domingo, 18 de octubre de 2009

PABLO PARELLADA MOLES

Pablo Parellada Moles, mas que por su condición de militar, hoy es conocido como autor de comedias, parodias, sainetes y poesías festivas,  que escribió bajo los seudónimos de Melitón González o Pancho y Mendrugo.

Nació en Valls (Tarragona) el 13 de junio de 1855 y murió en Zaragoza en  1944

Perteneciente al Cuerpo de Ingenieros militares, ingresó en el Ejército el 1 de diciembre de 1874.

En 1882, con el empleo de capitán, se le asignó la elaboración de un trabajo sobre Colonización del campo exterior de Melilla, para lo cual se desplazó a ésta ciudad. El trabajo efectuado por Parellada no tuvo incidencia práctica porque la colonización agrícola siguió su proceso independiente de aquel, y tuvo vida efímera al revocarse la concesión en 1893.

Su conocimiento de la ciudad se plasma en el artículo que, con motivo de la guerra de Margallo, y bajo el título La pesca del gallo en Melilla, publicó en la revista Blanco y Negro del 21 de octubre de 1893 y que reproduzco a continuación. 

Fue autor de un libro de humor militar llamado Memorias de un sietemesino (se refiere a los oficiales que, con el fin de completar las plantillas en las unidades que participaban en la guerra carlista, salían de las academias con sólo siete meses de estudios), cuya lectura es muy recomendable.

Todavía hoy suele escucharse la última estrofa de la que fue su poesía festiva más popular, La razón oficial, aunque quien la utiliza ignora frecuentemente su origen.


         En Cuestion de criterio
         Huelga toda discusión:
         Siempre tiene la razón
         El que está en el Ministerio


LA PESCA DEL GALLO EN MELILLA

La plaza de Melilla es puramente militar, su población está compuesta casi en su totalidad de los cuerpos de la guarnición, el presidio, algunos hebreos comerciantes y un corto número de españoles paisanos.
El gobernador militar hace de alcalde; el comandante de Ingenieros, de arquitecto municipal; el médico del hospital militar, de médico municipal; concejales lo son por derecho propio todos los jefes de cuerpo de la guarnición y un representante del comercio.
En honor á  la verdad, la cosa marcha como una seda, y bien pudieran muchas poblaciones de la Península tomar como modelo para la suya la administración de aquel ayuntamiento, que más parece consejo de guerra  que concejo administrativo.
El orden público está encomendado á los de la Partida.
Prestan sus servicios en la Partida soldados del regimiento de infantería que por turno está allí de guarnición, y algunos presidiarios de confianza. A los primeros están encomendados los cargos de municipales y serenos, y no usan más distintivo que un galón de algodón blanco sobre una manga de su uniforme. Los segundos cuidan de vigilar el campo; obligan á los moros á no salirse de las veredas y senderos y á que depositen las armas en un puesto avanzado de la Partida antes de entrar en la plaza.
Estos guardias rurales llevan para su defensa escopeta, faca y un perro con aspecto de lobo.
Los tales perros han llegado á tener cierta notoriedad, y raro será el oficial á quien le haya tocado prestar allí sus servicios por algún tiempo que no recuerde á los célebres perros de la Partida.
El perro de la Partida se acuesta tranquilo lejos de los muros de Melilla, á la sombra de una chumbera, y duerme descuidado, bien seguro de que no ha de molestarle ningún rifeño.
Si un moro asoma en lontananza, el perro advierte á su amo con elocuentes ladridos. La sorpresa es imposible. Y vamos ya con lo que motiva el epígrafe del presente artículo.
En aquellos mares, donde dicen que en otro tiempo se pescaron perlas y corales, no ha faltado quien en época no tan remota ha pescado aves de corral, convertidas en marítimas por el ingenio y travesura de algún pistolo guasón.



Los moros surten á la plaza de aves de corral, huevos, caza, manteca, miel y otros víveres, cuando no andamos con ellos a tiro limpio; pero les está terminantemente prohibido entrar animal alguno muerto ó enfermo. 

Los soldados de la Partida investidos del cargo de municipales son los encargados de hacer cumplir ésta y otras órdenes.
Un gatera con galón blanco buscó á dos camaradas de su confianza una mañana seguidamente al toque de diana.
—¿Queréis que esta tarde nos comamos un gallo en pepitoria? les preguntó.
—¿Mos vas á conviar?
—¿Ta tocao la lotería, ú tan enviao guita de tu pueblo?
—¡Quiá! Estoy más peleo que un plato; pero si me ayudáis, esta tarde tenemos la gran merienda. Tú, Rodríguez, te vas á estar paseando por el andén que hay entre el mar y el muro equis, desde el cuerpo de guardia á la Marina, y mucha pupila en el agua, que por allí suele haber gallos nadando; si ves alguno, lo agarras, y al avío. Tú, Sánchez, estarás hoy en la entrada del mercado; fíjate bien en los gallos que llevan los moros; he tenido noticia de que piensan pasar uno muy grande y muy hermoso medio muerto de asma. Ya sabes tu obligación; agarras el gallo, y á la mar con él.
El soldado que así se expresaba colocóse á la hora convenida á  medio kilómetro de la plaza, sobre el camino que á ella conduce; Sánchez en la puerta del mercado, y Rodríguez de vigía, paseando junto al muro equis y esperando asomara el delfín con cresta y espolones.
—A ver, tú, morito, ¿qué llevas ahí? preguntó el soldado de avanzada á un rifeño que marchaba en dirección á la plaza.
—Llevar farruco (gallo).
Farruco estar enfermo, replicó el de la Partida. Y esto diciendo, tomó el gallo como para examinarle, cual doctísimo profesor veterinario.
—¡Por Dios grande! exclamaba el moro, farruco estar bueno; tú estar tontón de toda la cabeza tuyo.
—Mira, mira qué ojos tan tristes; mira, fíjate en esa cresta.
Cuando el gallo volvió á manos del moro, tenía, en efecto, todo el aspecto de un enfermo; la cabeza caída, los ojos medio entornados, el pico abierto y las alas sin plegar.
En la puerta de la plaza esperaba Sánchez.
—Este farruco estar muriendo; hay que tirarlo al mar.
Así se hizo. El pobre farruco, desde que estuvo en manos del primer soldado de la Partida, hasta los muros de Melilla, había entregado su alma á Mahoma.




 Rodríguez no se impacientaba, por más que ya llevaba una hora de paseo en el muro equis. Tenía fe ciega en su camarada, y no apartaba su vista de las orillas.
El oleaje, encargado de ir empujando hacia la orilla á cuantos cuerpos flotantes caen en el mar, puso á la vista y alcance de Rodríguez el magnífico farruco de la historia del cuento.





Cuando por la tarde fue desplumado, la piel del animalito presentaba junto á  las entrañas las huellas de cinco dedos duros como el acero.

MELITÓN GONZÁLEZ
(Dibujos del mismo)

viernes, 16 de octubre de 2009

LA ADUANA IMPERIAL MARROQUI DE MELILLA

Una vez ratificado por España el Tratado de paz con Marruecos el 26 de Abril de 1860 y declarada la ciudad de Melilla puerto franco el 18 de mayo de 1863, Marruecos como consecuencia se vió cada vez más integrado en el sistema económico mundial, reorganizando su sistema fiscal alrededor de Melilla durante el siglo XIX debido al aumento en el intercambio comercial con los mercaderes europeos que pedían unos métodos de contabilidad más sofisticados que los toscos del Majzén, creándose un grupo especial de oficiales de aduana, los umana (plural de amin = agente, administrador) para revisar la valoración y recaudación de los derechos de aduana. Más tarde a los oficiales de aduana se les pagó un salario para evitar la corrupción y de esta forma el sistema aduanero funcionó con un cierto grado de efectividad, comenzando así la presencia de la aduana marroquí en Melilla. la expansión comercial de la plaza era tan pujante que Melilla acaparaba todo el comercio desde el Tafilalt, a través del largo y ancho valle del Muluya y su cuenca hidrográfica, del Garet y de la mayor parte del Rif. Para ello invocaba las disposiciones del artículo VI del convenio hispanomarroquí para el establecimiento de una Aduana Imperial en la frontera de Melilla, firmado en Fez el 31 de julio de 1866.



Melilla Siglo XIX



 CONTI.-Proyecto...1839.P.8
(Conti, hijo del que fue gobernador de la plaza, aboga por un  tratado de comercio con Marruecos)
La Aduana Imperial pudiera establecerse en el centro de la última línea o límite español, sobre el camino que desde Santiago va a la feria. Esto facilitaría al Emperador el cobro de sus derechos y a la plaza la defensa de un fuerte, no consintiendo que se practicase otra carretera

MERRY
.-Mi embajada...1894.P.69-70
(Entrevista con el Sultán en 1863, con el fin desarrollar los intereses comunes de España y Marruecos)
Añadí que el primer objeto se conseguiría haciendo cesar la incomunicación comercial entre el territorio español y el territorio marroquí por la parte de Ceuta y Melilla; que estableciendo una Aduana marroquí en el lugar más conveniente para evitar el fraude, España y Marruecos conseguirían ventajas; España, porque recibiendo la mitad de los productos de dichas aduanas, cobraría mayor cantidad anual; Marruecos, porque haría producir indirectamente a Ceuta y Melilla, como puertos propios; que si S. M. reconociese, como esperaba, las venta­jas de esta indicación, podría designar una persona de su confianza que, de acuerdo conmigo, señale el sitio para el establecimiento de dicha aduana marro­quí. Insistí en que, además de las dos ventajas indi­cadas, había otras para S. M. el Sultán ; á saber: 1.a Que se evitaría todo fraude por Ceuta y Melilla, que son puertos francos españoles, y en los cuales pueden, por tanto, entrar todo género de mercancías, cualquiera que sea su procedencia. 2.a Que aumen­tando por el comercio legal la riqueza del Riff, lo sujetaría S. M. más fácilmente, pues sabido es que las provincias ricas que tienen mucho que perder son las que con menos trabajo se dominan.
(En la misma audiencia se trató de la cuestión de los marroquíes que vivían dentro de los límites de Melilla)

El 31 de julio de 1866 se firma un tratado en Fes creando la Aduana de Melilla, que facilitara  la importación y exportación de todos los artículos que entraban y salían  por las demás aduanas del imperio.
Era el único punto habilitado para el comercio desde de la Aduana de Río Martín (Tetuán) hasta la frontera de Argelia.
El tratado incluía la sorprendente condición de prohibirse la entrada de los cristianos en territorio de Marruecos, fundamentalmente porque el Majzen no podía garantizar su protección.
 

(Para el texto completo del convenio, ver ISIDRO DE LAS CAGIGAS.- Tratados y convenios referentes a Marruecos.1952. P. 75-76)

El 31 de agosto siguiente se autorizó la exportación de 1.000 bueyes, abonando cinco duros por derechos por cada uno. Esta exportación de ganado terminó en 1882 aun cuando se autorizó la salida de ganado para el consumo de la plaza, pagando el mismo impuesto.

Por R.O. del 30 de octubre de 1866, y ante la imposibilidad de establecer la Aduana en el Campo, por su inseguridad,  se autorizó su instalación dentro de las murallas de Melilla. Contribuyó a ello un incidente ocurrido entre marzo y mayo de 1864, en el que  se había prohibido por el bajá la entrada de ganado y granos en Melilla, debido al abuso en la exportación con perjuicio del Sultán. En un informe posterior se afirmaba que no se había dado tal abuso.
Creo que el establecimiento de la Aduana marroquí, no solo dentro del territorio de soberanía de Melilla, sino incluso dentro del recinto amurallado, debió constituir un caso raro, sino único, en la historia mundial de las aduanas.

El 15 de julio de 1867 comenzó a funcionar la Aduana, colocada a 50 metros de una puerta abierta en las inmediaciones de la puerta de Santa Bárbara, en la cortina que la unía con San Miguel.
La aduana se estableció por vía de ensayo por un plazo de tres años, pero no habiendo sido denunciado el tratado dentro de este plazo, por ninguna de las partes, permaneció abierta con carácter indefinido.

MORALES.- Datos… P. 251-257
El 31 de Julio de 1866 se firmó en Fez un tratado estable­ciendo la creación de una aduana en la frontera de Melilla para La exportación e importación de todos los artículos que se pue­dan exportar é importar por las demás aduanas del Imperio, y nos es muy grato consignar un sincero elogio para D. Francis­ca Merry, que concluyó un convenio que puso feliz término á las querellas reseñadas en las páginas precedentes.
Plácemes entusiastas merece la gestión de nuestro Ministro en este asunto, en el que sentimos encontrar un lunar: nos refe­rimos al artículo 6.º, que prohíbe la entrada de los habitantes de Melilla en el Rif, cláusula que nos coloca en estado de infe­rioridad moral con los fronterizos, que ven cómo su territorio es escrupulosamente respetado por nosotros, que no nos atreve­mos á poner un pié en él sin su autorización, en tanto que ellos entran libremente cuando les place en el nuestro, cláusula que supone un verdadero retroceso, pues en ninguno de los ante­riores tratados existe tal prohibición, que ha sido una de las causas principales de nuestra escasa influencia en el Rif, por­que, ¿cómo había de arriesgarse ningún español á penetrar en el territorio fronterizo y llevar á él sus actividades é iniciati­vas, si el solo hecho de pasar los límites le hacía reo de un ac­to punible y le privaba de la protección oficial de España? ¿Có­mo hemos de ejercer influencia en un territorio que nos está vedado pisar? No era el Sultán, según afirmaba Merry, respon­sable de los actos de sus súbditos? ¿Porqué, entonces, aceptar una excepción que no habían pretendido jamás los anteriores Sultanes y que había de constituir y constituyó barrera infran­queable é ignominiosa?
Merece, además, citarse que el artículo 6.° prohíbe á los habitantes de Melilla  penetrar en el Rif; pero nada dice de los de las otras plazas, que en rigor y conforme á la letra de los tra­tados, pueden desembarcar en las playas vecinas.
Con arreglo al artículo 1.° del convenio, en el plazo de cuarenta días, desde la fecha del mismo, debía comenzar á funcionar la aduana, y, aunque no se cumplió esta condición, no fue por culpa del Gobierno marroquí.
La creación de la aduana no fue del agracio del Bajá ni de los Cabos de cábila, que veían desaparecer uno de los recursos con que se enriquecían á costa de los rifeños, cual era las mul­tas que caprichosamente imponían á todos que  traían mercancías á la plaza  sin su permiso y los derechos que  cobraban por autorizarlo, y esa hostilidad fue uno de los motivos que obligó a los administradores á solicitar á principios de septiembre que se les permitiese instalarse dentro de las murallas de Melilla, á  lo que se negó el Gobernador porque sólo tenía órdenes de fa­cilitarles casa mientras se construyera la destinada á ese objeto en la frontera; el Bajá envió el 16 diez moros de rey armados para cobrar los derechos en nuestro campo; pero Benavides les obligó á retirarse, diciéndoles que podían cobrarlos en el suyo, mas no en el nuestro, porque no. tenía instrucciones para ello de nuestro Gobierno, de lo que se mostró sentido El Abbes, manifestando que se quejaría al Sultán, de quien había recibi­do orden de que comenzase á funcionar la aduana el 10 de Sep­tiembre; pero el Majzen estaba persuadido-de la imposibilidad de establecer la aduana en su campo, y como consecuencia de sus gestiones, se dictó la R. O. de 30 de Octubre, (1) que au­torizó su instalación dentro de los muros de Melilla.

La R. O. de 30 de Octubre de 1866 ya citada, se recibió en Melilla el 15 de Noviembre y el 11, cansados de esperar, habían marchado á Tánger los administradores marroquíes, originán­dose de aquí un retraso de ocho meses en la implantación de una mejora de la que fundadamente se prometía Merry gran­des beneficios para España.
Después de mil dilaciones llegaron el 7 de Mayo el Bajá El Abbes y uno de los administradores; pero el otro no lo hizo hasta el 15 de julio y ese mismo día comenzó á funcionar la aduana, colocada á unos 50 metros de una puerta que se abrió inmediata a la torré de Santa Bárbara, en la cortina que la une con san Miguel.
Los fronterizos acogieron con recelo la instalación de la  aduana cuyas ventajas no comprendían, viendo tan sólo un  tributo que se resistía á su natural independiente y un aumen­to de precio para los artículos de consumo que originó por lo pronto menor demanda de ellos y como además carecían de autoridad que los dirigiese, pues El Abbes, mal acogido á su regreso, tuvo que marcharse, acordaron retraerse hasta que viniese el nuevo Bajá y les asegurase que efectivamente estaba puesta por voluntad del Emperador; llegó aquel, el Arbi Ben  Mohammed á fines de Agosto, y poco á poco fue convencien­do á los fronterizos de los beneficios que la aduana les repor­taría.
No tardaron en sentirlos. Los disturbios y las malas co­sechas habían sumido á los cabileños en la miseria más es­pantosa; muchos de ellos determinaron emplear sus últimos recursos en la adquisición de cebada, que, corno es sabido, constituye hecha harina la base de su alimentación y  algunos comerciantes de la plaza trajeron asimismo grandes cantidades de dicho grano; pero ni unos ni otros contaron con el régi­men aduanero del Imperio, que impedía la importación de granos en aquella fecha y preciso fue que Salcedo recurriese á Merry y que éste á su vez emplease toda su energía, aseguran­do á Mohammed Bamsh que España no podía consentir que los fronterizos murieran de hambre siendo tan fácil el remedio y que si en el acto no ordenaba á los administradores que permitiesen la entrada del trigo, harina, cebada, etc., daría él orden á Salcedo para que emplease los medios materiales y morales de que disponía para lograrlo; Bargash dió la orden, y los fronterizos comieron.

Bien porque al Sultán le molestase la presión ejercida en este asunto, bien porque efectivamente los ingresos de la aduana fueran escasos (2), el 14 de Abril recibieron orden los administradores de cerrarla, pero Salcedo se negó á consentirlo, ha­ciéndoles ver que no era potestativo en el Sultán violar el tratado con España y dio cuenta á Merry, que aprobó su conducta y obtuvo la revocación de la orden.
El 6 de Octubre se tuvo noticia en Melilla de la revolución que en pocos días había derribado la secular monarquía espa­ñola y aquel mismo día una comisión de la guarnición y del vecindario solicitó del Gobernador que se cerrara la aduana, fundándose en que en España había desaparecido el impuesto de consumos. Hízoles observar Salcedo que el caso era muy distinto y que sin permiso del Gobierno, al que consultaría, no podía resolver nada, con lo que pareció que se convencieron; pero durante la conferencia, otros paisanos, conducidos ó por lo menos incitados, según parece, por el Vicario, se diri­gieron á la aduana, inutilizando las pesas y tratando de violen­tar la barraca de madera donde estaba instalada, sin que por parte de la guardia inmediata se tornara medida alguna para cortar el alboroto: con esto y con ahuyentar á los moros de rey que estaban en las inmediaciones, quedó de hecho cerrada la aduana, sin que Salcedo se atreviera á abrirla de nuevo.
Los administradores no estaban en la aduana, que no se había abierto aun aquel día, y no hubo por lo tanto violencia alguna para las personas; pero el Gobierno del Sultán no qui­so desperdiciar la ocasión de reclamar alguna vez con justicia y dio proporciones exageradas al atropello, suponiendo que había resultado herido un moro y el día 25 había ya pasado tres notas á nuestro Ministro, manifestando en la, última que, considerando violado el pacto de 31 de Julio de 1865 había dado orden á los administradores para que abandonaran á Melilla.
El Gobierno español, al recibir el 17 e1 telegrama de Me­rry trasladando la primera queja de Bargash, ordenó la forma­ción de sumaria para depurar los hechos y la reposición de la aduana, medida que ejecutó Salcedo el 25, contando, justo es decirlo, con la buena voluntad de los administradores: dióse por satisfecho el Sultán al ver la lealtad y buena fe de España y terminó así aquel incidente.
Bueno es hacer constar que según Bargash, la orden para la retirada de los administradores fue del propio Sultán: en 19 días tuvo éste, por lo tanto, tiempo de enterarse en Fez de lo ocurrido en Melilla el 6, reclamar dos veces y dar órdenes co­nocidas en Tánger dentro del mencionado plazo. No procedía ciertamente con tanta actividad cuando las reclamaciones par­tían de España.


(1) Dice así:
Excmo. Sr.: El establecimiento de relaciones comerciales directas entre Melilla y el Rif, consecuencia del pacto internacional celebrado   últimamente con el Gobierno del Sultán por el Representante de S. M. en Marruecos; y del cual tengo la honra de remitirá V. E. la adjunta copia, inaugura una situación nueva que puede producir grandes ventajas politices y materiales para nuestros intereses en aquel Imperio.
A. la ilustración de V. E. no se ocultará seguramente la influencia que en semejante resultado han de ejercer forzosamente las disposicio­nes que en determinados casos y circunstancias juzgue oportuno adop­tar el Gobierno y las autoridades de Melilla. En este concepto consi­dero un deber por mi parte, someter á la consideración do V. E. algu­nas observaciones respecto á la conducta que el referido Gobernador deberá observar en vista de las nuevas circunstancias creadas por el establecimiento de la Aduana marroquí, objeto del reciente convenio, en las inmediaciones de la plaza española.
Ante todo, la autoridad militar deberá encargar á todos los funcio­narios dependientes de su mando, que procedan siempre respecto de los árabes con la mayor rectitud y la más severa imparcialidad. Con esto, y con mantener enérgicamente nuestros derechos y la inviolabilidad de nuestro territorio, se producirá entre las cábilas la impresión deseada en bien del prestigio de nuestro pabellón y de nuestra influen­cia en el Rif. Para administrar, justicia conforme á lo establecido en el art. 79 del convenio, en las cuestiones y litigios de marroquíes contra españoles, sería en extremo conveniente que el Brigadier Gobernador de Melilla designase á uno de los Jefes de la guarnición de acendrada probidad y de firmeza reconocida. Los árabes no están acostumbrados á emplear escritos en sus pleitos; por esta causa sería muy oportuno que al Jefe que se designe como Juez de moros, se le encargue que resuel­va de plano las cuestiones, después de oír atentamente á las partes, de escuchar á los testigos y de examinar los documentos ó contratos es­critos que presenten los litigantes. Importa mucho que se proceda así, tanto por los beneficios que de ello reportará el comercio español, co­mo porque cualquier retraso que observen los naturales de aquel país  en la resolución de la causa que representen, será considerado como una negativa de administrarles justicia. Claro que estas disposiciones no pueden hacerse extensivas á los casos de muertes ó heridas graves en los cuales no es posible negar a los súbditos españoles acusados, todos los medios de defensa que la ley les concede: pero convendría mucho aplicar aquel procedimiento en todas las disensiones sobre asuntos de comercio y en las faltas ó delitos leves.
Pudiera suceder que el Gobierno marroquí mostrase el deseo de es­tablecer la nueva aduana dentro del territorio español. A ello quizás lo impulse el temor que tiene á las cábilas del Rif, y el afán natural de buscar amparo y seguridad para las personas de los empleados, y para los caudales y mercancías que allí se depositen.
No habría inconveniente alguno en acceder á esto, si así lo pidieran los comisarios marroquíes al Gobernador de Melilla; pero al conceder­les la autorización solicitada, deberá efectuarlo con las restricciones siguientes:
1.ª. Que los marroquíes no fabriquen edilicio alguno sin la autori­zación previa y expresa del Gobernador de la fortaleza española y des­pués de oído el dictamen del Jefe de Ingenieros. Esta restricción debe aplicarse también en el caso de situarse la. aduana en la frontera y así lo ha hecho presente al Gobierno del Sultán el representante fundándose en que más allá de los límites jurisdiccionales de España está el campo neutral en el cual los marroquíes no tienen derecho a edificar.
2.ª Que aun situándose la Aduana en tierra de España, se aplique á los marroquíes y españoles que á ella concurran lo dispuesto respec­to á la jurisdicción en el art. 7.° del convenio. Es indudable que hallándose dicha Aduana en nuestro territorio, la autoridad española es la única competente para juzgar todas las cuestiones que se susciten y  todos los delitos que allí so cometan; pero como esto nos obligaría á castigar por nuestra mano a los marroquíes resultarían odiosidades  y rencores que  por lo menos al .principio  es conveniente evitar.
3.a Que la Aduana se ha  de establecer precisamente tierra adentro,  lejos de la orilla del mar y sobre todo de la ensenada de Melilla, á fin de que no puedan los  marroquíes  pretender en adelante cargar buques y embarcar .efectos directamente desde dicha Aduana. Esta debe ser siempre una Aduana interior, cuyo punto de salida sea el puerto espa­ñol de Melilla. Considero absolutamente indispensable que se prohíba a todo extranjero adquirir .propiedades en la ciudad de Melilla y en el territorio español adyacente. Así se practica en Gibraltar y la pruden­cia aconseja, que en Melilla siga España este ejemplo.
Tales son las observaciones que he creído oportuno manifestar á V. E. á fin de que si las considera acertadas, sirvan de base á las ins­trucciones generales, que para la ejecución del convenio últimamente pactado, ruego á V. E. se sirva disponer sean comunicadas con la bre­vedad posible por el Ministerio de su digno cargo al Brigadier Gober­nador de la plaza de Melilla.
Y S. M. enterada, se ha servido disponer que para la ejecución del convenio de que se trata y del cual es adjunta copia, se observe cuan­to expresa el Ministerio de Estado en el anterior inserto, con las modi­ficaciones siguientes:
1,a Que para administrar justicia, conforme á lo establecido en el art. 7.° del referido convenio, en las cuestiones y litigios entre marro­quíes y españoles, se destinará á Melilla un fiscal de tercera clase del  Cuerpo Jurídico Militar, como asesor del Gobernador de la Plaza,  no sólo en los asuntos de la Aduana, sino en todos los demás que puedan ocurrir.
2 ª Que se autorice la construcción de la Aduana en donde solicite  el Emperador de Marruecos, aunque sea dentro de la Plaza.
3ª Que respecto á las construcciones de edilicios que con esto mo­tivo hayan de verificarse, lo mismo dentro de la plaza y sus zonas, que en el campo fronterizo, deberán observarse las disposiciones establecidas y vigentes sobre el particular, formándose en consecuencia expe­diente en que consten las obras que se quieran realizar y los informes del Gobernador y Comandante de Ingenieros, expediente que el Capi­tán General del distrito ha de dirigir á resolución do S. M. Todo sin perjuicio de que para las obras de que se trata, según sus condiciones de situación y edificación, se tengan presentes las excepciones que aquellas disposiciones establecen para las de utilidad pública é interés general.—De la propia real orden, etc:

 (2) Cada uno de los administradores tenía 24.000 reales de sueldo, 10.000 el escribano y así los demás empleados; estos sueldos eran muy superiores á los normales en Marruecos, por la dificultad de encontrar quien quisiera servirlos; ¡tal era la fama de los rifeños!

Según la historiadora  Naïma Haraj Touzani,  solo el Amin de  Mellilia tenía el título oficial de Amin de Aduanas

MEMORIA DE LA COMISION... (7-12-1870) .P.35-40
INCONVENIENTES DE LA ADUANA MARROQUÍ ESTABLECIDA EN MELILLA Y NECESIDAD DE SUPRIMIRLA
.
Por vía de ensayo y durante un plazo de tres años, se estableció dicha Aduana en 16 de julio de 1867.
Desde entonces y hasta la fecha que se halló a punto de expirar el mencionado plazo, no solo no ha ofrecido las ventajas en pro del desarrollo del comercio de la localidad que quizás pudieron imaginarse al crearla, sino que es que, muy al contrario, aquel ha disminuido notablemente, y la aduana ha soportado perjuicios a la población de Melilla y a los moros fronterizos, que desde un principio la recibieron con gran disgusto.
Recargados en el arancel con derechos crecidos los pocos artículos de primera necesidad que importaban los bereberes a la plaza, estos, como es consiguiente dada su natural codicia, elevaron desde luego en otro tanto los precios de venta de aquellos, ganosos  de no sufrir el menor perjuicio en sus intereses.
De escasos recursos  en general, el vecindario de Melilla, como atenido en su mayoría a cortos sueldos y pensiones del Estado, no pudo soportar esa subida de precios, y forzosamente redujo la satisfacción de sus ya limitadas necesidades con perjuicio de su bien estar.
Como consecuencia inmediata de la falta de demanda, no bajaron los precios de los artículos en el mercado, cual fuera lo natural y lo que se desprende de la ley general de las transacciones entre pueblos civilizados, sino que disminuyó la importación hasta el punto de escasear muchos géneros antes ofrecidos con abundancia. Ejemplo palmario de ello, entre otros, es lo que acontece con la carne de vaca. Hasta el establecimiento de la Aduana nunca se careció de aquella en Melilla, excepción hecha de las temporadas de hostilidades abiertas, a un precio muy módico asequible para la mayoría del vecindario. Desde la creación de la Aduana, cada día ha escaseado más dicho artículo, y de algún tiempo a esta parte falta con gran frecuencia, y cuando esto no ocurre tiene un valor insoportable para la clase menos acomodada de la población que es, como queda dicho, la más numerosa.
A su vez, y por la misma causa, la exportación por los moros se ha reducido también mucho,  y aunque han apelado algún tanto al contrabando que libremente puede ejercer por no existir quien lo reprima; es lo cierto que también la plaza sufre por este concepto viendo languidecer rápidamente un reducido comercio, y aquellos que todos miran con gran disgusto la Aduana.
Tanto es así, que los empleados marroquíes de la misma , huyendo del furor de sus correligionarios , fueron poco a poco acercándose a la plaza para ponerse bajo la protección de ésta, y desde los límites , a donde se estableció y debía seguir la Aduana, según los tratados, ha llegado a encontrarse, como sucede en la actualidad, dentro de los muros de Melilla, dándose el espectáculo, por demás extraño y no visto, de tener aquella el enemigo dentro de la plaza que bloquea, lo cual habla bien alto en pro de la satisfacción que causa a los Riffeños esa traba impuesta a su exiguo comercio.
En resumen, la Aduana Marroquí perjudica a los moradores de Melilla ; en primer lugar , por la disminución en el mercado de los artículos de primera necesidad; en segundo, por la elevación de precios de los que quedan, y como los moros han reducido la exportación , resulta en buenos términos que dichos moradores son casi los que sostienen las utilidades que puede sacar de esta  Aduana el Gobierno del Emperador de Marruecos, y claman con justo motivo por la supresión de tan gravosa como poco honorífica carga , así como porque cesen tales  perjuicios.
No ha podido la Comisión apreciar con exactitud cuales sean esas utilidades, por coincidir con su llegada a Melilla la presentación de nuevos Administradores de la  Aduana  y ser práctica en el sistema administrativo de Marruecos llevarse aquellos los libros de asientos y contabilidad cuando son relevados, a fin de presentarlos como comprobantes en la rendición de sus cuentas, pero por las noticias recogidas y los mismos asertos de los citados nuevos Administradores, puede tenerse la seguridad de que la Aduana no rinde más que lo necesario para sufragar los gastos que reporta, y consisten en el sueldo de dos administradores, 2.400 escudos anuales cada uno, superior al que disfrutan todos los demás de igual cargo del Imperio Marroquí , por la dificultad de encontrar el Gobierno quien quiera ocupar estos destinos en Melilla; 1.000 escudos a un escribano, 706 escudos a 14 moros de Rey que custodian la Aduana.
Algo se remediarían los daños que esta origina con la rebaja del arancel siempre que esta rebaja fuese de alguna consideración, mas prescindiendo de que tal no se aceptaría por el Gobierno de Marruecos, dado lo antes expuesto acerca de las utilidades que obtiene de aquella, es evidente que cualesquiera derechos sean mayores o menores, en las condiciones de carácter de los importadores , han de gravitar íntegros sobre la población de Melilla, que en su compensación no obtiene ventaja alguna de la Aduana Marroquí.
Parece, pues, quedar demostrado que esta, en los tres años próximos que lleva de establecida por vía de ensayo, no ha sido más que origen de perjuicios  para la plaza de Melilla, y en su consecuencia, la Comisión, considerando urgentísimo se suprima , y atendiendo a la proximidad de la fecha en que se cumple el plazo de dicho ensayo, estimó prudente anticipar esta su opinión al Gobierno de S.A. el Regente del Reyno, a fin de que no se viera el lamentable caso de expirar aquel y renovarse el tratado a favor de la continuación de la Aduana , que no sería extraño desease también ver suprimida el Gobierno marroquí.
Una vez suprimida la Aduana, las relaciones comerciales con los Bereberes volverán a tomar algún incremento y se habrá conseguido no poco en pro de los intereses de Melilla. Desear más al presente parece a la Comisión imposible, pues la soñada esperanza de constituir a la plaza en un punto de depósito de salida de las producciones de Marruecos no es realizable hoy por ningún medio. Allá en lo futuro , en que sea respetada por los moros, el día que la Colonia llegue a un estado próspero y cuente entre sus habitantes con especuladores de buena fe, sin necesidad de poner trabas al comercio, aquella esperanza se realizará , y los productos del Riff y de Garet llegarán a España, a pesar de cuantas prohibiciones acerca de la exportación libre quiera hacer el Sultán a sus súbditos de esas provincias , porque estos conocen bien el mejor modo de eludir las órdenes de su Soberano y sobreponerse  a todos los tratados y a los trabajos , de la diplomacia.
En medio de esa libertad de comercio hay, sin embargo, una traba que imponer  ahora y siempre, en concepto de la Comisión. Uno de los artículos que exportan los moros de Melilla, y no en pequeña cantidad, es el salitre, que emplean en la fabricación de la pólvora de que se valen para hostilizarnos. Parece anómalo, y de seguro es a todas luces inconveniente, que al enemigo, y tan encarnizado como lo es el moro, se le faciliten los medios de hacer eficaz su acción ofensiva, y bajo tal punto de vista cree la Comisión que debe , no ya dificultarse el comercio del salitre, que por la aplicación a que los destinan los Bereberes puede considerarse como artículo de guerra, sino recargar con crecidos derechos su introducción en la plaza y prohibir su exportación , impidiendo abiertamente la saquen aquellos de la misma.

 SUBINSPECTOR DE INGENIEROS. Informe.... (31-1-1872
Las apreciaciones hechas acerca de los  inconvenientes de la Aduana marroquí establecida en Melilla, son sin duda muy exactas, y en particular creo incuestionable que no debe existir dentro de los muros de la plaza. Aquel imperio, fuera del territorio español, podrá situar  los establecimientos que con arreglo a sus leyes hayan de recaudar las rentas de su Estado, pero admitirse dentro de nuestra plaza, creando así trabas para que concurran los rifeños a abastecerla, no parece conveniente y puede dar lugar a cuestiones que debieran evitarse.

En el Congreso de Geografía Colonial y Mercantil, de noviembre de 1883, entre las conclusiones de la primera sesión se insiste en la urgencia de denunciar el tratado para el establecimiento de la aduana de Melilla, con el objeto de evitar su existencia dentro del territorio español

MITIN DEL TEATRO DE LA ALHAMBRA (30-3-1884)
Joaquín Costa: "...habría convenido al desarrollo de nuestro comercio en Melilla y a la realización de empresas políticas sobre el Rif, entonces posibles, no permitir al Sultán intervención alguna en la importación y exportación por aquel puerto, y sin embargo le hemos admitido, no en el campo exterior, sino dentro de la plaza, una aduana que le produce muy buenos rendimientos y que, además, le sirve de reconocimiento implícito de su soberanía sobre el Rif, de hecho independiente..."

P.54.Palabras del señor Azcárate:
Me diréis que en cambio en Melilla sí la hay, pero más valdría que no la hubiera. En primer lugar, porque la aduana marroquí está en territorio español, no obstante que la Real Orden que autorizó su creación, determinaba que se estableciese en las inmediaciones de nuestro territorio, pero no dentro de él, lo cual es una cosa intolerable y contra la cual protestan todos los españoles que allí van; pero aunque no la hubiera en Melilla, no se habría impedido el tráfico con los rifeños, porque estos son un poco levantiscos y, con aduana y sin ella, hubieran hecho el comercio, y claro está que España no tiene el deber de vigilar por los intereses del Sultán. es decir, señores, que en Ceuta, donde por ser otras las circunstancias hace falta la aduana, no la hay, y en Melilla, que nada importaría que no la hubiese, existe, y precisamente dentro de nuestra propia casa.
P. 84.Conclusiones que se remiten a las Cortes:
5ª Cumplir en su tenor literal el artº 1º del tratado de 31-7-1886 (debe decir 1866),- según el cual, habría de establecer el Sultán una aduana en la frontera de la plaza de Melilla-, a fin de que deje de hallarse instalada esa aduana en territorio español.

El 8-6-1884, la Sociedad Española de Africanistas y Colonistas insistía en que había que obligar al Sultán a llevar la Aduana a la frontera de Melilla.

 REVISTA DE GEOGRAFÍA COMERCIAL .D. 31-3-1886.
(Joaquín Costa)
...¿Ni como podemos sostener que el Rif es independiente y por tanto, que Francia, que Alemania, que cualquier otra potencia puede apoderarse de él, cuando hace pocos meses obligábamos al Gobierno de Fez a castigar el atropello cometido por los moros en la bahía de Alhucemas; cuando en estos mismos instantes, y por virtud de un tratado solemne, tiene el Sultán una aduana en Melilla?...

 DUVEYRIER.-De Tlemsen.a Melilla en 1886.1893.P.260-261
Administran este país los cadíes, y además los umenas o intendentes, cuyas funciones, de un orden distinto, se reducen a la administración de los intereses particulares del Sultán, y a la expedición de los negocios exteriores de la tribu, así es que las cartas de recomendación que me había dado el excelente ministro marroquí Sidi Mohamed Torres para los Guelayas, iban dirigidas, no a los cadís, sino al amin el Umena (o intendente de los intendentes) Sidi Mohamed el Aseri, residente en Yenada, no lejos del cadí Embareck de los Guelayas Mazudyas.
(Sid Mohamed el Aseri era el administrador de la aduana y el auténtico bajá. Falleció en noviembre de 1886.ver Morales. P.287 y 291)

 ROJAS GODOY .R. G. C. D. 30-4-1887.
Aun no hace muchos años llegaban importantes caravanas a cargar a Melilla géneros de Europa, sobre todo tejidos de algodón, pero la autorización torpísima y antipatriótica de una aduana marroquí dentro de la plaza y la consigna verdaderamente incomprensible de que nuestros centinelas auxilien a los implacables recaudadores moros, ha dado por resultado que las caravanas varíen de rumbo y se dirijan a Nemours, en la costa de Argelia, cerca de Chafarinas. Y hay más: que el jefe de dicha Aduana, conocido en Melilla por el Jalifa, residente allí por más de 20 años, ha venido trabajando lo indecible por evitar todo trato de los moros con los españoles, sirviendo de eficaz auxiliar a estos propósitos la propia aduana.
Que desaparezca ese inmenso estorbo; que se estimule a nuestros navieros y fabricantes; que se observe una prudente tolerancia con la colonia hebrea, que ha llevado allí los capitales, y se habrá prestado un servicio de importancia a nuestro país.
(Rojas Godoy era interventor del Puerto Franco desde 1869)

En 1889 se pagaban 25 pesetas por cabeza de ganado que entraba en la plaza, gravamen por haber asesinado los fronterizos  a Francisco López Domínguez en 1869; de esta forma pagaban la indemnización a la familia.

 PEZZI.-Los presidios menores...1893.P.144-145  (en 1891)
Si difícil es averiguar cómo puede sostenerse el tráfico sin consentir la libertad necesaria para que los negociantes y sus productos atraviesen las regiones comerciales, más difícil parece aún explicar cómo puede influir favorablemente el establecimiento de una aduana en el fomento de las relaciones mercantiles. Y aún parecerá más difícil la explicación de la conducta de nuestros representantes en Marruecos, si se atiende á que gozando Melilla desde los primeros tiempos por costumbre y por los tratados celebrados con el Imperio, del privilegio de entrada libre de los productos marroquíes, sin que pudieran las autoridades del país prohibirla, ni estorbarla con otros gravámenes que los establecidos en los tratarlos, el establecimiento de una aduana sólo podía considerarse como un medio de aumentar los ingresos del Tesoro marroquí; como una imposición á las kábilas de la Alkalaía, cuyo odio había  de recaer sobre los exactores y sobre sus auxiliares españoles; como una negación manifiesta del derecho consti­tuido por los anteriores tratados, y como un gravamen para la población de Melilla que, en último resultado, había de pagar los impuestos nada suaves que constituyen la renta de aduanas marroquí; extremos todos que si parecen dignos de constituir objetivos del Gobierno sherifiano, no eran aceptables en modo alguno por el de la nación española, que no en los límites como el tratado expresa, sino en el mismo territorio de Melilla consintió y consiente la aduana marroquí, amparada por el generoso, quizá demasiado generoso pabellón español.
Merece ser estudiado el art. 6.° del referido convenio.
«A fin de evitar los males—dice—que pudieran resultar si los habitantes de Melilla se internasen con pretexto de comer­cio en el territorio del Rif, S. M. la Reina de España comunicará las órdenes más terminantes al Gobernador de aquella, fortaleza para que no permita á dichos habitantes pasar la frontera bajo ningún pretexto. Se exceptúan tan sólo los nego­ciantes moros súbditos del Sultán.
Algo extraño parece el método adoptado para fomentar el comercio y las relaciones de amistad entro españoles y rifeños, pero aún creemos más sorprendente la idea que del comercio do Melilla y del objeto de esta plaza se trasluce en comunica­ciones oficiales como la que vamos á transcribir.
«Tánger 17 de Agosto de 1871.— El Ministro Plenipoten­ciario al Gobernador de Melilla:»

Para evitar dudas en el porvenir creo de mi deber contestar de oficio á la consulta que confidencialmente se ha servido hacerme V. S. en su carta de 6 del presente, respecto á que si se entiende que los artículos de consumo que se introduzcan en Melilla, no para el suministro de la guarnición y vecinda­rio, sino para exportarlos para España ó para el extranjero, deben pagar derechos de aduanas.—El Gobierno de S. M. el Rey de España ha solicitado de S. M. el Rey de Marruecos la libre entrada de víveres para comodidad de la guarnición y vecindario y no para el comercio. Estas concesiones de Sobe­rano á Soberano y de Gobierno á Gobierno deben ejecutarse y cumplirse siempre con completa buena fe, conforme al espíritu que al pedirlas y al otorgarlas animaba á las altas partes con­tratantes. Ruego á V. S., por tanto, recomiende á los habitan­tes de esa plaza que al aprovecharse en bien suyo y de sus familias del beneficio alcanzado, eviten dar pretexto á que se suponga que España no procede en este asunto con su habitual hidalguía. Como la mayor parte de los vecinos de esa plaza son jefes y oficiales del ejército que no se emplean en asuntos de comercio, y como principalmente á su favor se ha introducido este privilegio, no creo produzca daño alguno el fiel cum­plimiento de lo estipulado.— Francisco Merry y Colón.
El documento trascrito basta por sí solo para explicar, me­jor que todos nuestros razonamientos, la manera de ser espe­cial de esta posesión y de las demás de África. Las pueriles precauciones adoptadas por nuestros Gobiernos en previsión de las contingencias que podían sobrevenir por consecuencia del establecimiento de la aduana, acusan un excesivo temor á complicaciones que de ningún modo podían perjudicar á Es­paña, antes bien producir, debidamente aprovechados, el acrecentamiento de su influjo en el Rif.


En 1891 se insiste en que la Aduana marroquí debía ir al cerro de Santiago tal como se había propuesto reiteradamente.

En 1892 Francia consiguió una rebaja en la tarifa de entrada de sus productos y España posteriormente solicitó al Majzen la misma ventaja, que le fue concedida.

En 1892 se seguía pagando en la Aduana 25 pesetas por cabeza de ganado. Es preciso hacer constar que la exportación de ganado constituía uno de los principales recursos de la Aduana, pero que, al mismo tiempo, la exportación de ganado y cereales estaba especialmente regulada para remediar, en su caso, las grandes hambrunas padecidas en ocasiones, especialmente las producidas  como consecuencia de la invasión de la langosta, tal como ocurrió en 1878.

En 1893 la aduana percibía el 10 % de todos los productos que salían de la plaza, incluso, algo incomprensible visto desde hoy,  los destinados a los establecimientos del Polígono, por estar fuera del  recinto amurallado. La falta de una vigilancia rigurosa en el perímetro exterior de Melilla, hacía muy fácil el paso de mercancías a Marruecos desde el barrio del Polígono; es por lo que las autoridades de Melilla contemplaban indulgentes tan anómala situación

 REVISTA DE GEOGRAFÍA COMERCIAL. Nº 117.mayo de 1893.
Conclusiones del Congreso Africanista celebrado en Granada entre el 2-10-1892 y el 11-5-1893.
-Traslado de la Aduana de Melilla al campo moro.
D. José Ruiz Cebollino, antiguo gobernador del Peñón de Velez (1886-1889) expuso el absurdo de tener la Aduana dentro de los límites de Melilla, y debía ser trasladada cuanto antes al campo rifeño.

 EL HERALDO. D.16-10-1893  Domingo Blanco
Es de lo más chocante que en este puerto franco, donde  ni siquiera ha llegado la ambición recaudadora de Gamazo, existe una Aduana del Sultán, que cobra por los productos que entran en nuestra propia casa. Con motivo de una reclamación de España por una de tantas fechorías morunas, el Sultán nos dio una indemnización, creo que 18.000 duros, a cambio de establecer la Aduana. Se accedió a su pretensión, y bien se ha cobrado el Sultán aquella cantidad, puesto que lleva la Aduana funcionando algunos años y cada año recauda muy cerca de 10.000 duros.
El Sultán tiene aquí de administradores seis moros distinguidos, a los cuales visitamos ayer en su casa Rafael Gasset y yo, acompañados del intérprete señor Marín.
...Tienen diez criados y dos negras que aun para los servicios de la cocina procuran estar siempre arregladas con todas las cintas y trapos de lujo.
...el Sultán, como nuestro Tesoro, no recibe íntegramente el producto de la recaudación de las aduanas.
Estos vistas se van de aquí como los nuestros se van de Ultramar, con algunos ahorrillos.

 Diccionario Hispano-Americano 1893.
La Aduana marroquí de Melilla, por la cual se pueden extraer los productos del Rif e importar las mercancías que requieren las kabilas, se halla en la línea exterior de la plaza, en el fuerte de Santa Isabel, y es el único punto habilitado para el comercio lícito en la costa del Riff desde Tetuán hasta la frontera de Argelia; por lo tanto, las embarcaciones que se dedican al contrabando no pueden reclamar indemnización por los daños y perjuicios que les resulten de su tráfico ilegal.

 Memoria descriptiva....1894.P.31
... en el Convenio de 31-7-1866 se estipuló, con mejor intención que acierto, el establecimiento de una aduana marroquí en la frontera de nuestro campo. Pretendíase, sin duda, que S. M. Sheriffiana permitiese el comercio con el puerto de Melilla, ventaja grande, indudablemente, por el cual, y en legítima reciprocidad, se le otorgaba aquella concesión. Medida y concesión muy justa, si no estuviesen en pugna y contraposición con la costumbre y tratados anteriores, en los que se establecía el libre derecho de importar y exportar a españoles y marroquíes, sin más trabas y gravámenes que los señalados en ellos.
El establecimiento de la Aduana marroquí aumentó los ingresos del Tesoro de aquel país, dificultando considerablemente el desarrollo de las transacciones de Melilla.
A pesar de esto, el comercio ha aumentado; júzguese, pues, lo que sería sin esa traba...

 LOPEZ DOMINGUEZ.-Discurso en el Congreso....1894.P.23
Por cierto que el Comandante General  (Margallo) me decía que la traslación de la Aduana (a Saidia, amenazaba Maimón Mohatar) sería de mal efecto y muy perjudicial para los intereses de Melilla, por razones de comercio y trato con los riffeños; pues esa Aduana ocasiona el que traigan gran número de artículos comerciales a la plaza.

 LLANOS.-Melilla.1894.P.350
La aduana marroquí se halla establecida en un barracón, dentro de la plaza, junto a la puerta de Santa Bárbara. Cobra derechos sobre los artículos que salen de Melilla para distribuirse en territorio marroquí; sobre los de Marruecos que se embarcan para exportarlos, y sobre las reses que llevan los moros a Melilla.
Cobra:
Por la pieza de muselina morena, de 24 yardas, 3 reales de vellón.
Por la de tejido blanco, de 30 yardas, 4 reales.
Por la pieza de tela calada y pintada, 1 real
Por un pilón de azúcar, peso de 2 kilos, medio real
Por un kilo de té, un  real.
Por un kilo de café,  1 real
Por una caja con 30 paquetes de velas, 4 reales.
Por una arroba de aceite, 1 peseta.
Por una caja con 2 latas de petróleo, 5 reales.
Por cada res vacuna, destinada al matadero de la plaza, 5 duros.
(las demás reses no las pueden vender los moros, por orden del Sultán)
Por cada 100 kilogramos de pieles de cabra, para exportar, 2 duros.
Cobra una pequeña cantidad sobre las gallinas y los huevos que se exportan.
Todo lo que se consume en la plaza, fuera de las reses, no paga derechos.
La Aduana marroquí produce al Sultán sobre 2.000.000 de pesetas anuales.
(1)    Hay filtraciones. Se observa que cuando los comerciantes piden recibo, la Aduana cobra lo justo; y cuando no quieren recibo, cobra menos.
(2)    Se observa también que los hebreos y los moros prefieren pagar los derechos a los comerciantes de la plaza, encargándose estos de recoger los recibos de la Aduana.

La Aduana vuelve a funcionar, tras estar suspendida durante los sucesos de 1893, el 1 de enero de 1894.

REVISTA DE GEOGRAFÍA COMERCIAL
  Nª 133 -134  Septiembre -octubre1894
EL RIF COMERCIAL
 Por el Capitán de Fragata D. Pedro Guarro y González.
Y esa Aduana, tan nombrada y tan hablada, sin conocimiento de las causas de su creación, ha contribuido mucho  a establecer amistades entre españoles y riffeños y a disminuir casi a cero los ataques diarios que los moros limítrofes hacían continuamente a la plaza.
(Al finalizar la guerra de Margallo) Lo primero que pidieron los moros fue que se les permitiera entrar a comprar y vender, y al día siguiente han entrado en la plaza , más para lo primero que para lo segundo, y tenemos la seguridad que la Aduana que desde luego se instaló hizo un ingreso importante, pues esta Aduana mora es lo más raro que pueda concebirse; cobra a los moros dentro de los límites españoles, por lo que compran en Melilla y llevan al campo para su consumo; y aunque está colocada en situación y condiciones al punto apreciadas poco honrosas , hay que alabar el talento del que concedió tal permiso, pues abrió una puerta al Imperio de Marruecos  por el indómito territorio del Rif, puerta por donde se  va introduciendo la civilización y Aduana que nos restablece  relaciones con las kabilas limítrofes, relaciones que reducen en mucho el número de ataques que antiguamente ocurrían.
Debido al sistema, los moros que desde Melilla conducen géneros al interior, no quieren pagar los derechos en la Aduana, sino comprarlos libres de gravamen, por lo cual los comerciantes dan guías para la dicha Aduana que luego pagan en la oficina fiscal marroquí, y de estos comerciantes hemos aprendido que puede calcularse en unas 4.000 pesetas diarias la recaudación, que al año es de aproximadamente 2.000.000 de pesetas, producto del 10% ad valorem.
 (Pedro Guarro era el Capitán del Puerto en aquella fecha)

BERMUDEZ.-Geografía....1894.P.216
Cuando el Sultán concedió el establecimiento de una aduana marroquí en Melilla para que pudieran introducirse por su puerto la mayoría de los artículos extranjeros que consumen los rifeños se creyó que la necesidad de surtirse de ellos obligaría á las tribus á no hostilizar la plaza con la frecuencia que otras ve­ces, á fin de no carecer de géneros que como el azú­car y el thé puede considerarse para ellos de primera necesidad. Pero esta creencia ha sido ilusoria…(se refiere a la guerra de Margallo)

Desde 1902, España se beneficia, como Francia, del 5% ad valorem, tarifa ratificada en el tratado de Algeciras (artº 103), y posteriores Tratados Hispano-marroquíes de 1910 y 1912, modificada posteriormente.


miércoles, 14 de octubre de 2009

LOS DIARIOS DEL SITIO DE MELILLA DE 1774-75, DIAS 9 AL 15 DE DICIEMBRE DE 1774

El extracto del conjunto de los diarios del sitio de Melilla acaecido entre el 9 de diciembre de 1774 y el 19 de marzo de 1775, son probablemente suficientes para tener una visión bastante completa de los hechos acaecidos en el período más intenso y dramático de los vividos por Melilla en su historia secular.
vista de la Plaza de Melilla en 1774

ANONIMO
Diario de las operaciones de la Plaza de Melilla, en el sitio que la puso el Emperador de Marruecos en 9 de diciembre de 1774


FRANCISCO DE MIRANDA
Capitán del Regimiento de Infantería de la Princesa.
Diario del ataque y defensa de la Plaza de Melilla contra el Ejército del Emperador de Marruecos mandado por su misma persona el día 9 de diciembre de 1774


MIGUEL FERNANDEZ DE LOAIZA
Cirujano de Málaga.
Sitio puesto a Melilla por el Emperador de Marruecos en 1774.- Diario del sitio.


JUAN CAVALLERO
Ingeniero Director.
Diario del sitio de esta Plaza desde el 9 de diciembre de 1774 hasta el 19 de marzo de 1775, hecho por el Ingeniero don Juan Cavallero.


Para más información ver EL PERIÓDICO MELILLENSE. “La cuestión de los diarios del Sitio de Melilla”


Diciembre
Día 9
ANONIMO.- Diario del sitio de Melilla.
A la una menos cuarto de la noche de este día, llegó un moro confidente con la noticia de que este día se avistaría el ejército, como así se verificó a las 12 del día, acampando al mayor alcance del cañón o de 1.800 toesas, el Emperador con 200 tiendas de campaña, inmediato a la Albufera, sin haber más novedad que haberse disparado por la mañana y tarde desde la plaza algunos tiros de cañón a la Vega y hacia el campamento.
Este mismo moro expresó que el día antecedente había llegado al campo un moro de respeto que se adelantó del ejército, el que fue muerto de un cañonazo de la plaza, que le separó un muslo y le mató un caballo.
Este propio día se observó que los moros y las moras de este campo, antes de descubrirse el ejército, bajaron en crecido número a la vega y arrancaron los nabos y cuanto tenían sembrado, y por la tarde, a excepción de unos pocos que se vieron ir hacia las tiendas, todos los demás desaparecieron de los ataques.


LOAIZA.- Diario…
(El cirujano Loaiza llegó a Melilla el 30-12-1774)
Sobre las 4 de la mañana serían cuando llegó el confidente de paga con la noticia de que al día anterior había llegado al campo un moro grave con la comisión de reconocer las inmediaciones de los fuertes, para la segura colocación del ejército marroquí. Añadió que en este día entraría mandado por la misma imperial persona. Dijo también que estando dicho comisionado practicando su reconocimiento, una bala de cañón de la Plaza le mató el caballo, muriendo él a las pocas horas. Conocióse ser cierta esta noticia porque poco después de amanecer se dejaron venir los de Frajana y arrancaron los sembrados de la vega, huyendo de estos parajes con visibles muestras del disgusto que les causaba la venida del ejército, tanto por el destrozo y gravámenes que se les seguiría, como por no agradar a sus espíritus independientes estar bajo el yugo de nadie.
A las 12 de este día empezaron a entrar grandes trozos de caballería por el camino que está más allá de la casa del Renegado, y tal sinnúmero de Infantería, que no pudo bien distinguirse su formación.
Sucesivamente no pararon de entrar de día y de noche, este, el siguiente día y aún el tercero, repartiéndose por distintos parajes en tanto número que reputaban estos naturales sería ejército como de 80.000 moros.
Desde la Plaza, en señal de bienvenida, los recibían con repetidas salvas de flautas de Vizcaya, enviándoles para refresco albóndigas de hierro colado. Pero ellos, con las debidas precauciones, anduvieron oficiosos en acomodar sus tiendas, acampándose a la inglesa formando círculo, tomando el campamento del Emperador el centro de los más cercanos a las faldas de la montaña.


CABALLERO.- Diario…
Dicho día, a la una de la madrugada, llegó un confidente moro a la plaza avisando que en breves horas se avistaría desde ella desde ella el ejército de su emperador, y en efecto, a las 12 del día se verificó, acampando dicho emperador con unas 200 tiendas a distancia de 4.700 toesas aproximadamente de la plaza, la cual le hizo fuego con algunos tiros de cañón que le mataron un moro grave de los destinados al reconocimiento.
Este mismo día se vio que los moros establecidos en el campo antes de descubrirse el ejército, bajaron a la vega y arrancaron sus mieses y hortalizas desapareciendo después algunos de ellos e incorporándose a dicho ejército los restantes.


MIRANDA.- Diario...
(Miranda desembarcó el 30-12-1794)
A la una menos cuarto de la madrugada llegó un moro confidente – se llama Amar, y ha estado mucho tiempo prisionero en la Plaza – con la noticia de que este día se avistaría el Ejército del Emperador mandado por él mismo, como así se verificó a las 12 del día (1), formando su campamento en dos divisiones, frente de la Plaza y fuera de tiro de cañón, cuya derecha cubría el Emperador y la izquierda un infante. Las baterías nuestras hicieron algún fuego hacia el campamento y tropas enemigas que se acercaban.
El mismo confidente expresó que el día anterior había llegado al campo un moro, sujeto de capacidad y respeto, que se adelantó al Ejército con cierta comisión y fue muerto de un cañonazo de la Plaza que le separó un muslo y mató el caballo.
Se observó este mismo día que los moros habitantes de este campo , antes de descubrirse el ejército, bajaron en crecido número mujeres y hombres a sus sembrados y arrancaron cuanto tenían plantado en ello, y que por la tarde desampararon sus ataques y desaparecieron, a excepción de unos pocos que se vieron ir hacia las tiendas del expresado campamento; prueba del poco gusto con que recibían en su país aquellas tropas que infaliblemente les habían de subyugar, como rebeldes que han sido siempre al Emperador.
Así se verificó a las 12 del día, formando su campamento en dos Divisiones, frente a la Plaza y fuera del tiro de cañón, cuya derecha cubría el Emperador y la izquierda un infante. Las baterías nuestras hicieron algún fuego hacia el campamento y tropas enemigas que se acercaban.


FERNANDEZ DE CASTRO.- El sitio de Melilla…P. 33-33
(1) Tan pronto como se vieron llegar tropas del Emperador de Marruecos, que aparecieron por la margen oriental de la laguna de Mar Chica, el Mariscal de Campo D. Juan Sherlock despachó para Málaga, a bordo de una falúa, al práctico de esta costa D. Juan Trinquini, dando cuenta al Gobernador del grave peligro que amenazaba a Melilla y rogándole enviase correos “a matacaballo” para que tuviese enseguida noticias de ello el Capitán General de la Costa de Granada y el Gobierno. Trinquini cumplió su comisión admirablemente y así el día 12 pudo llegar la primera embarcación de socorro.


ALVEAR.- Memoria…
El día 9, a las 12 de la mañana, empezó a entrar, por el camino en que está la casa del Renegado, un ejército que se reputó la fuerza de 8.000 infantes y 4.000 caballos.
La plaza, desde luego, empezó sus fuegos de cañón…


Día 10
ANONIMO.- Diario...
Este día amaneció puesto otro campamento entre el mencionado y San Lorenzo, a casi igual distancia de la Plaza que el antecedente, de mayor número de tiendas, y una batería de tres morteros, dos de granadas reales y uno de bombas de a 12 pulgadas, con la que nos ha empezado a incomodar, causando algún daño en los edificios, siendo el primero la casa del Gobernador, que padeció el mayor estrago.
Por la tarde pusieron los moros bandera de paz, y recibidos con las precauciones debidas, pidieron una de tres cosas: abandonar la Plaza, capitular, o entregarla, con otras expresiones arrogantes, que fueron respondidas por el Gobernador, que les dijo, por disposición del General: que era fiel vasallo del Rey Católico Cristiano, y que tenía la Plaza jurada, la que defendería hasta perder la última gota de sangre, para lo cual estaba bien provista de municiones de boca y guerra, con la suficiente guarnición, dispuesta a defenderla hasta escarmentar el orgullo sarraceno.
Con este motivo se dieron varias providencias por el General, correspondientes al mejor orden de defensa, asistiendo personalmente a los fuertes y baterías, y el Gobernador, con infatigable celo, despachando pronto aviso de todo, con la falúa de la Plaza, a la ciudad de Málaga.


LOAIZA.-Diario…
Amaneció y se vieron ya cuatro campamentos formados, como digo, a la inglesa. El uno frente a los fuertes exteriores, sobre el sitio llamado de la Puntilla, y los otros tres a las faldas del Caramús, distinguiéndose el del Emperador por una hermosa y rica tienda con remates y franjas de oro, y otras cuantas piezas al lado, que se conocían ser la cocina, el tesoro, la regalada de los caballos, etc.
Descubrióse asimismo con la luz del día que tenían levantada una trinchera en San Lorenzo, con batería de morteros del calibre de a 12 y 9 pulgadas. A las 9 de la mañana empezaron con ella a bombardearnos, y arrojaron hasta 16 no más; pero bastantes para derribar la casa del gobernador y otras muchas.


(Hubo 16 bombas y 8 balas rasas, según el propio Loaiza apunta en el resumen que incluye al final del diario)


En la tarde de este día pusieron bandera de paz, presentándose en la vega algunos escuadrones de caballería y mucha infantería, y habiéndoseles correspondido con otra bandera blanca que se izó en la torre de Santa Bárbara, se dejaron venir a nuestro rastrillo de Santa Bárbara el alcalde de este campo, llamado Amar, con dos bajáes del ejército y cuatro peones. Hecho que hubieron el debido acatamiento al caballero comandante general, señor gobernador y otros distinguidos sujetos que estaban en el palenque con el intérprete, y con las debidas precauciones y defensas correspondientes, teniendo tomadas todas las troneras de las cercas las compañías de granaderos, Princesa y Zamora, y la Plaza entera sobre las armas, con la artillería a metralla, etc., dieron principio con expresiones muy arrogantes al razonamiento siguiente: sabed de parte de mi soberano, que viene personalmente mandando este numeroso ejército hasta tomar esta plaza, por cuanto está en su territorio y Dios se la dio: debéis, pues, abandonarla, retirándose a España toda la guarnición, para lo cual os dará lugar a ello, o tratad de capitular, porque de lo contrario será tanta su indignación, que pasará por las armas a todos los que la habitan.
El caballero gobernador, tomando la correspondiente venia del señor comandante general, les respondió: Decid al Emperador que los habitantes de la Plaza son fieles vasallos de nuestro católico monarca, y que todos están dispuestos con el mayor valor a defenderla, hasta derramar la última gota de sangre. Yo tengo jurado a S. M. no entregarla jamás, aunque tenga que enterrarme entre sus ruinas. Tropa tiene bastante. Víveres de boca y guerra, sobrados para muchos años; con que retiraos prontamente.
Acto seguido el señor comandante general dictó varias providencias para la defensa, y para el mejor acierto asistía personalmente de día y noche con el mayor celo y vigilancia a las baterías y a los trabajos.
Dio pronto aviso al caballero capitán general de la ciudad de Málaga para que enviase socorro de tropa por existir solo en aquella ocasión 700 soldados e igual número de desterrados así como para que enviase refuerzo de artillería y municiones, pues de todo había sobrada escasez; saliendo para evacuar esta diligencia la falúa de la Plaza, y con el pliego D. Juan Trinquin, subteniente del Fijo, agregado a la marina.


CABALLERO.- Diario…
Amaneció situado otro campamento de mayor número de tiendas que el antecedente y a su inmediación, a igual distancia de la plaza, con una batería de 3 morteros, uno de ellos de bombas de 12 pulgadas y los otros dos de granadas reales, con los que empezaron a hacer fuego a las 10 del día lo continuaron hasta arrojar 16 bombas que hicieron algún daño a la población, siendo el primer edificio que lo recibió la casa del Gobernador.
También amaneció puesta otra batería con 3 cañones del calibre de a 6 reforzados que nos dispararon 8 tiros.
Por la tarde pusieron bandera de paz y, recibidos en la Plaza con las precauciones debidas, pidieron que nos conviniéramos a tres cosas, a saber: Abandonar la plaza, capitular y entregarla, con otras expresiones arrogantes, a las que respondió este Gobernador, con acuerdo del General D. Juan Sherlock, diciéndoles ser fiel vasallo del rey Católico cristiano, y pues tiene jurada esta plaza la defenderá hasta perder la última gota de sangre, para lo cual está provista de todo lo correspondiente, y a ejecutarlo hasta escarmentar el orgullo sarraceno.
Con este motivo se dieron varias providencias para la defensa, dispuestas por el General y Gobernador, quienes asistieron para asegurarse de la ejecución con el correspondiente celo, y despacharon pronto aviso a España.


MIRANDA.- Diario…
Este día amaneció formado otro campamento de mayor número de tiendas que los dos antecedentes, entre estos y una altura o ataque dominante a la Plaza que llaman San Lorenzo, e igualmente distante que los otros de nuestras baterías como cosa de 2.040 toesas, y una batería de morteros de calibre 9 y 12 pulgadas con los que han comenzado a bombear la Plaza arruinando sus edificios y siendo el primero la casa del Gobernador (2), que la segunda de las bombas que arrojaron casi echó por tierra. El manejo de su artillería es bastante regular y con muy buena dirección.
Por la tarde pusieron bandera de paz y recibidos con las precauciones debidas. Pareció un baxá –este empleo corresponde al nuestro de oficiales generales– seguido de una comitiva de hasta 500 caballos muy bien aderezados y compuestos, pidiendo a nombre de su soberano una de tres cosas: abandonar las plaza y retirarse la guarnición a España; capitular, o entregarla a discreción (para lo cual se concedía el tiempo necesario), pues aquel territorio era del Emperador su amo; con otras expresiones arrogantes, que fueron bien contestadas por el Gobernador, quien le dijo por disposición del general –el Mariscal de Campo don Juan Sherlock, quien se halla de Comandante General de la plaza-, que era fiel vasallo y tenía la Plaza jurada, la que defendería hasta derramar la última gota de sangre, y para ello estaba bien provista de municiones de boca y guerra, y con suficiente guarnición dispuesta a defenderla con el mayor valor hasta escarmentar su orgullo.
Con este motivo se dieron varias providencias por nuestro General concernientes al mejor orden de defensa, asistiendo personalmente a los fuertes y baterías con el mayor celo, y despachando pronto aviso de todo con una falúa de la Plaza a la ciudad de Málaga, pidiendo un pronto socorro de tropas, pues solo llegaba la guarnición que tenía a 700 soldados e igual número de desterrados, como asimismo de artillería, municiones, útiles, etc., que de todo se había suma escasez.
La guarnición se mantuvo con la mayor vigilancia sobre las armas, ocupando sus respectivos puestos, sin que se hubiese notado otra novedad en el campo enemigo.


FERNANDEZ DE CASTRO.- El sitio de Melilla…P. 34
(2) Era Gobernador de la Plaza, desde 1772, el coronel D. José Carrión y Andrade, que por los méritos contraídos durante el sitio, fue ascendido por Carlos III al empleo de brigadier de los Reales Ejércitos, continuando al frente del Gobierno de esta ciudad hasta mediados del año 1777.


Día 11
ANÓNIMO.- Diario…
Este día amanecieron dos campamentos, uno compuesto de tres círculos en las faldas del Caramú, a poniente de esta Plaza y a 2.000 toesas de distancia, y otro de dos círculos igualmente distante al pie de las faldas del cerro de las Horcas, contiguos al Cabezo de Rostrogordo, que baña el mar, y más cuatro baterías con 8 morteros, que colocaron en Tarara, San Lorenzo, Santiago y la Puntilla, con los que nos incomodaron arruinando algunos edificios, sin otra desgracia que la de un desterrado que mató una bomba en los cuarteles y otros dos heridos de corta consideración. Por nuestra parte han estado este día sin cesar las baterías con visible perjuicio de los enemigos, adelantándose nuestros trabajos con oportunidad, habiéndose puesto los fuertes exteriores con el mejor orden, que se debe a la infatigable celo del Mariscal y Gobernador, quienes han habilitado varios oficiales de Infantería para servir la Artillería con otras providencias conducentes a subsanar el corto número de artilleros, y falta de gente que en todos ramos se experimentan, supliéndose al mismo tiempo unos útiles por otros por la general escasez que hay de todos. En este día cayó una bomba en el Almacén del vino y se inutilizaron bastantes botas, corriendo el licor hasta el mar, no obstante que se acudió a remediar el daño.


ESTRACTO DE LAS PRINCIPALES OPERACIONES DEL SITIO DE MELILLA EN EL AÑO DE 1775; CON NOTICIAS DE SUS FUERZAS
En los días 9, 10 y 11 de diciembre de 1774, acamparon las varias divisiones del ejército del Rey de Marruecos; la posición que tuvieron fue colocarse el ala derecha cerca de la Laguna, formando tres círculos, que de ellos el uno estaba el Rey; los del centro en tres círculos que era la del Príncipe, con el Parque a su frente; los otros dos campamentos también en formación circular, que era la división de uno de los Infantes, compuesta de tres círculos inclusos los de la Puntilla, que eran más aunque de difícil conocimiento, y sierre de la mayor fuerza, por incorporar en él un cuerpo de Caballería de negros y los minadores que eran en gran número, de forma que todos los dichos campamentos circunvalaban de mar a mar, a distancia de la Plaza de 1.700 a 2.000 toesas.


LOAIZA.- Diario…
Este día fue de mucha confusión por el incesante fuego de una y otra parte, y grandes ruinas que se experimentaban en los edificios.


(Hubo 93 bombas y 10 balas rasas)


Determinó el clero reservar al Santísimo Sacramento, insignias y vasos sagrados, depositándolos en una reducida cueva y enterrando las campanas, que se reducen al número de tres.
Amanecieron puestas esta día cuatro baterías en el campo enemigo: una de cañones en la playa; otra de cañones y morteros en Santiago, y dos de morteros solamente , una en Tarara y otra en la Puntilla, de suerte que con la que dijimos que había en San Lorenzo, se contaban ya en fuego 18 morteros y 12 cañones.
Poníanse nuestros fuertes exteriores de un instante a otro en la mejor disposición y orden que se podía, a causa de estar la fortificación de estos construida con muy poca conformidad.
Se destinaban varios oficiales veteranos para servir la artillería, con otras providencias conducentes a suplir la falta de artilleros y de otros ramos.
Se procuraba en la posible adelantar nuestros trabajos con utilidad, y se experimentó este día palpable perjuicio en el ejército contrario.



Don Juan Caballero y Arigorr 
 
CABALLERO.- Diario…
Amanecieron puestas otras 4 baterías de a 2 morteros cada una en los puestos de Tarara, San Lorenzo, Santiago y la Puntilla con las que nos arrojaron 100 y tantas bombas, continuando la ruina de edificios, y uno de ellos fue el Almacén de vino donde hubo mucho desperdicio por haberse inutilizado y vaciado algunas botas, y además tiraron 10 tiros de cañón.
Desde la plaza se les hizo un fuego de cañón y mortero bastante vivo todo el día, con visible perjuicio de los enemigos, y se adelantaron los trabajos oportunamente en los fuertes exteriores, que se dispusieron del mejor modo posible bajo la dirección, celo y esmero del Ingeniero ordinario D. Antonio Ladrón, que estaba mandando los individuos de su Cuerpo.


MIRANDA.- Diario…
En este amanecieron puestas cuatro baterías por el enemigo, con 18 piezas de mortero que colocaron en Tarara, San Lorenzo, Santiago y la Puntilla –estos puestos son todos dominantes alrededor de la Plaza, que fueron nuestros antiguamente, de donde conservan aún estos nombres y fuimos perdiendo sucesivamente– con las que han hecho un fuego bastante regular y vivo, arruinando muchos edificios pero sin causar mayor daño a la guarnición, sin embargo de hallarse toda expuesta al fuego y estrago de las bombas, por no haber un cuartel siquiera construido a prueba.
Por nuestra parte han jugado sin cesar las baterías, con sensible perjuicio del enemigo, adelantándose nuestros trabajos con oportunidad, y habiéndose puesto los fuertes exteriores en el mejor orden posible, pues toda la fortificación está construida con muy poca conformidad al sistema general y moderno de toda la Europa.
Se han destinado al mismo tiempo varios oficiales de Infantería para servir a la Artillería -sacados todos del Regimiento de la Princesa, cuya juventud se distingue en el desempeño de los diferentes ramos y facultades a que se ha destinado– con otras providencias conducentes a subsanar el corto número de artilleros y falta de gente que en todos ramos se experimenta, supliendo así mismo la falta de unos útiles que con otros por la general escasez que hay de todos.


Día 12
ANÓNIMO.- Diario…
Se observó en los campamentos, con general admiración de la Plaza, un fuego activo de fusilería, que duró desde media noche hasta el amanecer, creyendo todos que había habido entre los moros algún motivo de discordia que causase semejante novedad, pero luego nos desengañó un moro de los confidentes de paga que llegó esta madrugada, asegurándonos que había sido la máxima del alcaide Amar y del general del ejército para aterrarnos y darnos a conocer el gran poder que tenía, pero que no desmayáramos, que era grande la mortandad que les causaban nuestras bombas y cañonazos, y que no había creído que la Plaza tuviese tantos fuegos ni estuviese tan provista, pues el alcalde Amar y Sidi Botey les habían persuadido que la Plaza se rendiría luego que experimentasen el estrago de las bombas.
No se puede hacer cómputo prudencial de la fuerza del ejército sitiador, por la irregularidad del terreno, ocultándose en los valles la mayor parte de sus campamentos, pero se contempla sean de unos 6.000 hombres.
En este día dispararon las cuatro baterías de morteros con algún acierto a nuestros edificios, y otra de tres cañones, que amaneció puesta, del calibre de a 6, reforzados, sin haber causado más desgracias que la de un desterrado, y por nuestra parte se hizo un fuego vivo e incesante a sus baterías, experimentándose alguna debilidad en las del enemigo que se cree se habrá originado de alguna mortandad que habían experimentado.
Esta tarde llegó una embarcación de Almería con cal, ladrillo y alguno útiles, quedándonos con los últimos y devolviendo a Málaga los primeros por no haber tiempo ni lugar donde ponerlos, ni gente para su descarga, siendo el primer objeto el de enviar a las mujeres y niños, cuyos clamores nos incomodan tanto como el sitio.


LOAIZA.- Diario…
Aparecieron levantados en la mañana de este día los siete campamentos marroquíes, que no volvieron a plegarse hasta la conclusión del sitio; después se dijo que habían algunos otros en cañadas y sitios ocultos, por afirmarlo el confidente.
Se notó muy de madrugada un activo y continuo fuego de fusilería en la línea enemiga, fuera del alcance de nuestros cañones, lo que dio motivo a sospechar si se habría trabado alguna refriega entre los sitiadores; pero salimos de duda con la venida del confidente. Dijo este ser una estratagema del alcaide Amar y del general del ejército, para dar a entender a la Plaza el grande poder que traían; pero que no tuviésemos cuidado, porque estaban los moros aterrados de ver la gran defensa y pertrechos de guerra que tenía la Plaza. Que el Emperador estaba informado muy al contrario, pues Sidi Botey, que es uno de los grandes de su corte, y que también estaba en el campo, le había dicho que a las pocas bombas se rendiría la Plaza, porque a él le constaba que no estaba en estado de defensa; por último, aseguró el confidente que este magnate era quien había impelido a su soberano a la realización de esta empresa, pero que se iba desengañando en vista de la gran mortandad que entre sus huestes notaba.


(Hubo 168 bombas y 26 balas rasas, según Loaiza)


Llegó a esta bahía un navío francés que venía de Almería cargado para la plaza, y no pudiéndose desembarcar todo el cargo por la mucha mar que había, solo se recibió con mucho trabajo lo más útil, volviéndose lo demás a Málaga con las mujeres y niños, cuyos clamores y súplicas llenaban el corazón de pena.


CABALLERO.- Diario…
Desde las 12 de la madrugada hasta el amanecer se observó en el campo enemigo un fuego activo de fusilería que discurrimos lo causaría alguna sublevación entre los mismos moros, pero al amanecer llegó a la plaza un confidente y nos dijo había sido la máxima para aterrarnos, dándonos a conocer por este medio su gran poder, no obstante la mortandad de ellos causada por nuestros fuegos, de la que estaban admirados pues creían sería mucho menor nuestra resistencia respecto de que el Alcayde Amar y Sid Botey habían persuadido al Emperador de que la plaza se rendiría conforme empezara a experimentar el estrago de sus bombas.
En este día se advirtió mayor acierto que en los antecedentes en la dirección de 78 bombas y 26 morteros, digo, tiros de cañón que nos tiraron, habiéndoles hecho también desde la plaza un fuego vivo contra sus baterías que parece les causó alguna ruina y pérdida de gente.
Por la tarde llegó una embarcación de Almería con cal, ladrillos y algunos útiles, pero solo recibimos los últimos y no hubo modo de descargar el material, que se volvió a Málaga llevando parte de las mujeres y niños de este vecindario.


MIRANDA.- Diario…
Se ha observado, con general admiración de la Plaza, un fuego activo y continuo de fusilería en el campamento enemigo, que duró desde media noche hasta el amanecer, creyendo toda la guarnición (que con esta novedad se puso inmediatamente sobre las armas), hubiese habido entre los moros algún motivo de discordia que causase semejante novedad. Pero luego nos desengañó uno de los confidentes de paga que llegó esta madrugada, que aquello había sido únicamente estratagema del alcalde Amar y del general del ejército para aterrorizarnos y dar a conocer el gran poder que tenían, pero que nada recelásemos porque era grande el estrago que nuestra artillería y bombas les causaba, y los moros estaban ya disgustados, no persuadiéndose que la Plaza tuviese tantos fuegos ni encontrarla en estado de una tan vigorosa defensa , pues dicho alcalde Amar y Sidi Bottey, uno de los principales generales de su ejército, les habían persuadido que esta se rendiría sin duda luego que su guarnición comenzase a experimentar el terrible estrago de las bombas.
Las cuatro expresadas baterías de morteros han jugado con bastante acierto sobre la Plaza y sus edificios (3), como asimismo otra de tres cañones de a 6 reforzados que amaneció puesta en Santiago, bien que sin perjuicio mayor de la guarnición, cuyo corto número de tropas se mantiene casi siempre sobre los parapetos y en los fuertes exteriores, donde está menos expuesta que en sus mismos cuarteles. Por nuestra parte se hizo un fuego vivo e incesante contra sus baterías, y se notó alguna debilidad en las del enemigo, que se atribuye al estrago y mortandad tal vez causada por nuestro fuego.
A la tarde llegó de Almería una embarcación francesa cargada de ladrillo, cal y algunos útiles, quedándonos con los últimos y devolviendo a Málaga los primeros por no haber tiempo ni gente para su desembarco, siendo el primer objeto el de hacer embarcar en el propio bastimento las mujeres y niños a España, cuyos clamores nos incomodaban más aún que los propios enemigos, pero no fue posible la ejecución por lo fuerte del temporal que corría y mala situación en que está nuestro embarcadero.


FERNANDEZ DE CASTRO.- El sitio de Melilla…
(3) En este día murieron, a consecuencia del bombardeo enemigo, Pedro de Madrigal, del Regimiento de Voluntarios de Cataluña, y Juan Alonso, desterrado de la compañía del capitán D. Antonio Manso.
(Según Loaiza, en el resumen general que incluye al final del diario, solo hubo un muerto, al que llama Francisco López, desterrado de Granada, y 4 heridos)


Día 13
ANONIMO.- Diario…
En este día se observó en el campo una inacción grande, pues se mantuvieron sin tirar todo él.


(Loaiza afirma que el enemigo lanzó 84 bombas y 21 balas rasas)


Por la tarde entraron en el Parque de los enemigos 48 mulas cargadas, al parecer, de bombas y granadas, respecto de que al anochecer trajeron a las baterías algún repuesto con el que nos incomodaron por la noche.
También amaneció puesta en la Plaza una trinchera para cuatro cañones y se observó que el campo enemigo conservaba una extraña quietud en las tiendas, por lo cual dispuso el Gobernador que con unas lanchas se reconociese desde el mar si se habían retirado a la rambla, a donde nada se vio digno de consideración.
Por nuestra parte se han continuado con viveza los trabajos y se han adelantado algunas baterías que disparan con acierto a los enemigos sin que falte la menor disposición conducente a la defensa que no la prevenga el infatigable celo del General que asiste a todo, a que contribuye igualmente el Gobernador.


LOAIZA.- Diario…
Transcurrió sin disparar un tiro, observándose en el campo enemigo tal inacción que puso a estos señores jefes en algún cuidado. Dispusieron, pues, que saliese una lancha a reconocer los alrededores, por si intentaban los moros alguna sorpresa o se hubiesen retirado a lo interior.
No advirtieron novedad alguna y solo vieron descender de las sierras de Caramús 50 o más camellos cargados, al parecer, de bombas y granadas reales. Sin duda que aguardaban aquel repuesto para hostilizarnos, pues tan luego como llegaron a los Reales, que fue al anochecer, rompieron el fuego, que no cesó en toda la noche. Hubiérase podido decirles que habían hecho muy mal en gastar la pólvora en salvas, cuando tanto la necesitaban para no quedar deslucidos en las horas de combate.
Se conoció esta noche, por algunas balas que entraron en el fuerte de San Miguel y en la Plaza, que la batería de cañones que tenían en Santiago era del calibre de a 6 reforzados.
En el torreón de la Concepción y otros sitios de nuestras murallas se aparentaban baterías hechas de cestones, botas llenas de tierra, faginas, etc, y a toda prisa se estaban estas adelantando para ventajosas baterías.


CAVALLERO.- Diario…
Amaneció puesta en la playa una batería de 4 cañones también de a 6 reforzados y se observó el campo en inacción hasta la tarde en que entraron en su parque 48 mulas cargadas, y a la noche empezaron su fuego arrojándonos más de 60 bombas y un cañonazo.
De la plaza se les continuó el fuego de cañón y mortero, como el adelantamiento de trabajos para la mejor disposición de nuevas defensas.


MIRANDA.- Diario…
En este se observó en todo el campo enemigo una inacción grande, pues se mantuvieron sin disparar un tiro en todo él.


Día 14
ANONIMO.- Diario…
En este día continuaron el uso de los morteros, de granadas (reales) sin la menor desgracia. Y por nosotros se les hizo un fuego activo, adelantando los trabajos y baterías, que se han perfeccionado en la mejor disposición, y por la noche nos incomodaron bastante disparándonos más de 90 granadas reales y bombas, y se observó que cortaban fajinas en varias partes del campo.
Al anochecer llegó un confidente y dijo que el emperador estaba muy indignado contra Sidi Botey, que la había engañado asegurándole que se rendiría la Plaza apenas fuese bombeada, por lo que le hizo cortar las manos y la cabeza. Que también había mandado cortar la mano al que disparó las primeras bombas por el poco acierto que tuvo.
Que al infante Muley Hassi (Muley Liazid) había dicho que no vendría el ejército a donde se pasaba mucha hambre, pues una gallina se daba para 8 hombres de ración y valía 8 blanquillos, que equivale a más de 5 reales; un pan, 4 blanquillos; cebada ni demás géneros no se encontraban; que no darían avance a la Plaza pues sabían que toda estaba minada, y que solo harían la tentativa de poner antes de marchar algunos judíos encima del ataque de la Puntilla para que los volasen nuestros hornillos, que supone (y bien) están ya cargados. Y últimamente dijo que el ejército podría durar poco.


LOAIZA.- Diario…
Llegó un confidente llamado Amar y dijo que el Emperador, indignado contra Sidi Botey porque le había engañado, asegurándole que la Plaza se rendiría a las pocas horas, o a las primeras bombas, cuando no solo no se rendía sino que miraba todos los edificios intactos, le mandó cortar las manos, los pies y la cabeza, y que lo mismo hizo con el que disparaba la artillería, atribuyéndole poco conocimiento. No sabía él bien lo que pasaba en la Plaza, que estaba casi convertida en ruinas, porque como se conservaban algunas fachadas sin la mayor lesión, parecía desde lejos que no había sufrido deterioro la población.
Dijo también que el infante Muley Hassi, otro hijo negro que tiene el Emperador, con gran fama de guerrero, había enviado a decir a su padre que no quería venir con el ejército que mandaba a un sitio donde sabía que estaban muriéndose de hambre. Y tenían razón en ello, pues daban una gallina de ración para ocho hombres y un pedazo de pan de cebada, sin tener otra cosa que comer, viéndose precisados a andar buscando hierbas y raíces como los borricos, y los infantes y generales a guardar de un día para otro lo que les sobraba.
También añadió que no estaba el Emperador en dar el asalto, porque tenía noticia que el campo y la Plaza estaban minados y prevenidos de hornillos, y que si lo intentaba sería porque pereciesen algunos judíos y vasallos rebeldes.


(Según Loaiza hubo 62 bombas y 1 bala rasa)


CABALLERO.- Diario…
Continuaron sus fuegos hasta tirarnos 114 bombas y 21 cañonazos, y de la plaza se les correspondió con un fuego bastante continuado adelantando al mismo tiempo los trabajos y reparaciones de baterías.
Este día se observó que cortaban faginas en varias partes del campo y al anochecer llegó un confidente y dijo que el Emperador estaba muy indignado por el engaño de Sidi Botey que le aseguró (como queda dicho) la fácil conquista de esta plaza , por lo cual le había hecho cortar la cabeza y manos, y también la mano derecha al que disparó las primeras bombas por su poco acierto, y que no darían avance a la plaza por saber que estaba minada e inferir estarían cargados sus hornillos, pero que antes de marchar haría la tentativa de poner algunos judíos encima del ataque de la Puntilla para que los volásemos, añadiendo que esta disposición podría detenerse poco.


MIRANDA.- Diario…
Hoy han continuado los enemigos el fuego de sus baterías de mortero con la mayor actividad, y por las nuestras se correspondió igualmente, adelantándose al mismo tiempo los trabajos y obras proyectadas, que se van perfeccionando en la mejor disposición, sin embargo de que por la noche nos incomodan terriblemente las muchas bombas que arrojan sobre la Plaza y fuertes exteriores.
Se notó que cortaban los enemigos un gran número de fajinas en varias partes del campo.
Al anochecer llegó un confidente que dijo que el Emperador estaba muy indignado contra Sidi Botey, que le había engañado asegurándole que la Plaza se rendiría apenas fuese bombeada, por cuya razón le hizo cortar las manos y la cabeza; que también había mandado cortar las manos al que disparó las primeras bombas por el poco acierto que tuvo (4) -Cotéjese esta noticia con la de haber, a la segunda bomba que arrojaron, echado por tierra la casa del Gobernador, y así sucesivamente los demás edificios de la ciudad-.
Que el infante Muley Hassi -un hijo que tiene el Emperador de una renegada inglesa, con gran fama de guerrero- había dicho que no vendría al ejército y campamento del emperador a donde se padecía mucha hambre y escasez, pues una gallina se daba por ración para 8 hombres y valía 8 blanquillos (que equivalen a más de 5 reales de vellón de nuestra moneda), un pan cuatro… cebada y demás géneros no se encontraban.
Que no darían avance a la Plaza pues sabían que estaba toda minada, y solo haría la tentativa de avanzar sobre la Puntilla hacia la Victoria con el objeto únicamente de hacer perecer algunos judíos y vasallos rebeldes.
Y últimamente que el ejército podría permanecer muy poco tiempo – Estas noticias no se han confirmado por la mayor parte, como se verá en la sucesivo.


FERNANDEZ DE CASTRO.- El sitio de Melilla…P. 39
(4) Este mismo día recibió las aguas bautismales de D. Francisco Turrillo, cura de la iglesia, en la capilla habilitada en la cueva del Conventico, la niña Rosa Josefa Lucía, hija de Tomás Fernández y Josefa de Lara, que había nacido entre las 10 y las 11 de la noche del día anterior.


MORALES.- Efemérides…
Juan Alonso murió de casco de bomba.


(4 heridos, según Loaiza)


Día 15
ANONIMO.- Diario…
Este día amaneció puesta una batería de 4 cañones en la Puntilla, con el fin de batir el fuerte del Rosario, pero nada adelantó en todo él.
Y por nuestra parte se hizo contra ella un fuego vivo, reforzando las paredes de dicho fuerte, con otras providencias conducentes a deshacer sus ideas. También dispararon muchas bombas con ruina de muchos edificios, sin otra desgracia que la muerte de un desterrado.
Y se continuaron nuestros trabajos adelantando las baterías con acierto, siendo infatigable el celo y esmero con que dicho Mariscal y Gobernador y unidos acuden a todas faenas.


LOAYZA.- Diario…
Al amanecer se vio hecha una trinchera en la Puntilla, y en ella una batería de cuatro cañones en ademán de batir el fuerte del Rosario, y aunque han hecho cuanto han pedido, aunque el bombardeo ha sido terrible, incomodando bastante a la tropa e impidiendo el desembarco y los trabajos, no hemos tenido que deplorar muchas desgracias.
(80 bombas y 49 balas rasas)
Se continúan los trabajos con actividad y la guarnición incansable en medio de tanta fatiga, viendo el celo y asiduidad con que se portan y trabajan de día y noche los caballeros Comandante General y Gobernador.


CABALLERO.- Diario…
Amaneció puesta en la Puntilla otra batería de 4 cañones de a 6, destinados a batir el fuerte del Rosario, con la cual y las anteriores nos tiraron 50 tiros y al mismo tiempo 90 bombas.
De la Plaza se les hizo un fuego regular todo el día y se atendió a reforzar los muros o paredes de dicho fuerte, al paso que se trabajaba con otras providencias conducentes a frustrar su designio.


MIRANDA.- Diario…
Este amaneció puesta una trinchera y batería de cuatro cañones en la Puntilla, con objeto de batir el frente del fuerte del Rosario que mira hacia aquella parte, pero nada han adelantado aún.
Por nuestra parte se hizo contra ella un fuego vivísimo, y se reforzaron al mismo tiempo las paredes de dicho fuerte, tomando algunas providencias conducentes a destruir sus ideas. También han arrojado muchas bombas, con ruina de la mayor parte de los edificios de nuestra Plaza, aunque sin desgracias mayores de la guarnición (5).
Se continúan nuestros trabajos con acierto y se nota el celo y actividad con que a ello coadyuvan jefes y demás oficiales de la guarnición.


FERNANDEZ DE CASTRO.- El sitio de Melilla… P. 40
(5) Una de las bombas disparadas desde la Puntilla hizo impacto directo en el desterrado José Valenzuela, de la compañía fija de D. Antonio Manso, destrozándolo por completo, siendo enterrado en la bóveda de las Ánimas de la Santa Iglesia Parroquial.


MORALES.- Efemérides…
José Valenzuela murió de casco de bomba; fue tan pronto que no pudo decir “Jesús”.


(2 heridos, según Loaiza)