella pobre gente a defender su vida en las condiciones más ínfimas, generalmente mediante la compra a crédito de máquinas de coser con las que confeccionaban sencillas camisas morunas a 25 céntimos la unidad. Si tenemos en cuenta que comer en el Hotel Asia del polígono costaba 3 peseta, podemos hacernos una idea de cuál era la ganancia de tan mal pagado trabajo.


Pronto tomó el barrio el aspecto de un típico mellah marroquí, con las fachadas pintadas de azul y manos abiertas contra el mal de ojo sobre aquellas, amuleto que hoy vemos en algunos coches del vecino país.


Barrio Hebreo. Año 1909

Barrio sucio y antihigiénico, las enfermedades epidérmicas, sobre todo de la vista, eran el pan nuestro de cada día. Y sin embargo, cuando el aumento de población motivado por la construcción del puerto y las campañas hizo que la demanda de viviendas creciese espectacularmente, los alquileres subieron de forma desmesurada, pagándose por una casa-cueva similares cantidades a las abonadas en los demás barrios. Poco a poco dejó de ser patrimonio exclusivo de hebreos instalándose en él algunos cristianos. El barrio se fue adecentando progresivamente hasta convertirse en lo que es hoy, un barrio periférico con cierto tipismo. En 1932, con la República, se puso el nombre actual de sus calles.

jueves, 11 de junio de 2015

Un barrio singular: el viejo Mantelete



Publicado por Francisco Saro Gandarillas en El Telegrama de Melilla, 24-01-1982; Cuadernos de Historia de Melilla, nº 1, 1988, p. 139-144.

Aún cuando hoy ha perdido la fisonomía propia de cuando nació, a finales del pasado siglo, el Mantelete es, sin duda, uno de los barrios más característicos de Melilla, destacado por lo mismo entre dos numerosos que forman esta extensa ciudad norteafricana. El Espasa, la Biblia del saber del español del siglo XX, nos sorprende y nos reafirma en nuestro presupuesto anterior al encontrar entre sus voces la siguiente: Mantelete: barrio de Melilla. Seria interesante, conocer cuántos barrios de las más conocidas ciudades españolas han merecido figurar, aún de forma tan escueta, en la popular enciclopedia.

El Mantelete, en términos de fortificación antigua, era un parapeto móvil de tablones utilizado para acercarse a las murallas a cubierto de los tiros de los sitiados. Esta palabra nos transporta a los tiempos en que Melilla era una plaza sitiada y nos habla de angustias y penalidades, la dura vida de guarnición que configura la apasionante historia de la vieja ciudad.

Antes de que comenzaran las construcciones en el Mantelete el terreno estaba ocupado por los huertos de donde la población sacaba parte de los necesarios elementos de subsistencia. Defendidos desde 1707, por la torre de Santa Bárbara, los huertos se extendían por una superficie que ocupaba lo que hoy es antigua estación de autobuses, plaza de Carros y calles adyacentes, es decir, más o menos la mitad de lo que es el barrio actual.


 Plano1764 
En 1875, después de la desviación del río de Oro, que anteriormente desembocaba a la altura del lugar en que hoy se encuentra el Club Marítimo después de atravesar el terreno hoy ocupado por el Parque Hernández y Plaza de España, y en el ganado al mar por los aluviones del río, se levanta el muro X, muro conocido por buena parte de los melillenses de hoy y que se alargaba entre el torreón de la Cal, junto a la puerta de la Marina, y un punto cercano a la fachada suroeste del edificio municipal; desde ese punto se unía por mediación de una muralla con la torre y Santa Bárbara, situada 30 metros por delante del actual Banco de España, torre que fue derribada en abril de 1911 por necesidades de la urbanización. En esta muralla estaba la puerta del campo, puerta de salida del Mantelete al llano de Santiago y de donde partían las tres carreteras que enlazaban el Mantelete con los barrios exteriores, del Polígono, Buen Acuerdo y Triana, hoy convertidas en Avenida, Marina y García Valiño.

Después de la campaña de Tetuán, firmado el convenio de 1861 por el que se reconocía y ampliaba el campo exterior de Melilla, la ciudad pareció encontrar una nueva posibilidad de expansión a su constreñida, existencia, encerrada en las murallas de la maltratada ciudad alta. Desde 1864 en que desaparece la limitación anterior se permite la libre residencia en la plaza de Melilla a todo aquel que quiera establecerse en el nuevo territorio de soberanía, disposición confirmada en 1870 y con la que se inicia la colonización (lenta colonización) del campo exterior.

Poco a poco llega la nueva población y ya en 1880 fue totalmente imposible acogerla en la vieja ciudadela, por lo que fue preciso autorizar el montar, dentro del Mantelete barrancas desmontables de madera con el fin de paliar el problema.



Entonces el Mantelete estaba dividido, dentro del perímetro de sus murallas, en dos partes, separadas por un muro que se extendía desde el Cuartel de San Fernando (hoy Policía Nacional) hasta la luneta de Santa Isabel (hoy, en su lugar, el cuartel de la Guardia Civil) y desde allí el muro X, junto a la puerta de salida a la mar hacia la mitad del muró.

Las barracas fueron instaladas en el interior de este recinto, bajo las murallas de la Plaza o prostíbulos. Un cronista de la época daba el número de 393 familias ocupantes de estas barracas, en unas condiciones de vida, que hoy nos parecen lamentables pero que entonces eran un recurso necesario y aceptado por la carencia de viviendas.

En 1888 se autorizó la venta de solares en el Mantelete interior, por lo que las barracas fueron trasladadas al exterior, en el espacio disponible entre el muro divisor y la muralla de Santa Bárbara. Los solares desalojados fueron subastados y a finales de 1891 estaban terminadas las nuevas viviendas, que son las cuatro manzanas que hoy ocupan el fondo del barrio cercanas a la muralla.



Barrio del Polígono en La Ilustración Nacional. 18 Enero 1894


También en 1888 nace el barrio del Polígono. Gran parte de los comercios establecidos en las barracas del Mantelete exterior pasan, en 1891, al acabarse las cuatro primeras manzanas del nuevo barrio, a establecerse en él; las barracas son llevadas a los iniciados barrios del Buen Acuerdo y Triana y en julio de 1892 ya no quedaba ninguna en el Mantelete.

Aún cuando aquellas desaparecen, los principales comercios de Melilla siguieron situados durante bastantes años (hasta la construcción del barrio de Reina Victoria, hoy Héroes de España) en el Mantelete. La zapatería de Alcaraz, el almacén de Samuel Salama, la casa de Benchimol, la de Cabo (con su sorprendente jamón asturiano), Economato militar y otros más, siguieron siendo indispensables para el ciudadano de la

Melilla a caballo de los dos siglos.

En 1893 acontecen los lamentables sucesos de la campaña de Margallo. Las tropas expedicionarias no tienen alojamiento y es preciso habilitarles algunos cuarteles provisionales. Surgen así los primeros acuartelamientos, a base de barracones de madera, en el Mantelete y la Alcazaba.


 Cuartel de Artillería
 

En el Mantelete se establecen el Batallón de Artillería, el depósito de ganado de Caballería y algunas dependencias (hoy desglosada en Intendencia e Intervención militar). El cuartel se levanta con carácter provisional y durará prácticamente hasta 1925, se encontraba instalado en la parte del Mantelete exterior adjunta al muro X. El depósito de ganado en los terreno ocupados hoy por la Plaza de Estopiñán y la vieja estación de autobuses, terrenos que también ocupó, en lugar cercano al fuerte de San Miguel, los depósitos de paja y leña y la panificación de Administración Militar.

Con las tropas expedicionarias llega también una unidad de la Guardia Civil, unidad que dio tan magníficos resultados que quedó permanente en la nueva organización militar surgida tras la guerra de Margallo. Para su alojamiento hubo que derribar la vieja luneta de Santa Isabel, y en su lugar se levantó, en 1.896, el cuartel de la Guardia Civil actual, construido por el Sr. Orozco quien más tarde construirla también los pabellones de Santiago, los del Buen Acuerdo y la actual Comandancia General.


 Mercado Cubierto


En 1897, siendo gobernador el general Alcántara, se derriba el muro que separaba ambos Manteletes, en el trozo comprendido entre el cuartel de la Guardia Civil y la puerta de San Jorge, y en su lugar se construye el mercado, ese mercado que como ruina venerable se conserva hoy todavía, ocupado por multitud de pequeñas tiendas pero que en su día fue creado exclusivamente para dar artículos de primera necesidad, de los que Melilla no andaba muy sobrada. En la calle de San Jorge, desde las primeras horas de la mañana en que se abría la puerta de Santa Bárbara, se formaba un pequeño zoquillo al aire libre. Una vez abierta la puerta, los indígenas vendedores partían en carrera desenfrenada hacia la calle; cuando les faltaba escasos metros lanzaban las babuchas sobre la acera y allí donde cala ese era su puesto de venta. En 1905 acabó el pintoresco pero lamentable espectáculo de los moros galopantes; la Junta de Arbitrios levantó unas pequeñas casetas a espaldas del cuartel de la Guardia Civil trasladando a este nuevo lugar el mercadillo de la calle San Jorge.

En ese mismo año de 1.897, se instala en la calle Medina sidonia (hoy Fernández de Miranda) la primera central eléctrica de Melilla, un pequeño motorcito que apenas proporcionaba energ1a para unos pocos puntos de luz, hasta que poco tiempo después, en 1899, se instala en el llano la

Sociedad Industrial, centrar que han conocido muchos de los melillenses de hoy.

Desde que en 1900 se autoriza la construcción de casetas en la parte del muro X que mira al mar el interés por el torreón de las Cabras, centro hasta entonces de la vida social melillense se desplaza al nuevo paseo. Los concesionarios de las casetas se encargan de rellenar el terreno, ganando al mar el espacio suficiente para convertir el antiguo playazo en paseo amplio y cómodo. En él se establece el Casino Español, se crea una sección del Casino Militar, se abre el café de Cabo, nuevo mentidero de la ciudad, donde por quince céntimos el café se podían matar las horas en amigable tertulia, se instalan el restaurante de la Marina, el Diván España, la cervecería de la viuda de Galbán; allí se levanta la Gran fábrica de gaseosas de Ramón Espinosa, el café de Moyano, la Unión Recreativa, lugares y personas que pasando el tiempo, y ante la inminencia de la construcción del puerto, abandonarían el muro para integrarse en el nuevo barrio, que desde 1909, habida de surgir en el llano de Santiago.


Paseo del general Macías


En el paseo del muro X, paseo que desde mayo de 1903 pasó a denominarse del general Macías, aunque nunca perdió su primitivo nombre hasta que fue derribado, se celebraban las fiestas y carnavales de Melilla, los antiguos y añorados carnavales en los que todo el mundo participaba y en los que no era imposible encontrar disfrazados alguno de los serios coroneles de la Plaza. También desde el paseo podía contemplarse el único espectáculo que de forma habitual se ofrecía a la población: la llegada y partida de los viejos correos, el “Mahón” y el “Sevilla”; para cerciorarse de que el correo no iba a faltar ese día, muy cerca del muelle, en la caseta de la Compañía de Mar, podía encontrarse al meteorólogo oficioso de Melilla, el teniente Morán, hombre amable alrededor del cual se cocían las esperanzas y frustraciones de los que esperaban en el muelle la llegada de algún familiar o de alguna noticia.

Todas las anteriores circunstancias contribuyeron a hacer del muro X y su paseo uno de los lugares más representativos de la Melilla de principios de siglo, lugar que hoy añoran con tristeza y nostalgia algunos pocos supervivientes de aquella época amable.


Casa de Salama y cuartel de la Guardia Civil

En el año 1900 se levanta también junto al cuartel de la Guardia Civil, la que durante muchos años fue mejor casa de la ciudad: la casa de Salama. La casa parecía surgir en un lugar que no era el suyo. Rodeada de construcciones provisionales, incomparablemente mejor que las restantes casas de Melilla, parecía haberse equivocado de ciudad. Con ella prácticamente en 1911 de la casa que hoy ocupa el número 2 de la A venida, la casa de Salama se destaca en el Mantelete como avanzada de lo que no tardando mucho habla de ser la nueva gran ciudad. Con ella prácticamente queda configurado el Mantelete, hasta que en enero de 1911, con el fin de poner en práctica el más tarde olvidado plan de urbanización de José de la Gándara, el Rey Alfonso XIII derribaba la primera piedra de la muralla de Santa Bárbara, momento en que en el barrio comienza una nueva fase de su existencia: el nuevo Mantelete.

domingo, 17 de mayo de 2015

El Hospital de la Cruz Roja: historia de una metamorfosis


Publicado por Francisco Saro Gandarillas en El Telegrama de Melilla, 12-12-1982; Cuadernos de Historia de Metilla, nº1, 1988, p. 162-167.


En uno de mis habituales paseos en las perezosas tardes del verano de 1979, a poco de mi llegada a Melilla, me topé con un edificio de inequívoca traza familiar, cuya fachada, a la particularísima luz de la tarde melillense me recordó casi al instante otros edificios de similar estructura y construcción observados en alguna otra ciudad española.

El edificio ante mis ojos era evidentemente un hospital, pero el recuerdo, archivado en lo profundo de mi memoria inconsciente, no lo asociaba con ningún otro parejo dedicado a actividades sanitarias.

El hecho me intrigó y, como de costumbre, me tomé la agradable molestia de investigar el caso que, como puede comprobar más tarde, no podía estar más claro.


Fachada del Hospital de la Cruz Roja

En 1914 el déficit de plazas escolares en Melilla se podía estimar en un cincuenta por ciento. La precaria existencia de las escasas escuelas públicas existentes se basaba exclusivamente en la habitual falta de asistencia a clase de más de la mitad de la población en edad escolar. Para una población en expansión se hada perentoria la construcción inmediata de escuelas.


Entonces era presidente de la Junta de Arbitrios el general D. José Villalba Riquelme, llegado a Melilla de coronel durante la campaña del Kert y que continuaba como Gobernador militar después de su ascenso a general. Cinco años más tarde seda ministro de la Guerra, continuando también muy vinculado a la ciudad que le dedicó una calle en el barrio del Real.


El general Villalba tuvo la oportunísima idea de construir un grupo de escuelas mixtas con el objeto de solventar en parte la carencia de puestos escolares. Estaba de suerte, pues en aquel momento contaba con la ayuda inestimable de un auxiliar eficaz en la persona del capitán de Ingenieros D. José de la Gándara, ingeniero de la Junta de Arbitrios y uno de los hombres que mejores ideas han tenido en pro de la ciudad, resultando por ello extraño que no tenga ninguna calle dedicada a perpetuar su recuerdo, mientras otros personajes de mucha más efímera fama adornan las esquinas con su nombre.


José Villalba Riquelme
 

Encargado por Villalba de la confección de un proyecto de Grupo Escolar para escuelas graduadas mixtas, José de la Gándara lo terminó en corto espacio de tiempo. Pensado para 252 alumnos, divididos en seis secciones, se basó para su realización en las instrucciones sobre arquitectura escolar dadas por el Ministerio de Instrucción Pública, vigentes para toda España, a las que de su propia inventiva varió en pequeños aspectos adaptándolo al clima melillense. Esa era la razón por la que el edificio me resultaba familiar, al ser similar a otros grupos escolares existentes en otras ciudades y pueblos españoles, todos levantados sobre un mismo patrón.

Gómez Jordana coloca la primera piedra de las
"Escuelas Graduadas Manjonianas". Melilla 1915


El 6 de enero de 1915 se colocaba la primera piedra con todo el ceremonial acostumbrado en aquellos casos, si tenemos en cuenta la época, propicia .más que hoy a grandes rituales cristianos y paganos en inauguraciones y otros actos del mismo corte. Bajo la presidencia del entonces Comandante General D. Francisco Gómez Jordana, se colocaron bajo la piedra las habituales monedas de plata, los últimos periódicos y el acta de rigor para que nuestros nietos se queden asombrados del lejano día en que la piqueta de por tierra con las venerables piedras del edificio.


El edificio estaba pensado para asombrar a propios y extraños. Además de las aulas debla contar con un magnifico grupo de baños y un amplio comedor. Sin duda, y en eso estaban de acuerdo todas las fuerzas vivas de Melilla, estada a la altura de los mejores de España.


Pero el proyecto se pone en marcha en Melilla. La escasez de recursos, la detención de las obras tanto oficiales como privadas, la coincidencia con uno de los peores momentos para su iniciación. La crisis provocada por el comienzo de la primera guerra mundial alcanza también a paralización de las operaciones en Marruecos, y como consecuencia de todo ello, la ralentización del comercio e industria, traen consigo a su vez que las arcas de la Junta se vean cada día más vacías, apenas suficientes para atender a los servicios más perentorios.


Melilla 1909


La obra se encontró al principio con dificultades técnicas no previstas debido a la gran cantidad de agua encontrada en el subsuelo, dándose la circunstancia de haberse emplazado sobre el antiguo cauce del de de Oro. Esto hizo que se encareciese por encima de lo previsto. Con grandes esfuerzos económicos se pudo conseguir que en mayo del año siguiente quedara techado el edificio; sin embargo no fue posible continuarlas y las obras tuvieron que ser paralizadas. En ese mismo año, Carlos de Izaguirre, consignatario y bienintencionado vocal de la Junta de Arbitrios tuvo la desdichada idea de proponer que el edificio fuese dedicado a domicilio social de la Junta; idea que estuvo defendiendo contra viento y marea durante todo un año. Afortunadamente, el buen sentido del resto de los vocales, y el hecho paralizador de que aquella, por su carácter de extraño hibrido cívico-militar, no podía tener propiedades, aconsejó no dedicar al Grupo Escolar a otra cosa que a aquella para lo que había sido levantado, prefiriendo seguir abonando el alquiler por los locales ocupados en la casa de Salama.


Las obras se reanudan, terminada la guerra mundial, en diciembre de 1918, una vez que poco a poco se va normalizando la actividad económica y la Junta dispone de ingresos suplementarios, aunque la crisis se sostuvo algunos años más, prácticamente hasta el comienzo de la campaña de 1921.


Fachada del Grupo Escolar en obras


Se continuó con la adecuación de locales y aulas, pintura interior, estucado de la fachada, torre central y, como lógico y triunfal remate, la colocación de un magnifico reloj, de cuya existencia pasada nos quedan hoy los huecos que cubre el popular emblema de la Cruz Roja


Fachada del Grupo Escolar (Hospital de la Cruz Roja)


La fachada quedó rematada en enero de 1919 y el reloj, final de obra, en agosto siguiente.
Mientras se remataba el edificio, con tierras extraídas del desmonte del cerro de Santiago (donde hoy está la mezquita del Polígono) se rellenaban 18.000 metros cuadrados de terreno entre aquel y el cauce del río de Oro con la intención de dedicarlo a Parque escolar.


Trasera Grupo Escolar (Hospital de la Cruz Roja) en 1921

Por aquellos años estaba de moda la magnifica obra pedagógica del Padre Manjón, creador de las Escuelas del Ave Maria. No es de extrañar, pues que tanto el general Villalba, como sus sucesores el general Arraiz de la Conderena y el general Monteverde tuvieran la intención de dedicar el Grupo escolar a escuelas manjonianas; especialmente el general Villalba tuvo tal empeño que incluso se acercó por Melilla desde Granada un representante del Padre Manjón que entregó a la Junta una memoria asesorándola sobre las necesidades de una escuela de aquel tipo.

Para comenzar la actividad docente solamente era preciso dotar al Grupo del material necesario. Y eso ya era otra cuestión muy diferente. La Junta entendía que ella con la construcción del edificio ya había hecho bastante y que el mobiliario y demás elementos debía correr por cuenta del Estado; pero el Estado, claro está, no tenia previsto medios económicos para una inversión como aquella, por lo que aducía que era la Junta quien debía encargarse del mobiliario. En esta esgrima dialéctica se pasó una buena temporada.


En el ínterin, y mientras se arreglaba convenientemente el vetusto local de la calle Medina sidonia, la escuela de dibujo tomó prestado uno de los locales del Grupo Escolar por lo que apresuradamente hubo que dotar a este de electricidad. También la Academia oficial de árabe consiguió que se le cediera, con carácter momentáneo, uno de los locales. Los primeros nubarrones se cernían sobre el futuro de las Escuelas Graduadas. Todo sabemos que tradicionalmente lo provisional ha tendido a hacerse definitivo en Melilla. Como síntoma premonitorio, el gran espacio de terreno que se iba a destinar a parque escolar junto al edificio se cede, en noviembre de 1919, para la instalación de los viveros de la Sección de Obras de la Junta de Arbitrios.


Mal que bien, a principios de 1921 el Estado cede y concede una dotación para menaje y material disponiendo la designación del profesorado conveniente.


Y en esa espera, y cuando todas las dificultades parecían vencidas, llega el 22 de julio con todas sus consecuencias. Entre ellas, la escasez de hospitales.


En esa fecha todos los hospitales existentes en Melilla eran militares. Con carácter excepcional, Guerra facilitaba asistencia hospitalaria al personal civil en el lóbrego centro de la plaza de la Parada, con cargo a la Junta de Arbitrios, y casi siempre para gente necesitada. Era orácrica corriente que la asistencia fuese domiciliaria con la gran cantidad de inconveniente que ello llevaba consigo. Las voces clamantes por un hospital civil databan de antiguo. ¿Qué hubiese ocurrido si la autoridad militar hubiese dispuesto que no se facilitara asistencia al personal civil en centros sanitarios militares?


Hubo un proyecto, primero que yo conozca, por el año 1906; a cargo del entonces ingeniero de la Junta capitán Redondo, para levantar un hospital civil en los alrededores del fuerte de Maria Cristina. Incluso fue aprobado por aquella en sesión del 28 de agosto de 1907. Quizá se pensaba que la saludable altura en combinación con los servicios gratuitos de ese permanente medicamento que es el poniente aconsejaba la instalación del hospital en un lugar tan insólito. El proyecto quedó, como otros muchos que en Melilla han sido, en buenas intenciones.


La cantinela sobre la necesidad de un hospital civil apropiado viene a ser un constante estribillo durante casi un siglo. En 1918 los médicos civiles en pleno claman por un hospital civil urgente. Cuatro años más tarde se vuelve a insistir sobre el mismo tema y así sucesivamente hasta nuestros días.


Con la campaña de 1.921 todos los hospitales militares fueron pocos. El Docker, el Alfonso XIII, el Gómez Jornada, la Enfermería Indígena, el Central, todos ellos estaban a tope. Es preciso habilitar como hospital el Casino militar de la Avenida, el local de exposiciones de los Centre Hispano-Marroquíes; se añaden nuevos barracones a los existentes; se destina a hospital el cuartel de Santiago al completo; se rehabilita el cochambroso de la Alcazaba y, lo que no deja de ser curioso se levanta un hospital pan palúdicos junto al fuerte de Reina Cristina, precisamente donde no se levantó aquel hospital civil aprobado en 1907.


Colegio de los Hermanos de la Salle



A finales de julio, la Duquesa de la Victoria, a la que podemos denominar embajadora extraordinaria de la Cruz Roja escoge el Colegio de los Hermanos para hospital de campaña, primero de la Cruz Roja en Melilla. No es suficiente para atender la enorme cantidad de heridos y a toda prisa, hay que habilitar el único local disponible en aquel momento. El 30 de julio comienza la transformación de las Escuelas Graduadas en Hospital

de 200 camas, precisamente en un momento en que se piensa destinar el edificio a Instituto General y Técnico recientemente creado en Melilla. El edificio evidentemente no reunía las condiciones (entonces, desconozco las actuales) para ser un centro sanitario. Sin embargo de la noche a la mañana se metamorfosea en un Hospital por todo lo alto y la ciudad en pleno se vuelca facilitando medios para que el centro funcione. Gracias a la labor de la Duquesa es el hospital con mejor fama en la ciudad. Los heridos piden que les lleven al hospital “provisional” del Grupo Escolar, medrosos de que los internen en el destartalado Docker, de pabellones de madera, que había cumplido su cometido en la campaña anterior pero que en ese año se conservaba en estado muy precario, estando aprobado un proyecto para sustituir los barracones de madera por otros de mampostería.


 Hospital Civil en el lateral trasero del Hospital de la Cruz Roja en 1926

Pero una vez más lo provisional se convierte en perenne. En octubre de 1922 se termina un proyecto de hospital civil junto al edificio de las escuelas. Pasados ambos a la esfera civil, se habla sentenciado para siempre al viejo proyecto escolar. Sin duda el cambio pudo ser peor. Transformar una escuela en hospital es lo menos malo que puede ocurrirle. Como compensación, no sé si suficiente compensación, en el mismo año se aprueba el proyecto del capitán Carcaño Mas para la construcción de escuelas en Ataque Seco. Una escuela desaparecía, otra nada y el peculiar centro hospitalario se mantenida hasta hoy, no sin grandes polémicas como estamos viendo hoy y, probablemente, seguiremos viendo.